Retomamos la saga de la Guerra de las Galias para traer otro apasionante capítulo de la famosa contienda que catapultó a Cayo Julio César a los primeros planos de la República romana. En esta oportunidad abordaremos un tema poco tratado por la historiografía divulgativa: el enfrentamiento con un nuevo enemigo que planteará desafíos inéditos para el procónsul romano. Una campaña en la que César deberá enfrentarse a un enemigo muy diferente de aquellos que había conocido hasta entonces, en un escenario que pondrá a prueba sus capacidades como comandante. Al mismo tiempo, trataremos la relación de César con sus «triunviros» aliados y los desafíos de la política romana. Sin más, los invitamos a hacer clic y disfrutar de este nuevo artículo.
Introducción.
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Reconstrucción
idílica para un guerrero Celta para el Siglo I a.C. Armado con espada tipo La
Tene II, escudo oblongo, cota de malla, y yelmo de hierro con carrilleras |
Comencemos con un repaso de los hechos. El año
57 a.C. terminaba con la espectacular victoria de César frente a los Belgas en la batalla del río Sabis, batalla que se debe contar entre las más importantes victorias de César, digna de recordar. La misma significó la sumisión de los Nervios, Atrebates y Viromandos, y la posterior sujeción de los Aduáticos. La segunda coalición de la Galia Belga que supo enfrentar César, se encontraba derrotada y rendida de forma incuestionable.
Mientras César cerraba su campaña en la Galia Bélgica, Publio Licino Craso
[1] es enviado con “una legión” contra los “estados marítimos” (los Vénetos, los Venelos, los Osismos, los Coriosolitas, los Esubios, los Aulercos y los Redones) para sujetarlos. Y al poco tiempo Craso informaría que aquellos pueblos habían sido sometidos al poder de Roma. César no lo menciona, pero por suerte Plutarco nos recuerda que esto ocurrió “sin batalla” (Plut:Caes_20'6), detalle que no debemos pasar por alto.
Los hechos siguientes echan algo de luz sobre aquellos acontecimientos. Puesto que César nos cuenta que, “una vez retiradas las legiones a sus cuarteles de invierno entre los carnutos, los andes, los turones y los demás pueblos próximos a los lugares donde se había desarrollado la campaña reciente, él mismo partió hacia Italia.” Curiosa descripción de los hechos, teniendo en cuenta que “la campaña reciente” había tenido lugar en la Galia Bélgica, pero las tropas son apostadas prácticamente cercando la actual península de Bretaña. Justamente el territorio de los mencionados “Estados Marítimos”.
Hay algo de información que no tenemos. Es difícil pensar que una sola legión fuera suficiente para asegurar el sometimiento de tales pueblos, pero el relato de César intenta establecer que la sujeción de los “Estados Marítimos” estaba consumada. Y aunque las aplastantes victorias que venía obteniendo César en la Galia podían influir en la determinación de algunos pueblos celtas y hacerles sopesar la idea de que el sometimiento a la ley romana era lo mejor para su futuro, este no parece ser el caso. Podemos conjeturar que estos pueblos hubieran alcanzado algún tipo de entendimiento con Craso (como portavoz de César), acuerdo que tal vez les permitía cierto nivel de independencia, o al menos mantenerse alejados de la guerra desatada. Nunca lo sabremos.
Aunque lo intente, César no puede evitar indicarnos su próximo objetivo. Fiel a su costumbre, presenta sus acciones como respuestas justificables: ya sea porque reacciona para proteger la integridad del territorio romano y sus aliados, como con los
Helvecios; o porque se enfrenta a grandes coaliciones de bárbaros que amenazan a Roma y sus aliados, como ocurrió con
Ariovisto y los
Belgas. Siempre encontrará el justificativo adecuado para dar continuidad a su campaña, que en esta oportunidad significa la conquista de los Estados Marítimos.
César regresa a Italia.
A comienzos de 56 a. C., César se encontraba en la Galia Cisalpina, donde había pasado los meses de invierno. Tiempo que ocupó en labores de política local, y en reafirmar sus alianzas. Tenemos registros que en Aquileia
[2] (Véneto) recibió una embajada de la isla de Issa (frente a la costa iliria), pero su mayor preocupación estaba puesta en Roma, sus rivales políticos, y su alianza con Pompeyo y Craso que tambaleaba. En ese contexto se produjeron los encuentros que la tradición posterior reuniría bajo el nombre de “conferencia de Lucca” (ver cuadro aparte). No conservamos, sin embargo, un registro de lo allí acordado y debemos reconstruir sus términos a partir de los testimonios de autores posteriores y de la correspondencia de Cicerón.
La necesidad de César de asegurar la continuidad de su mando en la Galia y, con ella, la continuidad de la campaña que allí estaba llevando adelante; el creciente recelo de Pompeyo hacia él; las diferencias surgidas entre éste y Craso; y las intrigas políticas de Roma producto del enfrentamiento con los Optimates hacían necesario un nuevo acuerdo. Al parecer, fue el propio César el instigador de dicho encuentro, que se materializa finalmente en la ciudad de Lucca
[3], antigua ciudad etrusca, aunque de probable origen ligur, ubicada en las proximidades de la frontera de la Galia Cisalpina con Italia.
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Busto
de Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), político, filósofo, escritor, jurista y orador romano. Uno de los principales opositores a la figura de César. |
Se dice que, a dicha reunión, no solo acudieron Craso y Pompeyo a limar asperezas, sino una multitud de personalidades de diverso calibre, atraídas por la figura de César deslumbradas por las noticias que relataban los éxitos militares de César en la Galia. Según Apiano y Plutarco, a la reunión acudieron numerosos senadores y lictores (doscientos entre los primeros, y ciento veinte entre los segundos). Las fuentes (sobre todo Plutarco) nos dejan constancia del uso indiscriminado que hizo César de las riquezas obtenidas en sus campañas, mediante las cuales compraba voluntades y financiaba carreras políticas.
Finalmente, se llegó a un acuerdo informal, no escrito, entre los tres líderes romanos. A grandes rasgos, se acordó la renovación por cinco años del mando de César en la Galia, mientras que Pompeyo y Craso obtendrían el consulado para el año siguiente y, posteriormente, las provincias de Hispania y Siria respectivamente. Pero, sobre todo, se confirmaba la alianza entre las tres figuras de poder más destacadas de Roma.
Ahora bien, mientras César había logrado resolver sus problemas políticos en Roma, en la costa atlántica de la Galia comenzaba a gestarse una nueva crisis. A oídos de César llega la noticia de que los Vénetos, un pueblo celta de la actual Bretaña (Francia) habían capturado algunos soldados romanos que habían acudido a exigir provisiones. De esta forma, César volvía a tener ante sí un motivo para justificar la continuidad de su campaña en la Galia.
Mientras tanto, en la Galia.
Finalizábamos el primer capítulo de este trabajo informando sobre las decisiones de César tras la campaña contra los Belgas. Estas decisiones incluían el acuartelamiento de tropas en diferentes territorios de los galos y el nombramiento de “reyes” afines al frente de algunas facciones. Decíamos también que esta disposición de tropas, algo alejada de los territorios conquistados, se nos presenta como algo muy sugerente. César parece querer indicarnos su propio objetivo. Sin embargo, no fue él quien dio inicio a las acciones.
Nos cuenta César en su relato que, Publio Craso el Joven, que pasaba el invierno con la Séptima Legión en el territorio de los galos Andes —también conocidos como Andecavos o Andicavos—, ante la escasez de grano en aquella región, “envió a varios comandantes y tribunos a los pueblos vecinos para buscarlo”. Y a continuación informa que “...De estos oficiales, Tito Terrasidio fue enviado entre los esubios; Marco Trebio Galo, entre los curisolitas; y Quinto Velanio, junto con Tito Silio, entre los vénetos” (Ces. BGall. 3.8). Supuestamente, esto lo hacía en territorios rendidos a las armas romanas el año anterior.
Lo que ocurre a continuación es, en definitiva, el puntapié inicial para la nueva campaña de César. En lo esencial, todas las fuentes, aunque con algunas diferencias, acuerdan en que estos oficiales romanos fueron “retenidos” por los Vénetos
[4] (los más poderosos, de entre todos los galos de la Armórica), mientras que en conjunto se revelan al dominio romano. Hecho que César presenta como el inicio de las hostilidades y, en los papeles, se establece como el “casus belli” que César necesita para justificar la continuidad de sus campañas.
No hay que perder de vista que, tras los acuerdos de Lucca, la continuidad de la guerra en la Galia era un hecho. Por eso resulta particularmente interesante observar cómo César construye la justificación de la nueva campaña. Un modus operandi de Julio César es una constante que veremos en prácticamente todas sus campañas. Veamos como introduce el tema el Procónsul:
El propio César (De Bello Gallico III.8–10) trata el tema de dos maneras distintas. Primero presentando el caso como una “rebellio facta post deditionem”, es decir, una rebelión posterior a una rendición (la supuestamente producida durante la campaña de Craso en el 57 a.C.); pero también como una “defectio datis obsidibus”, o mejor dicho, una defección después de haber entregado rehenes. Pero también utiliza los siguientes términos: “tot civitatum coniuratio”, o conjuración de todas las ciudades, expresión que le permite extender la crisis a los pueblos vecinos. Y, por último, presenta el problema de las embajadas como “iniuria retentorum equitum Romanorum”, es decir, una injuria cometida al retener a los caballeros romanos. Agregando luego que castigo debía ser más severo para que en el futuro los bárbaros respetasen con mayor cuidado el derecho de los embajadores (ut legatorum ius diligentius a barbaris conservaretur). Rebelión, defección, conjura e injuria. No deja terminología por usar, a la hora de justificar sus acciones.
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Legionario romano para la época de la
Guerra de las Galias con panoplia estandar: Yelmo de tipo Montefortino, gladius, scutum, y un pila. |
Pero, ¿cómo presentan las demás fuentes estos hechos?
Orosio es todavía más explícito (VI.8.7–10). Utiliza “repente in arma coniurant”, literalmente: “de repente se conjuran para tomar las armas”. Y después “legatos Romanorum vinciunt”, es decir “encadenan a los enviados romanos”. Y, sobre todo “Caesar per Crassum de rebellione dediticiarum gentium certior factus”, o sea que César es informado por Craso “de la rebelión de pueblos que se habían rendido”.
Por tanto, Orosio sigue el planteo de César, agrega claramente la terminología de rebellio, y además introduce una expresión que nos interesa muchísimo: “dediticiarum Gentium” es decir, “pueblos que se habían entregado/rendido”.
Con Dion Casio (XXXIX.40) encontramos una diferencia muy interesante. En Dión está ausente la idea de “rebellio”, cuenta simplemente que los Vénetos habían capturado a algunos soldados romanos enviados a buscar grano y después habían retenido a los embajadores que acudieron en su favor, para obtener a cambio sus propios rehenes. Introduciendo la idea de que, quizás, la campaña de Craso en el 57 a.C. no había incluido el sometimiento de ningún pueblo de esa región. Y se habría limitado a un simple acuerdo (del cual desconocemos su contenido) materializado en el intercambio de rehenes. Sin embargo, Dion mantiene el tema de la captura de ciudadanos romanos y la retención de las embajadas.
Plutarco (Vida de César 20), como anticipamos, introduce el tema del sometimiento a los romanos, pero sin batalla. Dando luz a la contradicción que ya tenemos detectada. Pero Estrabón (IV.4.1) es muy interesante. Puesto que no habla de rebelión, revuelta, defección ni conspiración. Ni siquiera menciona a los romanos retenidos por los Galos. Sino que dice simplemente que los vénetos eran “οἱ ναυμαχήσαντες πρὸς Καίσαρα”, es decir, que eran “los que combatieron en una batalla naval contra César”. Y luego explica que estaban preparados para impedir su viaje a Britania porque utilizaban aquel comercio. Introduciendo un elemento fundamental, presentando a los Vénetos como un grave estorbo a los planes de César con Britania.
Floro tampoco utiliza el término rebelión para estos eventos. Curiosamente si lo usara en eventos posteriores, y más justificadamente. Mientras que Livio apenas menciona la batalla naval, y Apiano solo hace referencia a parte de la campaña terrestre, pero con una construcción de los hechos algo controvertida.
En definitiva, y a la luz de las evidencias, las justificaciones de César resultan poco convincentes. Decíamos que la ubicación de las tropas al final de la campaña contra los Belgas era un indicio, y que los acuerdos de Lucca reforzaban la idea de que César tenía asegurada la continuidad de su campaña de conquista de las Galias. Ahora podemos arriesgar una hipótesis más: que quizá no haya existido tal sometimiento a Roma de aquellos pueblos durante la campaña de Craso en el 57 a.C. y que los acuerdos alcanzados con los Vénetos, entonces, fueran de otra naturaleza. Del mismo modo, la retención de los ciudadanos romanos podía haber sido resuelta por vías diferentes, llegado el caso. El “casus belli” presentado por César —y recogido, con distintos matices, por Orosio y Dion Casio— aparece así como un motivo para justificar la intervención, pero difícilmente como la explicación de fondo de una campaña cuya preparación parece haber comenzado antes.
Podemos entonces plantearnos una posibilidad: que César necesitara presentar los acontecimientos ante Roma desde otro punto de vista. Una rebelión posterior a una rendición y la injuria cometida contra los enviados romanos ofrecían un marco mucho más favorable para presentar la guerra como una respuesta necesaria en defensa de los intereses de Roma. De esta manera, César podía aparecer ante el pueblo romano y el Senado más como el hombre que defendía los intereses de Roma que como un agresivo comandante en busca de gloria y nuevas conquistas.
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| Mapa con las campañas de César desde el año 58-57-56 a.C. Las rutas señaladas para los movimientos de César, son indicativas; y las fronteras entre regiones de la Galia pueden resultar inexactas y por lo tanto expresan las pocas certezas que se tienen sobre el tema. |
Preparativos para la guerra
Para la nueva campaña César contaba con las ocho legiones del año anterior. Y no se registra un nuevo reclutamiento. Recordemos que César comienza con los Helvecios (58 a.C.) mandando cuatro legiones y recluta dos más. Y vuelve a reclutar otras dos para la campaña contra los Belgas (57 a.C.). Además, sabemos que contaba con caballería romana propiamente dicha, pero en este rubro era importante el aporte de los auxiliares galos, cuyos contingentes solían ser muy numerosos. Los pueblos celtas aliados aportaban también sus milicias de a pie. Y sabemos de la existencia de auxiliares provinciales
Antes de partir hacia la Armórica, la primera medida de César consistió en una orden muy precisa. Mientras se ponía en marcha, indicó a sus oficiales "
construir naves de guerra en el río Loira, que desemboca en el Océano; reclutar remeros en la Provincia y reunir marineros y pilotos" (Ces. BGall. 3.9). Detengámonos aquí por un momento y analicemos algo. Hasta el momento, las campañas de César en la Galia habían sido esencialmente terrestres. Es cierto que César ya nos ha informado de que los Vénetos poseen numerosos barcos y que superan al resto en la teoría y práctica de la navegación. Pero todavía no ha explicado las dificultades militares que esto supondrá para los romanos y, sin embargo, César ya ordena construir una flota. La decisión parece anticiparse a un problema que el relato desarrollará más adelante.
Cabe suponer que semejante decisión respondía al resultado del uso de "inteligencia previa": César debía disponer de información suficiente para anticipar que la próxima campaña podía desarrollarse, al menos en parte, en el mar. El texto de César no es el relato de experiencias y dificultades vividas durante la campaña. No, es el relato del diseño de una campaña organizada a conciencia. Con decisiones que difícilmente podrían haberse tomado sin contar con información previa.
Esto nos lleva nuevamente a la campaña de Craso del 57 a.C. ¿Podría aquella primera intervención contra los pueblos marítimos, y su supuesto sometimiento, haber tenido otro objetivo además del de servir como futuro casus belli? ¿Pudo haber sido la intención de César, también, recabar información (hacer inteligencia) sobre el territorio y las capacidades de aquellos pueblos, y especialmente de los vénetos?
No podemos demostrarlo, pero a la luz de lo analizado en el capítulo anterior, más lo que introducimos en este sobre la orden de construir una flota antes de iniciar las operaciones, la hipótesis resulta interesante. César parece disponer de un conocimiento bastante preciso sobre ellos como para tomar una decisión tan inédita. Quizá, entonces, la campaña de 57 a.C. no haya sido solamente una operación de sometimiento que justificara luego un casus belli (la rebelión). Quizá uno de sus objetivos haya sido obtener una primera aproximación romana al que terminaría siendo el escenario de la siguiente guerra. Y así, la disposición de las tropas durante el invierno, la información que César poseía sobre los vénetos y sus capacidades, y la orden de construir una flota antes de llegar al escenario del conflicto forman una secuencia difícil de ignorar.
De este modo, agregamos un elemento más a nuestro análisis. La campaña del 57 a.C., además de servir a César para construir su casus belli y poder justificar su campaña como respuesta a una rebelión (adicionalmente al caso de los embajadores, que se presenta como una novedad), y la posterior permanencia de Craso en territorio de los Andes, pudieron servir como fuente de información necesaria para la campaña que estaba por desarrollarse.
Esto podría explicar que César conociera anticipadamente la magnitud de la alianza de pueblos a enfrentar, el tamaño de sus ejércitos y sus capacidades; que una campaña terrestre iba a encontrar serias dificultades por las características del terreno; y que, por lo tanto, necesitaría una flota operativa en la zona.
En definitiva, con estas tropas y flota en construcción, se disponía César a enfrentar una de las campañas más inéditas que podamos contar entre las protagonizadas por el líder romano.
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Mapa
de la Armórica para el año 56 a.C. indicando sus pueblos y ciudades
principales. La aproximación de César es una reconstrucción hipotética. |
Inicio de la Campaña
Entonces, siguiendo nuestro supuesto, la información recabada por Craso podía haber reflejado la complejidad de una campaña que planteaba nuevos desafíos a César y que permite comprender las decisiones que este adoptaría.
Podemos enumerar una serie de dificultades, como ser: "caminos cortados por estuarios" (Bel.Ga.III,9), y fortalezas de difícil asalto debido a que "se encontraban situadas al final de lenguas de tierra y promontorios, de modo que no permitían aproximarse por tierra cuando la marea había entrado desde el mar —algo que ocurría regularmente cada doce horas—, ni tampoco por mar, porque cuando la marea volvía a retirarse las naves quedaban dañadas en aguas poco profundas" (Bel.Ga.III,12).
Se informa, además, de cierta ventaja en el poderío naval de los vénetos (en cantidad y capacidades), sumado al conocimiento del terreno que poseían, en oposición al desconocimiento de los romanos: "ellos dominaban el poderío naval, mientras que los romanos no disponían de suficientes naves ni conocían los bajíos, los puertos o las islas de la región donde estaban a punto de combatir" (Bel.Ga.III,10). De esta manera, César daba forma a una campaña de características inéditas hasta el momento.
En cuanto a los vénetos, la peligrosidad de su situación no pasó desapercibida. Ante la movilización romana y a la vista de los preparativos que esta llevaba a cabo, se dispusieron a fortalecer su posición. Según César, "
fortificaron sus ciudades, llevaron allí el grano desde los campos y reunieron en la región de los vénetos tantas naves como pudieron, pues sabían que allí César comenzaría la campaña". Y además, "
Como aliados para la guerra incorporaron a los osismos, lexovios, namnetes, ambiliatos, morinos, diablintes y menapios; y enviaron emisarios a buscar tropas auxiliares a Britania, situada frente a aquellas regiones" (Bel.Ga.III,10)
[5].
Como puede verse, la confederación aliada a los vénetos incluía pueblos vecinos, como los osismos, namnetes y lexovios; pero también algunos otros algo alejados, como morinos y menapios. La enumeración de pueblos no es necesariamente un indicativo de los territorios a conquistar, puesto que la campaña se desarrollaría directamente sobre los vénetos. El dato es relevante, pues nos ayuda a dimensionar la amplitud de la alianza. Siendo el teatro de operaciones el territorio de los vénetos, principalmente, los pueblos más alejados habrían podido aportar tropas, naves para la guerra, pertrechos o provisiones, aunque las fuentes no nos permiten establecer con precisión qué aportó concretamente cada uno.
Ahora sí, una vez en el teatro de operaciones, César indica una serie de movimientos más antes de comenzar la campaña. Para asegurar su retaguardia, y su línea de abastecimiento «antes de que pudieran unirse más pueblos a la conspiración» (Bel.Ga.III,11), mandó entonces a Labieno que se dirigiera "con la caballería al territorio de los tréveros, que viven junto al río Rin". Le ordenó además "visitar a los remos y a los demás belgas, mantenerlos fieles y contener a los germanos, de quienes se decía que habían sido llamados por los belgas en su ayuda, en caso de que intentaran cruzar el río en embarcaciones" (Bel.Ga.III,11).
Por otra parte, Publio Licino Craso (ver
Anexo 2), «con doce cohortes de las legiones y un gran destacamento de caballería, recibió la orden de marchar hacia Aquitania para impedir que desde aquellos pueblos se enviaran tropas auxiliares a la Galia y evitar la unión de las dos grandes regiones» (Bel.Ga.III,11). Y el legado Quinto Titurio Sabino (ver
Anexo 1) "
fue enviado con tres legiones al territorio de los véllenos, los corisolitas y los lexovios, para mantener aquella fuerza alejada de las demás" (Bel.Ga.III,11).
Por último, pone a Décimo Bruto al frente de la flota en construcción, pero también, y nos enteramos ahora, de “las naves galas que ya se había ordenado reunir procedentes del territorio de los pictos, los santones y los demás pueblos recientemente pacificados” (Bel.Ga.III,11). Mientras que el propio César, al frente del resto de las tropas (cinco legiones algo disminuidas) inicia las operaciones.
Todos estos movimientos de tropas, que involucraban importantes traslados de caballería fuera de la zona de guerra, más un no menos destacable desplazamiento de infantería (tres legiones y doce cohortes) a regiones vecinas, dan una clara idea del tipo de guerra que se preparaba. Una lid donde destacarían las batallas navales por sobre las campales. Y donde la campaña terrestre estaría condicionada por el asedio de fortalezas y la interrupción de suministros y refuerzos.
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Imagen aérea actual del Golfo de Morbihan,
protagonista de los hechos relatados en el presente artículo. |
¡Guerra en la Armórica! El ataque de César.
Con las tropas a disposición, César inicia las operaciones contra las fortificaciones de los galos. Según las posibles reconstrucciones del escenario que analizamos aparte (ver cuadro «Reconstruyendo...»), estas pudieron desarrollarse en dirección al golfo de Morbihan.
La geografía del golfo, con sus penínsulas, islas y amplias zonas sometidas a las variaciones de la marea, resulta compatible con las dificultades descritas por César. También debemos recordar que la ciudad principal de los vénetos, posteriormente conocida como Darioritum y generalmente identificada con la actual Vannes
[6], se encontraba en la costa norte del golfo. Y varios sitios identificados por la historiografía podrían haber sido objetivos para César. En definitiva, todos estos elementos reunidos parecen ubicarnos en la zona de guerra.
A pesar de las dificultades del terreno relatadas anteriormente, César aparentemente consigue tomar varias de las plazas fuertes vénetas (BGall. III.14). Esto fue logrado por medio de enormes obras de asedio que logran “expulsar” el mar “mediante un terraplén (agger) y grandes diques (molibus/moles), y de haber igualado estas obras a las murallas de la ciudad (oppidi)” (BGall. III.12). Esta ingeniería parece encontrar un paralelo en Apiano, quien nos ofrece un relato alternativo, quizá complementario, cuando dice que “César hubo clavado alrededor de las ciudades altas estacas y colocado sobre ellas pasarelas, la corriente de la marea avanzaba por entre las estacas y por debajo de las pasarelas, mientras que para los romanos la tarea resultaba segura y perseverante” (Celt. F 17a).

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| Ingeniería
Romana. Reconstrucción mediante Inteligencia Artificial que intenta ilustrarnos
cómo pudieron haber sido los trabajos de ingeniería para el asedio de un
hipotético Oppida o fortificación de los Vénetos, siguiendo las descripciones
de César y Apiano |
De esta forma, César lograba sortear la principal ventaja defensiva de las fortificaciones vénetas: las mareas. Sea mediante diques o pasarelas elevadas, las tropas romanas podían sostener un ataque continuo sobre las posiciones defensivas de los oppida, sin ver sus labores interrumpidas por la subida del mar. Podemos imaginar que los diques de contención mantenían alejada el agua, creando una superficie suficientemente firme para aproximar a las murallas las tropas y los medios de asedio de César. Estas obras de ingeniería constituyen uno de los aspectos técnicos más notables de las campañas de César en la Galia.
Sin embargo, esto no parece haber sido suficiente para vencer a los vénetos. Es así como César nos relata que cuando dichos galos “eran finalmente vencidos” mediante estas obras, “acercaban a la costa gran cantidad de naves, de las que disponían en abundancia, trasladaban todas sus pertenencias y se retiraban a la fortaleza más próxima, donde volvían a defenderse con las mismas ventajas de posición” (BGall. III.12). Por otra parte, y siguiendo el relato de César, esta estrategia fue llevada a cabo por los galos “durante gran parte del verano” (BGall. III.12). Situación que era favorecida, cuenta César, por las dificultades que encontraban las naves romanas para navegar en aquel entorno. Digresión que aprovecha César para hablar sobre las características de las naves romanas y vénetas.
Ahora bien, puestos en este punto, César nos presenta un panorama un tanto complejo para sus aspiraciones. Al parecer, dichas acciones de asedio venían consumiendo el valioso y escaso tiempo del que disponía César para concluir la guerra. Según sus palabras, gran parte del verano se le escapaba sin conseguir resultados decisivos. Es así que, como pone textualmente en su obra, decide “esperar a la flota” para luego contarnos que esta “se reunió a su debido tiempo” (BGall. III.14).
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Combate entre un guerrero galo y un
legionario. |
Vale recordar que César había ordenado con anticipación la construcción de una flota en el río Loira. A esta flota debemos agregar los buques aportados por los celtas aliados a César: “
los pictos, los santones y los demás pueblos recientemente pacificados”. Hechos que relata el propio César y que también aparecen, con diferencias, en otras fuentes para esta guerra: Apiano (Gall_17ª); Orosio (6.8.10) y Dion Casio (39.40.3-4). Sin embargo, Dion Casio agrega un dato controvertido, ausente en las demás fuentes, cuando cuenta que una parte de la flota la trajo Bruto desde el Mediterráneo.
Volviendo al relato de los sucesos, el hecho de que César hubiera comenzado las operaciones bélicas sin la flota al completo nos permite suponer algunas conclusiones. Que, aun habiendo ordenado su construcción con anticipación, la flota llevó tiempo en estar disponible. Que además necesitó ser complementada con navíos de naciones galas aliadas. Y que, con todo, llevó su tiempo reunir dicha flota. Por lo que César habría iniciado las acciones de guerra aún sin disponer del total de la flota. Algunos buques estuvieron disponibles, pero en cantidad insuficiente para equilibrar la ventaja que los vénetos poseían en aquellas aguas. A ello se sumaban las características de sus propias embarcaciones: “Sus quillas eran considerablemente más planas que las de nuestras naves, para que pudieran atravesar con mayor facilidad los bajíos y soportar el reflujo de la marea” (BGall. III.13).
Entonces, una vez reunida la flota en la zona de guerra, muy probablemente la Bahía de Quiberon, a “las puertas” del Golfo de Morbihan
[7], los vénetos se apresuraron para sacar sus naves de puerto y enfrentarlas a las romanas. Y según César, esto ocurrió en horas de la mañana. Puesto que sitúa el comienzo del combate en la cuarta hora del día (BGall. III.15.5), podemos situarlo aproximadamente a media mañana.
Se iniciaba así la batalla naval del Golfo de Morbihan.
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Mapa de
reconstrucción de la zona de guerra. Los sitios para las batallas terrestres
contra las fortificaciones Vénetas son hipotéticos. De igual modo, la representación de la batalla naval es un intento de conjugar el
relato de César en sus Comentarii, con las sugerencias de Pierre Emmanuelli desarrolladas en sus investigaciones publicadas en 1956
publicados en la revista Annales de Bretagne. |
Batalla del Golfo de Morbihan, 56 a.C.
Si, como se desprende del relato de César la aparición de la flota véneta parece haber tomado a los romanos sin un plan claro de combate, y como afirma Dion Casio, además se encontraban fondeados frente a la costa (DioCas. XXXIX.41), lo que está ocurriendo entonces es que la flota romana se encuentra en una situación tácticamente muy desventajosa. Orosio coincide con César en la cantidad de buques celtas. Doscientos veinte barcos se desplegaban frente a la vista de los romanos y aprovechaban el viento favorable para lanzarse contra las naves enemigas. La flota que César había ordenado construir y reunir corría peligro de ser destruida en su primera batalla.
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Moneda hallada
en Britania, acuñada por Cunobelino, rey de los Catuvellauni. Lleva la
representación de un barco celta en una de sus caras. Aunque sus características podrían corresponder a licencias artísticas, lo elevado de su
casco, sumado a la ausencia de remos son muy sugerentes. |
Las reconstrucciones modernas ubican estos sucesos frente a las costas de la península de Rhuys. Dichas reconstrucciones incluso llegan a proponer posibles sitios para el campamento de César, o al menos el lugar desde donde habría presenciado la batalla: el túmulo de Tumiac («Montículo de César») o el mojón de Petit-Mont. En algunas de estas reconstrucciones, las naves vénetas habrían emergido de la boca del golfo de Morbihan aprovechando los vientos favorables de la mañana.
César nos cuenta que, por las experiencias recientes, los romanos sabían que las naves celtas no podían ser dañadas por el espolón, algo en lo que coinciden algunas fuentes. Y agrega que “y aun cuando se levantaran torres sobre nuestras naves, las elevadas popas de las naves indígenas dominaban incluso aquellas torres, de modo que desde el nivel inferior no podían lanzarse correctamente los proyectiles, mientras que los arrojados por los galos adquirían un mayor impacto” (BGall. III.14).
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Ilustración de
un barco tipo Ponto que aparece en el Mosaico de Altiburos. Museo Nacional del
Bardo. Aunque en el contexto de la Guerra Civil, César los describe como un
tipo de navío de los Galos. |
Ahora bien, en este punto el relato de la batalla se vuelve algo confuso y contradictorio. Según César, las naves romanas enfrentaron a las enemigas, y habiendo preparado previamente ciertos artilugios, “
unos ganchos afilados fijados a largos palos, de forma semejante a los garfios utilizados en los asedios” (BGall. III.14). Haciendo uso de estos garfios, cortaban los cabos de las velas de las naves celtas, volviéndolas completamente inútiles, ya que dependían del viento para moverse. De esta forma, eran abordadas por los romanos para combatir con sus enemigos mano a mano, en un combate en el que tenían, según César, clara ventaja.
Sin embargo, Dion Casio nos acerca un relato completamente distinto. Según él, “mientras el viento rugía, Bruto no se atrevió a zarpar contra ellos debido al número y tamaño de los barcos, la fuerza con la que el viento los impulsaba y su propio ataque, sino que se preparó para repeler su ataque cerca de la costa y abandonar las barcas por completo. Sin embargo, cuando el viento amainó repentinamente, las olas se calmaron y las barcas ya no podían ser impulsadas como con los remos, sino que, debido a su gran tamaño, quedaron inmóviles, por así decirlo. Entonces, Bruto se armó de valor y zarpó a su encuentro” (DioCas. XXXIX.41).
A continuación, Dion relata una serie de maniobras que ejecuta Bruto contra las inmovilizadas naves enemigas: “les causó muchas heridas graves con impunidad, disparando andanadas de costado y de popa... embistiendo ahora a uno de ellos, ahora haciendo retroceder el agua, de cualquier manera y tan a menudo como quería, a veces con muchos barcos contra uno y otra vez con igual número opuesto, ocasionalmente incluso acercándose a salvo con unos pocos contra muchos... hundía algunos abriéndolos, y abordando otros por todos lados, se enfrascaba en un conflicto cuerpo a cuerpo con las tripulaciones y mataba a muchos” (DioCas. XXXIX.41–42).
Llama la atención lo opuesto de ambos relatos. En uno, César, el viento aparece subordinado a la solución técnica ideada por los romanos; en otro, Dion Casio lo convierte en el elemento decisivo que determina el momento del combate. En César prima la capacidad de los romanos para encontrar una solución al problema que planteaban las naves vénetas; en Dion, la prudencia al comienzo y el cambio de las condiciones del combate permiten a Bruto aprovechar la ventaja obtenida.
Por el contrario, Orosio parece acercarse al relato de César, aunque incorpora también la desaparición del viento como momento decisivo del combate. Señala primero la creación del garfio para cortar las cuerdas de los navíos celtas y, posteriormente, la desaparición del viento en el momento en que algunas naves celtas huían.
En definitiva, las naves romanas, a pesar de su aparente inferioridad, terminan imponiéndose. Sea por la capacidad de los romanos para sobreponerse a las situaciones difíciles, sea por el cambio repentino de las condiciones del viento, la flota combinada de los vénetos y sus aliados terminó destruida. Y con ella desaparecía también buena parte de la capacidad defensiva que había permitido a los vénetos prolongar la resistencia.
César afirma que en aquella batalla se habían reunido “todos los hombres aptos para combatir e incluso todos los ancianos que poseían prudencia o alguna distinción”, y que habían concentrado en un único lugar “todas las naves que poseían en cualquier parte” (BGall. III.16). Después de tales pérdidas, “los restantes hombres ya no tenían ningún lugar al que retirarse ni ningún medio para defender sus ciudades” (BGall. III.16). Podemos interpretar esta afirmación en el contexto de la estrategia que hemos visto: derrotada la flota y comprometidos en la batalla sus principales hombres, los vénetos habían perdido el sistema de defensa que les permitía trasladarse de una fortaleza costera a otra y continuar la resistencia.
Los pocos sobrevivientes que pudieron acercarse a la costa comprendieron que ya no quedaba nada por hacer. Sin su flota y sin la posibilidad de continuar refugiándose en las fortalezas costeras, se rindieron a César.
El final de los Vénetos
Escribiría César que “este combate puso fin a la campaña contra los vénetos y contra todo el litoral” (BGall. III.16). Pero el destino de los sobrevivientes no estaba dictado. Por eso, “decidió que su castigo debía ser tanto más severo cuanto más cuidadosamente debían los habitantes conservar en el futuro el privilegio y la inviolabilidad de los embajadores. Por ello hizo ejecutar a todo su senado y vendió como esclavos a los restantes habitantes” (BGall. III.16).
Es así como César presenta el castigo como ejemplarizante. Un mensaje escrito en sangre hacia los demás pueblos de la Galia. Orosio, varios siglos después, retoma esta idea y presenta el castigo como un “terrible ejemplo” para los vencidos. Agrega, además, un elemento que no aparece en el relato de César: los principales fueron ejecutados per tormenta, es decir, mediante tormentos, haciendo todavía más severa la imagen del castigo.
Llama la atención la severidad de César en este episodio. El castigo impuesto a los vénetos aparece como algo excepcional incluso dentro de la propia narración de César. Basta recordar cómo son “perdonados” los Helvecios y conminados a retornar a su antiguo territorio. Acepta la rendición de los Suessiones, perdona (aunque con condiciones) a los Bellovacos, y permite a los Nervios conservar sus territorios y ciudades luego de ser derrotados en forma aplastante en batalla.
Quizá el episodio de los piratas Cilicios, a quienes mandó crucificar, sea el antecedente que más se aproxima. Pero la comparación tiene sus límites: aquellos no eran una población civil que luchaba por su libertad, sino piratas que habían secuestrado al propio César (año 75 a. C.)
[8]. Además, este episodio se encuentra fuera del contexto de la conquista de las Galias. Si nos limitamos entonces a este conflicto, el antecedente más cercano lo encontramos en la campaña contra los Belgas, cuando César vendió como esclavos a la población de los Aduáticos tras la toma de su ciudad. Hasta ese momento, este constituye el único episodio de características semejantes dentro de la campaña de las Galias.
La historiografía moderna ha señalado el carácter ejemplarizante y disuasorio de las medidas adoptadas por César, pero también ha planteado el problema de la proporcionalidad entre la ofensa alegada y la magnitud de la represalia.
Tristan S. Taylor, en “Mass-Enslavement in Caesar's Gallic Conquest: A Case Study”, presentado en la Classical Association Annual Conference (2013) compara precisamente los casos de Aduáticos, Vénetos y Alesia, y señala que la esclavización de grandes cantidades de no combatientes constituye una práctica relativamente excepcional en el relato de César. Su interpretación es que estas medidas pueden funcionar como castigo ejemplar y mecanismo de disuasión, mientras que la estrategia habitual de César sería obtener la deditio de los pueblos vencidos.
Por otra parte, en Caesar's Gallic Genocide: A Case Study in Ancient Mass Violence, publicado en The Cambridge World History of Genocide, vol. I, Cambridge University Press, 2023, Taylor analiza la violencia de César dentro de un marco retributivo: César presenta muchas de sus acciones violentas como respuesta a una ofensa previa cometida contra Roma.
Tampoco se nos debe escapar cierta lógica seguida por César a la hora de decidir el destino de los pueblos vencidos. En muchos casos —con los Helvecios o con los Nervios, por ejemplo—, el “perdón” o la “clemencia” estaba también asociado a un interés superior. Que los Helvecios volvieran a ocupar sus tierras originales podía servir como un tapón frente a los Germanos. En el caso de los Nervios, además, su posición cercana al Rin podía hacer de ellos un elemento útil para contener la presión germana.
Quizá la diferencia fundamental no estuviera únicamente en la gravedad de la rebelión, sino también en el cálculo de sus consecuencias. César podía mostrarse indulgente cuando la supervivencia del enemigo resultaba útil o cuando no representaba ya un peligro significativo. En el caso de los vénetos, la derrota naval había destruido precisamente aquello que hacía de ellos un adversario particularmente peligroso: su flota y, con ella, su capacidad de desplazarse entre sus fortalezas costeras y prolongar la resistencia
[9]. La severidad del castigo pudo ser, por tanto, también posible porque César había eliminado previamente la capacidad de los vénetos para responder y porque la supervivencia de estos no le resultaba particularmente útil para sus fines.
Ahora bien, conviene distinguir entre lo que César afirma y lo que podemos deducir de su relato. La expresión latina reliquos, utilizada al describir la venta de los cautivos, significa «los restantes», pero no especifica por sí sola si se trataba exclusivamente de combatientes o si incluía también a civiles. El contexto de la capitulación colectiva permite considerar un alcance amplio del castigo, aunque la fuente no proporciona cifras ni delimita con precisión a las personas afectadas. Por ello, no podemos deducir de este pasaje que toda la población de Armórica fuera esclavizada, pero tampoco reducir con certeza la medida a un grupo limitado de prisioneros de guerra. Sobre Todo si tenemos en cuenta la posible participación de los Vénetos en la batalla de Alesia en el 52 a.C. (ver cuadro aparte).
En definitiva, el caso de los vénetos parece ocupar un lugar particular dentro de las primeras campañas de César. La clemencia no estaba ausente de su conducta, pero tampoco era necesariamente gratuita: podía responder a necesidades políticas y estratégicas. Del mismo modo, el castigo podía convertirse en una herramienta para imponer autoridad y disuadir nuevas rebeliones. En el caso de los vénetos, César presenta varias razones para explicar su severidad: la violación de los derechos de los embajadores, la supuesta ruptura de una sumisión reciente y el peligro de que otros pueblos siguieran su ejemplo. La magnitud de la represalia, sin embargo, continúa siendo excepcional dentro de sus primeras campañas y nos recuerda que, para César, la clemencia y el castigo podían ser también instrumentos de una misma política: asegurar la obediencia de los pueblos sometidos.
Epílogo: Morinos y Menapios
La derrota de los Vénetos no significó, sin embargo, el sometimiento de todos sus antiguos aliados. Al finalizar aquella campaña, César dirigió sus tropas contra los Morinos y Menapios, los únicos pueblos que, según él mismo afirma, permanecían en armas y que nunca habían enviado representantes para negociar la paz (BGall. III.28). Pero aquellos galos habían aprendido de las campañas anteriores. César cuenta que, viendo cómo pueblos “mucho más poderosos que ellos” (multo potentiores se) habían sido derrotados
[10], decidieron no presentar batalla abierta y buscaron refugio en los extensos bosques y pantanos de su territorio, llevando allí a sus familias y pertenencias.
La estrategia obligó a César a modificar nuevamente su forma de combatir. Mientras avanzaba, sus hombres comenzaron a talar los bosques, pero la tarea los dejaba expuestos a ataques repentinos. Para evitarlo, César ordenó que los árboles cortados fueran colocados a ambos lados del avance a modo de una empalizada, protegiendo los flancos de sus tropas mientras continuaban despejando el terreno (BGall. III.29). De esta manera consiguió penetrar cada vez más en los bosques y apoderarse de ganado y parte de los bienes de los enemigos.
Sin embargo, cuando la campaña parecía avanzar, las lluvias hicieron imposible continuar las operaciones. César terminó devastando el territorio, quemando aldeas y viviendas, y retirando sus tropas hacia los cuarteles de invierno (BGall. III.29). Dion Casio ofrece una imagen todavía más contundente: según su relato, César esperaba someterlos rápidamente, confiando en el temor provocado por sus victorias anteriores, pero no consiguió someter a ninguno (Dio Cass. XXXIX.44).
Así terminaba aquella última operación del verano de 56 a.C. Los Vénetos habían sido derrotados en el mar; los Morinos y Menapios, en cambio, habían comprendido que no debían ofrecer a César la batalla que él buscaba y encontraron en los bosques, los pantanos y el propio clima de su territorio una defensa mucho más difícil de superar.
Final.
La campaña contra los vénetos puso a César frente a un enemigo diferente de aquellos a los que había enfrentado hasta entonces en la Galia. No se trataba solamente de conquistar territorios: era necesario derrotar a un pueblo que dominaba el litoral y que disponía de una flota capaz de dificultar enormemente las operaciones romanas. La victoria naval terminó resolviendo el principal obstáculo militar de la campaña y dejó a los vénetos sin capacidad para continuar su resistencia.
Pero esta campaña tampoco puede entenderse aisladamente. César llegaba a ella después de las campañas contra los Helvecios, Ariovisto y los Belgas, mientras consolidaba en la Galia una posición que excedía ampliamente los objetivos de una campaña militar puntual. Al mismo tiempo, su regreso a la Galia Cisalpina y los acuerdos de Lucca habían asegurado la continuidad de su mando y reforzado su posición dentro del complejo escenario político romano. La guerra en la Armórica se desarrollaba así mientras César resolvía, simultáneamente, problemas militares en la Galia y problemas políticos en Roma.
El episodio de los vénetos vuelve a mostrarnos, como en las campañas anteriores, la importancia del modo en que César construye el relato de sus guerras. La captura de los enviados proporciona el casus belli, pero la preparación previa de la campaña y la rapidez con que dispone la construcción de una flota permiten plantear interrogantes sobre sus verdaderos objetivos. No podemos saber hasta qué punto aquellas decisiones respondían a planes previamente definidos, pero sí advertir que la guerra fue mucho más que una reacción inmediata ante un incidente.
La escala que habían alcanzado las operaciones en la Galia obligaba a César a combatir en varios frentes simultáneamente: mientras él enfrentaba a los vénetos, Sabino operaba contra los pueblos marítimos y Craso impedía la intervención de las fuerzas de Aquitania. Y, nuevamente, la ingeniería resultaba fundamental para superar las dificultades que presentaba cada escenario: desde las grandes obras de asedio contra las fortalezas costeras de los vénetos hasta la tala y fortificación de los bosques donde se refugiaron los Morinos y Menapios. La campaña de 56 a.C. muestra así una guerra de dimensiones cada vez mayores, en la que la capacidad de César para adaptar sus recursos y emplear la ingeniería se convirtió en un elemento decisivo.
Finalmente, la derrota de los vénetos y el castigo impuesto completan un proceso que había comenzado con las campañas anteriores y que continuaría en los años siguientes. César había demostrado nuevamente su capacidad para adaptar sus métodos a cada enemigo, pero las campañas de Sabino, Craso y, especialmente, la de los Morinos y Menapios muestran también que cada enemigo podía responder de manera diferente a la presión romana. Detrás del relato aparentemente ordenado de sus Commentarii, la confrontación de las fuentes nos permite descubrir una realidad más compleja, en la que guerra, estrategia y política aparecen estrechamente vinculadas.
Con todo, el año 56 a.C. aún guardaría acontecimientos de importancia. Mientras César consolidaba sus posiciones, Pompeyo y Craso buscaban ser elegidos cónsules, aunque no se habían declarado formalmente candidatos. Son acusados de hacer campaña, no ya “para obtener un cargo”, sino más bien para “apoderarse de provincias y ejércitos” (Plut. Crass. 15.1–2).
Acontecimientos de gran importancia que abordaremos en futuros trabajos.
FIN.
Notas:
[1] Publio Licino Craso, hijo del Triunviro del mismo nombre, es un conocido nuestro. Ya tuvimos ocasión de mencionarlo en la guerra contra Ariovisto (58 a.C.), ejecutando una brillante maniobra de caballería. Sigue al mando de sus jinetes galos para esta campaña. Morirá junto a su padre en la batalla de Carras (53 a.C.) durante la campaña contra los Partos.
[2] Aquileia, fundada como colonia romana en el 181 a.C. la ciudad sirvió como una base estratégica y diplomática clave para César durante su época como procónsul de la Galia Cisalpina. Durante sus campañas (entre el 58 y el 50 a.C.), César estableció allí los cuarteles de invierno para sus legiones y recibió a múltiples embajadas y delegaciones de pueblos aliados y fronterizos de las regiones de Iliria, Panonia y el Adriático para realizar negociaciones geopolíticas.
[3] Lucca, ciudad de la Toscana, fue un poblado etrusco, aunque presenta vestigios de ocupación Ligur para el siglo III a.C. Obtuvo el estatus de colonia romana en el 180 a. C. y de municipio en el 89 a. C.
[4] Vale la aclaración. El pueblo mencionado como Vénetos en este trabajo, son los galos que habitan la región de la Armórica. No confundir con el pueblo itálico del mismo nombre.
[5] Sospechamos que la lista de pueblos que trasmite César, no es otra cosa más que el intento del Procónsul por trasmitirnos una gran coalición de pueblos a enfrentar. Probablemente la alianza de los Vénetos pueda limitarse a los vecinos Osismos, Nametes y Coriosolites. Y como mucho extenderlo a Venelli y Lexovios. Quedando los Aquitanos, y los más lejanos Morinos y Menapios fuera de esta coalición.
[6] Darioritum Venetorum es el nombre que recibió la ciudad de los Venetos tras la conquista romana. Darioritum deriva del nombre original celta, ya que el sufijo galo " ritu, rito" significa vado o cruce. Entre los siglos IV y V de nuestra era ocurrió un fenómeno particular por el que las ciudades perdieron su nombre original y sólo quedó el nombre de las personas que constituían la ciudad. Dando por resultado el nombre de “Civitas Venetorum”, del cual deriva el actual Vannes.
[7] Morbihan, topónimo de origen “bretón” que literalmente significa “pequeño mar”.
[8] El hecho es registrado principalmente por Plutarco (Vidas paralelas: «Vida de César», cap. 2), la fuente más detallada sobre el episodio. También por Cayo Suetonio (Vida de los doce césares: «El divino Julio», cap. 4). Y brevemente por Veleyo Patérculo (Historia romana, II, 41, 3–4), y Valerio Máximo (Hechos y dichos memorables, VI, 9, 15).
[9] La derrota también pudo tener consecuencias territoriales para algunos de sus aliados, como los ambilatres, cuyo territorio habría sido incorporado posteriormente al de los pictones. Según una hipótesis historiográfica basada en la reconstrucción de la geografía antigua del Poitou, el territorio de los ambilatres (Ambiliati en César, BGall. III.9; Ambilatri en Plinio, Naturalis Historia IV.108) habría sido incorporado al de los pictones, aliados de Roma. Jean Hiernard estudió esta cuestión en «Poitou et Vendée avant les Romains : une enquête numismatique» (1979), y Gilbert-Charles Picard retomó el problema en «La République des Pictons» (1982). La posible incorporación como recompensa por la colaboración pictona con César es una interpretación moderna; las fuentes antiguas no documentan expresamente una cesión ordenada por el general romano.
[10] La indicación probablemente se refiera a pueblos de la Galia Bélgica, como los poderosos Belóvacos, Suesiones, y Nervios, derrotados por Julio César en la campaña del año anterior.
Bibliografía:
Fuentes antiguas.
- Cayo Julio César — Commentarii de Bello Gallico (De
bello Gallico), especialmente libros II, III y las referencias a
campañas anteriores. Es la fuente principal del artículo.
- Plutarco — Vita Caesaris (Vida de César),
especialmente 20–21; también Vida de Craso y Vida de Catón el
Joven para el contexto de Lucca.
- Apiano de Alejandría — Historia romana, libro IV, Keltiké
/ Guerra de las Galias, fragmento Gall. 17a, transmitido por
la Suda.
- Dion Casio — Historia romana, libro XXXIX,
especialmente 39.24–26 para Lucca y 39.40–43 para la guerra
contra los vénetos y la batalla naval.
- Orosio — Historiarum adversus paganos libri VII,
libro VI, capítulo 8, especialmente 6.8.10 ss.
- Estrabón — Geographica, libro IV, capítulo 4, §1,
para los vénetos y las características de sus embarcaciones.
- Floro — Epitoma de Tito Livio, libro I,
capítulo 45, para la guerra naval contra los vénetos.
- Suetonio — De vita Caesarum, Divus Iulius,
especialmente 24, para el contexto político de Lucca.
- Cicerón — Epistulae ad Familiares, especialmente I.9.9,
como testimonio contemporáneo de las negociaciones políticas de 56 a. C.
- Suda — Suda, voz ᾔομεν (H 408), como transmisora del fragmento de Apiano
utilizado.
Fuentes modernas / historiografía
- Pierre Emmanuelli — César et les Vénètes : Le combat naval de
56 av. J.-C., Annales de Bretagne, 63.1 (1956), pp. 55–87. Es
una de las fuentes principales para nuestra reconstrucción geográfica y
naval.
- René-Yves Creston — César et les Vénètes : notes critiques sur
la bataille navale livrée par Brutus contre les Vénètes en 56 av. J.-C.,
Annales de Bretagne, 65.1 (1958), pp. 59–64. Utilizado como
contrapunto crítico a Emmanuelli.
- René-Yves Creston — Considérations techniques sur la flotte des
Vénètes et des Romains (1956). Lo mencionamos en relación con la
cuestión técnica de las flotas; Persée registra este trabajo junto con su
artículo de 1958.
- Tristan S. Taylor — Mass-Enslavement in Caesar's Gallic
Conquest: A Case Study (2013), comunicación presentada en la Classical
Association Annual Conference, pp. 52. Es la referencia moderna que
utilizamos específicamente para comparar Aduatucos, Vénetos y Alesia y
analizar la esclavización masiva como medida ejemplar y disuasoria.
- Tristan S. Taylor — Caesar's Gallic
Genocide: A Case Study in Ancient Mass Violence, en Ben Kiernan, T. M.
Lemos y Tristan S. Taylor (eds.), The Cambridge World History of
Genocide, vol. I, Cambridge University Press, 2023, pp. 309–329.
- Eugène Stoffel — trabajos topográficos y cartográficos
realizados en el marco de la investigación de las campañas de César
impulsada por Napoleón III, utilizados aquí como antecedente de las
reconstrucciones modernas del escenario.
- Yann Dufay-Garel y Sébastien Daré — estudio sobre Beg-en-Aud,
publicado en Aremorica 8 (2017), utilizado para el dato
arqueológico sobre la fortificación de La Tène final.
- McGrail, Sean. “Boats and Boatmanship
in the Southern North Sea and Channel.” En Maritime Celts, Frisians and
Saxons, pp. 32–48. Council for British Archaeology Research Report 71.
London: Council for
British Archaeology, 1990.
- Constans, L.-A. (ed.). César, Guerre
des Gaules. Tome I : Livres I–IV. Paris : Les Belles Lettres, 1926.
- Hiernard, Jean. «Poitou et Vendée avant les Romains : une
enquête numismatique». Annuaire départemental de la Société d’émulation
de la Vendée, 126e année (1979), pp. 45–111.
- Picard, Gilbert-Charles. «La République des Pictons». Comptes
rendus des séances de l’Académie des Inscriptions et Belles-Lettres,
126e année, n.º 3 (1982), pp. 532–559.
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ResponderEliminarDespués de mucho tiempo, nos volvemos a encontrar con un nuevo artículo, que esperamos sea de su agrado. Nos gustaría mucho conocer sus opiniones y leer sus comentarios.
Aprovechamos para contarles que el proyecto de AH sigue vivo. Aunque estuvimos un tiempo alejados de las publicaciones, las ganas de seguir investigando, escribiendo y compartiendo nuestra pasión por la historia siguen intactas.
Esperamos que este nuevo artículo sea el comienzo de una nueva etapa para Anábasis Histórica y que vuelvan a acompañarnos en este camino.
¡Gracias a todos los que siguen ahí, leyendo y manteniendo vivo el interés por la historia!