En cuanto a las campañas de Craso, las órdenes de César eran similares: marchar hacia Aquitania «con doce cohortes de las legiones y un gran destacamento de caballería», con el objetivo de «impedir que desde aquellos pueblos se enviaran tropas auxiliares a la Galia y evitar la unión de las dos grandes regiones» (BGall. III.11).
Doce cohortes equivaldrían a poco más que una legión estándar de la época, sumando poco más de cinco mil hombres a pie. La diferencia entre las fuerzas destinadas a Sabino y a Craso —infantería en el primer caso, aunque sabemos que también dispuso de caballería, y principalmente caballería en el segundo— puede leerse como otra muestra del conocimiento previo que César tenía de las zonas donde se desarrollarían las operaciones. Él mismo destaca que los Sotiates, una de las tribus de Aquitania, poseían una caballería particularmente eficaz.
César describe Aquitania como una región que, "por su extensión territorial y número de habitantes, se puede considerar como una tercera parte de la Galia" (BGall. III.20). A esto se sumaba el recuerdo de derrotas romanas recientes, entre ellas la de Lucio Valerio Preconino, que "había sido derrotado y muerto", y la del procónsul Lucio Manlio, que "había escapado perdiendo su equipaje" (BGall. III.20). Hechos nebulosos que no profundizaremos aquí.
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La caballería gala va a ser la protagonista durante la campaña de Craso en Aquitania. Con apenas 12 cohortes de infantería romana, el ejército de Craso abundará en jinetes e infantería auxiliar de origen celta. Más numerosos los primeros que los segundos. El propio Craso mantendrá un cuerpo de caballería de este origen incluso después de dejar la Galia para marchar con su padre contra los Partos. Y tendrán protagonismo en la batalla de Carras. |
Ante estos antecedentes, Craso tomó precauciones: reunió provisiones, auxiliares y caballería, y llamó también a numerosos hombres experimentados de Toulouse y Narbona, comunidades de la Provincia próximas a la región. Entendemos que la diferenciación entre ‘auxiliares y caballería’ permite interpretar a los primeros como infantería gala aliada a Roma. Con estas fuerzas, entonces, marchó sobre los Sotiates.
Al conocer su proximidad, los Sotiates atacaron la columna romana en marcha. Su reconocida caballería fue derrotada y, durante la persecución, su infantería salió al descubierto para atacar a los jinetes romanos. Tras un nuevo combate, también fue rechazada. Craso continuó entonces hacia la fortaleza de los Sotiates, que sometió después de un asedio en el que los galos intentaron romper las obras romanas mediante salidas y trabajos de excavación.
Tras la rendición, Adiatunnus, comandante de los Sotiates, intentó continuar la resistencia acompañado por seiscientos devoti, a quienes llamaban soldurii: hombres vinculados personalmente a su jefe mediante una relación de fidelidad que implicaba compartir su destino, incluso hasta la muerte (BGall. III.22). Derrotado, Adiatunnus terminó aceptando las mismas condiciones de rendición que el resto de su pueblo.
Craso se dirigió entonces contra los Vocates y los Tarusates. Tras la caída de una fortaleza que estos consideraban inexpugnable, los principales de ambos pueblos enviaron representantes en todas direcciones para organizar una nueva coalición, intercambiar rehenes y reunir un ejército. También solicitaron ayuda y jefes militares a los pueblos de la Hispania más cercana (BGall. III.23).
El resultado fue la formación de un poderoso ejército de cerca de cincuenta mil hombres (BGall. III.26), dirigido por hombres experimentados que, según César, eran veteranos de la Guerra Sertoriana. Adoptaron incluso procedimientos que César describe como propios de los romanos: tomaron posiciones, fortificaron un campamento y cortaron las líneas de abastecimiento. La situación comprometía seriamente a Craso, que contaba con fuerzas reducidas y no podía cubrir todos los frentes. Por ello decidió buscar una batalla decisiva.
Fue entonces cuando sacó su ejército y lo formó frente al campamento enemigo. Dejó las doce cohortes defendiendo el suyo y dispuso el resto de sus fuerzas en una doble línea, concentrando los auxiliares en el centro. La disposición buscaba hacer visible a los galos el reducido número de tropas romanas y estimularlos a abandonar sus posiciones. Sin embargo, estos habían decidido evitar el combate, esperando que la escasez de suministros obligara finalmente a Craso a retirarse y les permitiera atacarlo durante la marcha.
Ante la pasividad de los enemigos, y contra todo pronóstico, Craso decidió atacar el campamento. Según Dion Casio, un primer ataque fue rechazado, pero Craso arengó a sus tropas a continuar el ataque. Y mientras los auxiliares rellenaban el foso bajo una lluvia de proyectiles, su caballería descubrió que la retaguardia estaba peor protegida que el frente. Craso ordenó entonces sacar las doce cohortes que permanecían en el campamento y realizar un amplio rodeo para atacar desde atrás. La maniobra permitió a los legionarios ingresar al campamento al mismo tiempo que los auxiliares atacaban de frente, provocando finalmente la derrota de la coalición aquitana.
Una parte de los galos logró escapar, pero fueron perseguidos por la caballería de Craso. Las bajas fueron enormes, y solo una cuarta parte del ejército galo logró sobrevivir. Al enterarse de esta batalla, la mayor parte de Aquitania se rindió a Craso y, por iniciativa propia, envió rehenes.
Aunque se conocen diversas propuestas para situar los enfrentamientos de esta campaña, ninguno de sus escenarios ha podido identificarse con certeza. La primera batalla, librada contra los sotiates durante la marcha de Craso, debe buscarse en algún punto de su territorio, generalmente ubicado en torno a Sos, en el actual departamento de Lot-et-Garonne. Tampoco se conoce con seguridad la localización de la fortaleza que los romanos asediaron posteriormente.
Más discutida es la ubicación de la segunda batalla. Camille Jullian propuso situarla en las proximidades de Bégaar, cerca de Tartas, mientras que Michel Rambaud consideró el sector de Tartas y Laluque, al norte del Adour y de la Midouze. Jean-Pierre Bost revisó críticamente estos itinerarios en su estudio de 1986, cuestionando algunas de las reconstrucciones tradicionales y destacando la importancia de la red de caminos de la Aquitania prerromana. Más recientemente, las investigaciones vinculadas a Jean-Pierre Brèthes impulsaron prospecciones arqueológicas en el entorno de Souprosse, Lamothe, Cauna y Aire-sur-l’Adour, desarrolladas entre 2019 y 2021. Sin embargo, el informe arqueológico regional señala que el emplazamiento exacto de la batalla continúa siendo desconocido.
Mapa de Aquitania. Esquema de batalla.
Anexo 2: link
Artículo Principal: César vs los Estados Marítimos
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