lunes, 29 de junio de 2015

LA CABALLERÍA ROMANA REPUBLICANA: Estudio de su Evolución y Tácticas


La caballería romana a menudo ha sido considerada poco eficaz y de escasa disciplina pese a que estuvo formada por la aristocracia de la ciudad. Normalmente descrita como subordinada a las tácticas de infantería, tenía en realidad un papel notable en el campo de batalla. En este trabajo intentaremos dar luz a las incógnitas que ensombrecen el papel de los jinetes romanos y veremos como, al igual que la infantería, la caballería estuvo en continua evolución a lo largo del periodo republicano.




Organización y reclutamiento

Ya desde la fundación de Roma existen referencias a la caballería, especialmente en Tito Livio[1].  Según el mismo historiador, Rómulo estableció a 300 jinetes como su escolta personal (100 por cada tribu), llamados Celeres (literalmente “los rápidos”), y posteriormente, Tarquinio Prisco lo duplicó (Livio 1, 36). Sevio Tulio, en sus reformas, reorganizó la caballería, alistando 12 centurias de entre los más ricos a las que sumó otras 6. Los caballos para estas nuevas centurias los pagaba el Estado, destinando 10.000 libras del tesoro público para ello y otras 2.000 al año para su mantenimiento[2]. Hay que tomar estos datos con recelo, pues de ser así hubiera dado un número increíblemente alto en comparación con el número de infantes.

Lo más probable es que el número de jinetes (equites) para finales del periodo monárquico y principios de la República, que es lo que a nosotros  nos interesa, fuera de 300, número que se mantuvo durante todo el S. V a.C., y que estos más bien se trataran de infantes montados que de caballería propiamente dicha. Puesto que 300 era el número de jinetes que se reclutaba para cada legión en el periodo que mejor se conoce y que para aquella época Roma solo podía asumir una legión por campaña, nos parece bastante acertada esta deducción.


El Siglo IV a.C. no se nos presenta más claro para obtener datos fiables acerca de gran cantidad de temas militares romanos. ¿Adopción del manípulo? ¿Utilización del scutum y el pilum? Si cabe, el tema de la caballería es aún más desconocido a causa de la escasez de citas a este respecto. De hecho, en la descripción general de Livio (8, 8)[3] para el ejército romano de 341 a.C. no hace mención alguna a la caballería, salvo la de dar la cantidad de jinetes asignados a cada legión.

Parece ser que alrededor del año 400 a.C. se rompió el monopolio que establecía a los patricios como únicos caballeros en el ejército romano. Livio (5, 7) menciona como en el año 403 a.C., durante el asedio de Veyes, ante la necesidad de contar con más caballería, “[…] cierta cantidad de hombres a los que, aunque habían sido considerados como caballeros, no se les había provisto de caballos, tras acordar un plan común de acción se dirigieron a la Curia y declararon que servirían como jinetes a sus expensas y en sus propios caballos.”

Es posible que la ampliación de Servio Tulio mencionada anteriormente sea un anacronismo referido a este incidente. En cualquier caso, está bastante aceptado que a partir de este momento los équites dejan de ser exclusivamente patricios y que las nuevas 12 centurias de caballería estaban abiertas a cualquiera que tuviera la renta suficiente.

Es bastante probable que a partir de 338 a.C., con la victoria romana sobre sus vecinos y antiguos aliados de la Liga Latina, estos empezaran a integrar de forma fija la alae que acompañaba a la legión. Y para el 311 a.C., según Livio (9, 30, 3) se dobló el número de legiones reclutadas cada año, de dos a cuatro. Por lo que en un escaso lapso de tiempo el número de tropas romanas se cuadriplicó, y por ende el número de jinetes en el ejército, siendo ahora 1.200, quedando, eso sí, una duda: ¿desde cuándo los aliados debían aportar tres veces más caballería? ¿Quizás desde ese mismo periodo al poder contar ahora con los afamados jinetes campanos?

Sí sabemos con seguridad (principalmente gracias a Polibio 6, 20, 9[4]; pero también por otros pasajes de Livio y otros autores) que en un ejército consular típico de finales del S. III y a lo largo del S. II a.C. el número de équites romanos ascendía a 600 (300 por legión), apoyados por los teóricos 1.800 jinetes aliados itálicos. Esto haría una fuerza de caballería de unos 2.400 hombres, lo cual supone algo más de un 12% del total del ejército (19.500 hombres). Aunque jinetes romanos tan solo fueran un 25% del número total de caballería, la fuerza conjunta componía un más que aceptable para la época[5], mucho mayor a la de cualquier otra fuerza en Italia, a excepción de los galos, y similar a la de los ejércitos griegos.

Cada legión del ejército romano contaba con 300 jinetes, que a su vez se dividían en 10 turmae de 30 jinetes cada una. Los tribunos militares nombraban 3 decuriones para cada turmae, y de ellos el senior la comandaba con el rango de praefectus. A su vez, cada decurio elegía un optio como su segundo al mando[6].

Esto sugiere que la turma se organizaba en 3 filas, que eran subunidades no independientes destinadas a operar como una sola entidad, como indica la mayor jerarquía del praefectus sobre los otros decuriones.

A su vez, la caballería aliada itálica, que acompañaba a las alae de infantería, estaba comandada por un praefecti equitum romano; y presumiblemente con decuriones y optios locales. Estos équites aliados también formaban parte de la alta sociedad, como puede leerse en Livio (23, 7’ 2 y 24, 13’ 1).
Los équites eran reclutados entre los ciudadanos más ricos, es decir, entre las 18 centurias de mayor poder adquisitivo[7]. No en vano poseer un caballo era muy caro y a diferencia de otros animales como el burro o el asno, este no era adecuado para realizar labores agrarias. Así pues, para animar el uso de esta arma, el Estado romano remuneraba si el  caballo moría en combate[8]. Del mismo modo, los équites eran los que mayor paga recibían por su servicio en el ejército: 6 obolos diarios en época de Polibio, mientras que la infantería recibía 2 y los centuriones 4. Además, un équite recibía 100 litros de trigo y 350 de cebada al mes (que la mayoría servía para alimentar al caballo; y también al caballerizo), por los tan sólo 35 litros de grano que obtenía un infante[9].

La caballería romana la conformaban aristócratas que veían en la vida militar un escaparate para hacerse un nombre para su futura carrera política. No en vano, antes de poder ser elegidos para un cargo político debían haber servido por 10 años de campaña en el ejército[10]. Así pues, no es de extrañar que fueran muy reacios a realizar tareas de patrulla o exploración, pero que fueran animosos en el combate.

Avanzando ya hasta finales del periodo republicano, vemos como el número de jinetes romanos desciende considerablemente hasta desaparecer. La Guerra de Yugurta es el último conflicto donde se atestigua un papel importante de la caballería. Las reformas de Mario (107 a.C.) suponen un antes y un después, empezando a ser sustituida por contingentes auxiliares de jinetes nativos del lugar donde se desarrollara cada campaña.

Para la época de la Guerra Social (91-88 a.C.) la caballería legionaria pasa a 120 jinetes, agravándose este descenso cuando se le concede la ciudadanía a todos los itálicos, con lo que dejan de suministrar tres veces más caballería en la correspondiente alae. Además, los equites hacía tiempo que se venían convirtiendo en una clase de oficiales; sumado a que los plebeyos ricos de la primera clase (ordo equestre) tenían poco tiempo e interés en servir en el ejército dados sus intereses comerciales, que se habían ampliado enormemente gracias a las conquistas. Aunque, por supuesto, clases más bajas podrían haber sido armadas para actuar como caballería, al igual que se hacía con la infantería, esto hubiera supuesto un elevadísimo coste para el Estado, siendo innecesario al poder contar con buenos jinetes procedentes de Hispania, Numidia, Galia o Tracia.

Ya en época de Julio César, parece que la caballería romana ha desaparecido por completo, ya que el general depende por completo de los contingentes aliados galos. Esto queda totalmente ejemplificado cuando en el año 58 a.C., para acudir a una entrevista con Ariovisto, César, no fiándose aún de los galos y necesitando una escolta de caballería, insta a estos a que presten sus caballos a miembros de la X Legión (de ahí que adquirieran el apodo de equestris)[11].


Evolución del armamento

“La caballería ahora está armada como la de Grecia, pero en los tiempos antiguos no tenían corazas y luchaban tan solo con túnicas, compostura que para montar y desmontar les daba gran destreza y facilidad, pero que los dejaba expuestos a un gran peligro en combate cuerpo a cuerpo, ya que peleaban casi desnudos. Sus lanzas también eran inútiles en dos aspectos. En primer lugar las hicieron tan delgadas y flexible que era imposible acertar a un objetivo, y antes de que pudieran fijar la punta, la agitación por el mero movimiento del caballo causaba su rotura la mayoría de las veces. La segunda, porque no las construían con punta en la parte posterior, y así si tras el primer golpe se rompían se volvían inútiles. Su escudo estaba hecho de piel de buey, un tanto similar en forma a las tortas redondas utilizados en los sacrificios. No eran de alguna utilidad para parar los golpes, ya que no eran lo suficientemente firmes; y cuando la cubierta de cuero pelado se podría debido a la lluvia, y lo que antes era de poca utilidad, ahora venía a ser de ningún provecho. Así que sus armas no resistieron la prueba de la experiencia, pronto salieron a hacerlas a la manera griega, que asegura que el primer golpe de la lanza es recto y eficaz, ya que la lanza es construida de manera estable y fuerte, y también para que pueda seguir utilizándose con eficacia mediante la inversión y golpeando con el pico en el extremo trasero. Y lo mismo se aplica a los escudos griegos, que son duros y sólidos, tanto en defensa como en ataque. Los romanos, cuando se dieron cuenta de esto, pronto aprendieron a copiar a los griegos; ya que esto también es una de sus virtudes, porque es un pueblo dispuesto a adoptar nuevas modas e imita lo que ven que es mejor en otros.” Polibio 6, 25’ 3-11.

Imagen de un jinete en el
Monumento de Emilio Paulo
Esta es la única descripción que las fuentes antiguas nos dejaron sobre la panoplia de los jinetes romanos durante la República. En ella vemos como la caballería romana temprana, Siglos V y IV a.C., estaba ligeramente equipada. Aunque tan solo cita un escudo liviano (parma equestris) como defensa, es más que probable que también portaran un yelmo de bronce, ya que Polibio tan solo enfatiza las diferencias existentes entre la caballería de un periodo y otro. Además, sin duda, el equipo se completaría con una espada corta llevada en el lado derecho del cinturón, arma a la que le tendrían que dar rápido uso dadas las débiles características de la lanza.

Posteriormente, ya en el siglo II a.C. (época de Polibio), los romanos han mejorado mucho el equipo, adoptando una lanza más firme y con contera y un escudo más sólido. Además, se deduce que en ese momento ya portaban corazas de algún tipo. Esto último queda confirmado por el relieve de Metio Curcio (del que se conserva una copia de época imperial) y el monumento de Paulo Emilio, ambos del Siglo II a.C. En ambos se muestra a los jinetes con una coraza helenística y una cota de malla (loriga hamata) respectivamente[12].

Relieve de Mecio Curcio
Volviendo al escudo, el relieve de M. Curcio no da pistas sobre un tipo griego, pero muestra uno bien distinto a uno de piel de buey, ligeramente más grande y con umbo metálico central[13]. Conjuntamente, un escudo con espina central también sería usado. Por su parte, la lanza “estable y fuerte” y con contera, está claramente modelada al xyston macedonio, pero las representaciones muestran la romana algo más corta (1,8 m.?). Para rematar el equipo, la espada, la cual queda constancia de su uso en el monumento de Emilio Paulo, habría sido mejorada con la adopción del modelo hispano (gladius hispaniensis).


Pero ¿cuándo se adoptaron estas nuevas armas? En cuanto al escudo y la lanza se siguen principalmente dos teorías. La primera de ellas dicta que fue a partir de la guerra contra Pirro, basándose en el origen griego de estos avances, algo que Polibio describe claramente. La otra opción afirma que fue durante el transcurso de la Segunda Guerra Púnica, con las reformas de Escipión[14], argumentando que si bien al principio del conflicto la caballería romana era normalmente derrotada, al final del mismo casi siempre se mostraba más efectiva que su rival. Ciertamente la primera parece más sólida, no solo por la afirmación de Polibio, que da un origen griego y no cartaginés, además porque el destino de la caballería romana durante el conflicto con Cartago dependió en gran medida de la ventaja numérica con la que contara uno u otro contendiente en cada enfrentamiento. El gladius hispaniensis si sería introducido en la panoplia romana en algún momento entre la Primera (264-241 a.C.) y la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), conflictos en los que los romanos comprobaron el devastador poder del acero hispano. Por último, la coraza empezaría a ser usada entre finales del S. III a.C. y principios del S. II a.C., quizás como resultado de un tipo de lucha mucho más dura y encarnizada para los jinetes romanos de lo que había sido con anterioridad. En cualquier caso cada modificación de la panoplia se haría de forma gradual y armas antiguas y nuevas convivirían en una misma turmae.

Relieve del Altar de Domicio Ahenobarbus. En él se puede apreciar a un jinete romano protegido
con cota de malla y yelmo y armado con espada corta.


El caballo itálico

Desgraciadamente apenas contamos con datos literarios sobre las características del caballo itálico y las pictografías y relieves y la arqueología tan solo nos pueden ayudar parcialmente. Pese a todo podemos elaborar un esquema básico de cómo eran las monturas que usaban los romanos, así como el tipo de bridas y sillas que usaban.

Representación de un jinete y su caballo
en una tumba de Paestum. Este sería el típico
caballo itálico.
El poeta romano Lucilio, en el S. II a.C., comentaba sobre los caballos campanos que eran ardientes y fogosos, pero que carecían de la resistencia de los caballos de Hispania. A su vez, describe a los caballos lucanos y campanos como orgullosos y de paso alto. Escritores posteriores se refieren a los corceles lucanos como pequeños de cuerpo y feos de apariencia y color, aunque duros trabajadores. Según Plutarco (Pirro, 16’ 8) menciona un oficial de caballería frentano que atacó a Pirro en Heraclea montado sobre un caballo negro con pies blancos. Siguiendo con la coloración, las pinturas muestran, en su mayoría, caballos de color castaña, con la melena y la cola de tonos claros y en menor medida negros, pero en cualquiera de los casos con patas y caras blancas.

Haciendo un compendio de las escasas revelaciones que nos dan las fuentes podemos deducir que el caballo itálico era algo más lento y menos resistente que el hispano, el númida y el tesalio, pero tenía una fuerza similar a la de cualquier otro, e incluso superaba en potencia al númida y al galo.

Los estudios realizados sobre los restos de caballos en Italia nos revelan que para la Edad de Bronce, las monturas tenían una altura media de 128 cm. hasta la cruz, llegando a los 130 cm. al Sur de Etruria para la Edad de Hierro. A lo largo de la época romana, la alzada no dejó de crecer, sobre todo por la importación de caballos orientales, llegando incluso a los 137 cm. de altura. Todos estos datos nos dicen que los caballos italianos tenían un tamaño muy parecido al del resto de regiones occidentales (en las estepas rusas y oriente la altura era significativamente mayor). De hecho, los caballos galos del S. III y II a.C. tenían una media de casi 10 cm. menos y ni que decir tiene de los ponis númidas.
Lastra pintada en una tumba de Paestum.
Aparece un caballo de tonos oscuros, con
frente y patas de color claro, también
típico de Italia.


Todas estas características de las monturas (fuerza, tamaño, velocidad, resistencia, etc.) eran de capital importancia para determinar la función que pudiera tener la caballería en el campo de batalla. Así por ejemplo, un caballo dedicado a la exploración y el hostigamiento debía ser rápida y resistente, mientras que una caballería de choque debía contar necesariamente con animales fuertes y cuanto más grandes mejor.

El equipamiento del caballo romano era igual que el griego. En el relieve de Metio Curcio la “silla” consiste en un simple manto cuadrangular (llamado gualdrapa) sujeto a través de una correa ancha en el pecho y una más estrecha alrededor de la grupa. A diferencia de los pueblos oscos y los italiotas, los caballos romanos parece que nunca portaron testera ni pechera. El bocado era de tipo filete, el más común en el mundo mediterráneo, y se mantendría sin cambios importantes a lo largo de todo el periodo, hasta que hacia el S. II a.C. fue introducido, por influencia celta, el bocado de freno.


Tácticas. ¿Caballería o infantería montada?

“[…] después se produjo el choque entre el ala izquierda de los jinetes galos e hispanos y el ala derecha romana, sin atenderse en absoluto al estilo de lucha de la caballería, pues tenían que chocar de frente porque no había quedado alrededor ningún espacio para evolucionar y por un lado los cerraba el río y por el otro las líneas de infantería. Todos sus esfuerzos se dirigían al frente, sin dar un paso y apelotonados por último los caballos en tropel, y agarrándose hombre a hombre trataban de derribarse de los caballos. El combate se había vuelto ya en gran medida una lucha a pie; fue, sin embargo, una pelea más denodada que prolongada, y los jinetes romanos, rechazados, volvieron grupas.” Tito Livio 22, 47’ 1-3.

Esta famosa cita de Livio, describiendo la batalla de Cannas (216 a.C.) ha traído muchas confusiones acerca del modo de lucha de la caballería romana. Más aún cuando poco después (23, 49’ 1-3) Livio nos narra lo siguiente:
“[…] Paulo, a pesar de que nada más comenzar la batalla había sido herido de gravedad por una honda, acudió sin embargo en repetidas ocasiones a hacerle frente a Aníbal con un nutrido contingente de soldados y restableció el combate en varios puntos protegido por la caballería romana, que al fin prescindió de los caballos porque al cónsul le faltaban fuerzas para dominar al suyo. Dicen que entonces, cuando alguien informó a Aníbal de que el cónsul había ordenado a sus jinetes poner pie a tierra, aquél comentó «¡Cuánto más valdría que me los entregara atados!»”

Una lectura ligera puede hacer pensar que efectivamente los jinetes romanos tenían por costumbre desmontar para combatir y que además esto suponía una gran ventaja para un enemigo que estaba preparado para combatir sobre una montura.

A lo que realmente se refería Aníbal, en palabras de Livio, es que desmontados no tendrían oportunidad alguna de escapar de su trampa, como más tarde se demostró, no que de ese modo fueran un enemigo más fácil de abatir.

Tan errónea esta visión, que pocos años más tarde (199 a.C.) un ejército romano, al mando de Publio Sulpicio Galba derrotó a la prestigiosa (aunque en declive) caballería macedonia, dirigida por Atenágoras, un general de Filipo V, usando la táctica de desmontar para hacer una lucha estática.

“Pero esta táctica de combate quedó completamente desbaratada por el método de ataque romano, que resultó tan sostenido como feroz. Estos lucharon con tanta constancia como si participara todo el ejército; los vélites, tras descargar sus jabalinas, cerraron cuerpo a cuerpo con sus espadas; la caballería, una vez hubo llegado hasta el enemigo, detuvo sus caballos y luchó, unos montados y otros desmontados, ocupando sus lugares entre la infantería. En estas condiciones, la caballería de Filipo, no habituada a un combate estático, no resultó enemiga para la caballería romana, y su infantería, entrenada para escaramucear en orden abierto y sin la protección de la armadura, estaba a merced de los vélites, que con sus espadas y escudos estaban igualmente preparados para la defensa como para el ataque. Incapaces de sostener el combate, se retiraron a la carrera a su campamento, confiados solo en su velocidad.” Livio 31, 35.

Representación de la batalla
 de Ilipa (206 a.C.)
La misión de la caballería romana (al igual que la gran mayoría en esta época) era la de hostigar al enemigo mientras se desplegaba la infantería de línea, para luego situarse en los flancos o en reserva. En Italia, sin grandes estepas o llanuras, el combate cerrado era prácticamente inevitable y por tanto la táctica (y, por tanto, el armamento) iba enfocada a ello.

Una vez iniciado el combate, sí que es cierto que era frecuente que los jinetes desmontaran, bien porque se veían inferiores a la caballería enemiga, como en Ausculum (279 a.C.), bien por falta de espacio, como en Cannas (216 a.C.), o también debido a que la línea de infantería enemiga resistía todos los choques, como contra los hérnicos (362 a.C.). Incluso, como una táctica plenamente preestablecida, podía desmontar tan solo una parte de la caballería, combinando el combate montado y a pie, como en Tesino (218 a.C.) o, como ya hemos visto, contra Filipo V cerca de Ateo (199 a.C.). Sin embargo, el hecho de que se mencione cuando desmontaban es síntoma de que no era lo más habitual. Si bien es cierto, la carencia de armadura durante los primeros siglos facilitaba montar y desmontar de los caballos, y a la vez es síntoma de un modo de lucha más enfocado a la escaramuza que a un combate cerrado y, quizás, un origen (Ss. VII-VI a.C.) como infantería aristócrata montada, siendo el caballo un símbolo de prestigio y no un arma.

Combinar caballería con infantería ligera parece que empezó a usarse en algún momento del S. III a.C., antes de la Segunda Guerra Púnica, ¿quizás por influencia de Pirro? Al principio, estudiando las fuentes, parece ser que se usaba más para las escaramuzas, sirviendo la infantería ligera como “refugio” a la caballería entre carga y carga, a la vez que permitía un avance rápido que hubiera sido imposible usando infantería de línea. Posteriormente, a partir de finales del S. III a.C., los textos empiezan a mostrar cada vez más a la caballería y la infantería ligera actuando conjuntamente en batallas campales. Así vemos como esto se da con excelentes resultados en Ilipa (206 a.C.) y Ateo (199 a.C.). Una variante, muy curiosa, consistió en montar dos hombres en un mismo caballo, de modo que, una vez estuviera cercano el combate, uno de ellos desmontara para formar una línea de infantería. Esto se realizó en el asedio de Capua (211 a.C.) creando gran confusión entre los campanos[15] y logrando la victoria sobre una caballería que hasta entonces se había mostrado muy superior.

Pese a todos estos ejemplos, la táctica principal, durante todo el periodo republicano, era la de cargar frontalmente contra el enemigo para luego girar y volver sobre sus pasos y repetir una nueva carga. Existen numerosos relatos en las fuentes en la que los jinetes romanos cargan frontalmente contra la caballería e incluso la infantería enemigas, como en 357 a.C. en una batalla contra los galos; en Monte Gaurus (342 a.C.) de forma fallida contra los samnitas; en Sentium (295 a.C.) cuando, tras dos cargas fallidas, penetraron demasiado en una tercera y fueron derrotados por los carros galos; en Aquilonia (293 a.C.) o en la sublevación de Indíbil (205 a.C.) cuando cargan desde la retaguardia pasando entre las filas de infantería que se habían abierto a tal fin… Probablemente, para la Segunda Guerra Púnica, las tácticas de carga de caballería romana se habían mejorado enormemente. Como hemos apuntado antes, el armamento había evolucionado y las fuentes, aunque parcas en descripciones precisas, parecen apuntar a ello. Éxitos destacables de la caballería durante el último periodo republicano son la batalla de los Grandes Llanos (203 a.C.), Zama (202 a.C.) y Magnesia (190 a.C.)

Una particular técnica romana era una impetuosa carga sin bridas, para borrar toda restricción, y estimulando con ardor a las monturas, para que nada resistiera el choque. En 325 a.C. rompen así una línea de infantería samnita, tras haber fracasado muchas cargas convencionales. En 180 a.C. se usa de nuevo en Hispania, pero las fuentes recuerdan que ya para entonces era inusual y desfasado.


Conclusiones. La verdadera eficacia en el campo de batalla

Con frecuencia se ha acusado a la caballería romana de poco eficaz, contando con una capacidad combativa muy inferior a la de sus rivales y muy inferior a la de su propia infantería. A primera vista esto puede resultar algo extraño, pues se trataba de nada más y nada menos que de la élite de la sociedad romana, una clase social cuyas ocupaciones principales eran la política y la guerra.

Siguiendo los relatos que nos han dejado las fuentes, en muchas ocasiones vemos como es la infantería la que lleva el peso principal de la batalla y que, sobre todo al principio del periodo republicano, la caballería solo actúa en ocasiones puntuales. Como dijimos anteriormente, Livio, en su retrato del ejército romano de 341 a.C., apenas hace referencia a la caballería y sin embargo hace una descripción bastante pormenorizada de las fuerzas de a pie. Además, con las reformas de Mario, ya a finales del periodo republicano (107 a.C.) la caballería romana se fue eliminando totalmente del ejército romano, reclutándose ahora caballería auxiliar de aquellas regiones donde actuaran las legiones. Todo esto, sumado a los reveses sufridos durante la Guerra de Aníbal, quizás el evento más conocido y vistoso de la historia republicana de Roma, crea un ambiente desfavorable para la caballería romana en cuanto a su importancia y eficacia en el campo de batalla.

Pero dejando a un lado estas impresiones subjetivas, vamos a intentar analizar las actuaciones de los equites de la forma más imparcial posible.

En la siguiente tabla se muestra una lista detallada (aunque no exhaustiva) de las acciones más destacables de la caballería romana durante toda la República. En esta se ha intentado distinguir las operaciones realizadas tan solo por la caballería romana o, al menos cuando esta ha actuado en conjunción con la caballería aliada itálica. De igual modo, en los enfrentamientos citados solo se enumera a los enemigos que hicieron frente a aquella caballería, no el total de efectivos (montados o a pie) del ejército al completo. Por otro lado, el resultado expuesto se refiere al de las operaciones de caballería, no al resultado final y total de la batalla o escaramuza en cuestión. Por último, también es necesario aclarar que no se han tenido en cuenta aquellos enfrentamientos en la que una emboscada supusiera una clara ventaja para uno de los contendientes.

Batalla
Romanos
Enemigo
Táctica
Resultado
Contra los hérnicos (362 a.C.)
¿300 jinetes romanos?
¿? Hérnicos (¿sólo infantería?)
Carga de caballería, al fracasar, combate desmontado
Indeciso
Contra los galos (357 a.C.)
¿200 jinetes romanos?[16]
¿? galos
Carga
Victoria
Monte Gaurus (342 a.C.)
¿300 jinetes romanos?
¿? samnitas
Carga
Indeciso
Inbrinio (325 a.C.)
¿? Jinetes romanos e itálicos
¿? samnitas
Cargas repetidas sin resultado, luego carga sin frenos
Victoria
Sutrio (310 a.C.)
¿? Jinetes romanos e itálicos
¿? Infantería etrusca
Persecución de enemigo en huída
Victoria
Sentium (295 a.C.)
¿1.200? Jinetes romanos
¿? Jinetes galos y carros de guerra
Carga
Derrota
Ausculum (279 a.C.)
8.000 jinetes romanos e itálicos
7.000 jinetes epirotas, griegos, tarentinos y samnitas
Combate desmontado[17]
Indeciso
Mesina (264 a.C.)
¿? Jinetes romanos e itálicos
¿? Jinetes siracusanos
¿?
Derrota
Enfrentamiento previo a la batalla de Agrigento (261 a.C.)
¿600 jinetes romanos + 1.800 jinetes itálicos?
¿3.000 jinetes númidas?
Persecución[18]
Derrota
Río Bagradas (255 a.C.)
500 jinetes romanos e itálicos
2.000 jinetes númidas + 2.000 jinetes cartagineses y libiofenicios
¿?[19]
Derrota
Telamón (225 a.C.)
1.200 jinetes romanos + 2.000 jinetes itálicos
¿3.000 jinetes galos?
Carga ¿posterior combate a pie?[20]
Victoria
Cruce del Ródano (218 a.C.)
300 ¿+ auxiliares galos?
500 jinetes númidas
Avanzadilla de exploración
Victoria
Tesino (218 a.C.)
900 jinetes romanos + 2.700 itálicos + 2.000 jinetes galos + 7.200 infantería ligera
2.000 jinetes hispanos + 4.000 jinetes númidas
Combinación de combate montado y desmontado[21]
Derrota
Trebia (218 a.C.)
1.000 jinetes romanos + 3.000 jinetes itálicos aproximadamente
2.000 jinetes hispanos + 4.000 jinetes galos + 3.500 jinetes númidas + 450 jinetes libiofenicios + 8.000 infantería ligera
¿Carga?
Derrota
Cannas (216 a.C.)
1.500 jinetes romanos
2.000 jinetes hispanos + 4.000 jinetes galos + 450 jinetes libiofenicios
Choque frontal, posteriormente combate desmontado[22]
Derrota
Dertosa (215 a.C.)
600 jinetes romanos + 400 jinetes hispanos
450 jinetes libiofenicios + 300 jinetes ilergetes + 10 elefantes
¿?
Indeciso
Ilipa (206 a.C.)
3.000 jinetes romanos e itálicos + 4.000 vélites
2.000 jinetes hispanos + 2.000 jinetes númidas + 32 elefantes
Combinación de carga de caballería e infantería ligera
Victoria
Sublevación de Indibil (205 a.C.)
3.000 jinetes romanos e itálicos
4.000 jinetes hispanos + infantería de línea
Carga[23]
Victoria
Galia Padana (203 a.C.)
¿1.000? jinetes romanos
1.800 jinetes númidas + 7 elefantes (en reserva)
Carga[24]
Victoria (gracias al apoyo de la reserva de infantería)
Grandes Llanos (203 a.C.)
600 Jinetes romanos y 1.800 itálicos
¿? Númidas (probablemente número similar o superior)
Carga[25]
Victoria
Escaramuza de Ateo (199 a.C.)
700 jinetes romanos e itálicos + 700 vélites
700 jinetes macedonios+ 700 infantes ligeros
Combinación de combate montado y desmontado
Victoria
Magnesia (190 a.C.)
570 jinetes romanos + 1.710 jinetes itálicos + 800 jinetes de Pérgamo + 4.000 infantes ligeros
3.000 catafractos +  1.000 jinetes ligeros sirios, frigios y lidios + cuadrigas + arqueros montados en dromedarios + 2.500 jinetes galogriegos + caballería tarentina + 1.000 jinetes neocretes + 1.500 jinetes carios y cilicios + 8.000 infantes ligeros + 16 elefantes
Carga tras un ataque de infantería ligera
Victoria
Calicino (171 a.C.)
2.000 jinetes romanos e itálicos + 1.000 jinetes de Pérgamo + 500 jinetes etolios + 300 jinetes ilirios
4.000 jinetes macedonios
¿?
Derrota
Corinto (146 a.C.)
3.500 jinetes romanos e itálicos
600 jinetes aqueos
Carga[26]
Victoria

La caballería romana siempre se mostró superior a la de sus vecinos cercanos. En una región donde el relieve agreste es lo habitual, escaseando las llanuras donde se pueda desarrollar una caballería numerosa y bien entrenada. Esto no impedía que se desarrollaran jinetes armados, pero si que su coste convirtiera al caballo en un animal de extremo privilegio, siendo además su pérdida una grave tragedia que dificultaba el arriesgarlo en el campo de batalla. Así pues, ni sabinos, ni volscos, ni ecuos o hérnicos eran rivales para una Roma que dominaba la estrecha llanura Pontina. Muestra de la calidad de la caballería romana, pese a su inicial liviano armamento, es que incluso salía bien parada de cargas frontales contra la infantería. Es cierto que el modo de lucha de estos primeros rivales, más inclinados a la escaramuza que a la batalla campal, los hacía débiles en estas lides. Aún así, es destacable que, según las fuentes, la victoria en muchas batallas la inclinaban los jinetes romanos.

Muchas más dificultades tuvo contra galos y campanos, los primeros por estar en inferioridad numérica y los segundos por la gran calidad de su caballería, considerada por las fuentes antiguas como la mejor de la península itálica. De las referencias a la caballería samnita y etrusca pocas conclusiones se pueden sacar, pero parece ser que la caballería romana se mostraba igualmente superior por las mismas razones que con los demás pueblos osco-umbros.

Llegados a este punto, finales del Siglo IV a.C., con toda la escasez de datos y su fiabilidad que nos han dejado las fuentes, podemos afirmar que, en general, la caballería romana se mostró considerablemente a la de casi todos los demás pueblos italianos.

Es aquí cuando hacen aparición una gran cantidad de enemigos extranjeros, con sus propias tácticas y armamentos de caballería. El primer choque se da contra Pirro de Epiro, que traía consigo la prestigiosa caballería macedónica y molosa. Las fuentes nos muestran como los romanos tuvieron gran respeto y prudencia para enfrentarse a ellos, pero, en contra de los prejuicios, los combates nunca se inclinaron de forma decisiva ni para unos ni para otros. Los jinetes romanos, con tácticas muy distintas a las de sus rivales helenos, demostraron estar a la altura.

Capitulo a parte son las Guerras Púnicas. Cartago siempre pudo nutrirse con abundante caballería númida y libia, además con elefantes, un animal que producía un enorme pánico a los caballos que no estaban acostumbrados a su olor y a su barrito. Nada más iniciado el primer enfrentamiento contra los púnicos, la caballería romana es derrotada por la prestigiosa caballería siracusana, algo que fue sintomático de todo el conflicto, habida cuenta de lo dificultoso que era transportar monturas en las estrechas embarcaciones de la época. Las fuentes siempre dieron cuenta de la prudencia que mostraron los romanos en combatir en extensas llanuras, donde la más numerosa caballería enemiga podría maniobrar con facilidad y superar a los escasos jinetes romanos. Claro ejemplo de esto es la Batalla del Río Bagradas, en la que la caballería de Atilio Regulo fue totalmente barrida por númidas y cartagineses, que tenían una ventaja numérica de 8 a 1.

Sin embargo, siempre que la caballería romana se enfrentaba en igualdad de condiciones a sus enemigos de los ejércitos púnicos (galos, hispanos o africanos), corría una mejor suerte. Ejemplos de este hecho son el enfrentamiento en las bocas del Ródano (218 a.C.) o la batalla de Dertosa (215 a.C.). El vuelco definitivo se produce mediada la Guerra contra Aníbal, cuando el general cartaginés empieza a perder la ventaja táctica que le había dado al inicio del conflicto el mayor tamaño de su caballería: en Tebia (218 a.C.) 2,5 a 1, en Cannas (216 a.C.) 1,6 a 1. A partir de entonces los enfrentamientos se decantan normalmente del lado romano, siendo prueba de que las derrotas se daban, sobre todo, por una cuestión de cantidad y no de calidad, aunque el factor moral también tuviera una gran repercusión, además de la evolución de las tácticas de caballería que realizó, sobre todo y según las fuentes, Escipión el Africano.

Me parece necesario hacer aquí un pequeño inciso para ver la proporción normal de caballería en los ejércitos de la época. El de Alejandro Magno, teniendo en cuenta que la caballería era un arma decisiva en sus tácticas, suponía un 14-15% del total de sus hombres. El ejército de Aníbal contaba en Cannas con una proporción mucho mayor, nada más y nada menos que un 20% del total eran jinetes. En la batalla de Rafia (217 a.C.) la caballería de los ejércitos helenísticos enfrentados rondaban el 8%.

Una vez derrotados los púnicos y con los reinos helenísticos en claro declive, la caballería romana no tuvo rival en todo el Mediterráneo. De todas las grandes batallas del Siglo II a.C., Cinoscéfalos (197 a.C.), Pidna (168 a.C.) y Pidna (148 a.C.), tan solo en Magnesia (190 a.C.) el enfrentamiento de caballerías es destacable y determinante. En este panorama de pequeños enfrentamientos y escaramuzas, que se prolonga a las guerras de Hispania y la Guerra de Yugurta, la caballería romana combina victorias y derrotas, pero llegando estas más por encontrarse en situaciones muy desfavorables ante una emboscada que por cualquier otra cuestión.

Representación de jinetes romanos acompañados por un vélite durante la Segunda Guerra Macedonica.


Como vemos, a lo largo de toda la República, la caballería romana se muestra en unas condiciones de igualdad e incluso superioridad con respecto con sus rivales. Tan solo caballerías de renombrado prestigio como la siracusana y la campana fueron claramente superiores, y solo hasta que los romanos, siempre en constante evolución militar, aprendieron a sobreponerse. La Guerra de Aníbal ha supuesto un duro golpe para la apreciación de las capacidades de la caballería romana, deformando la realidad, sobre todo teniendo en cuenta que estas derrotas se dieron debido a la inferioridad numérica ante un ejército con una proporción extraordinariamente alta de jinetes para aquella época.



Autor: Alejandro Ronda



Estatua de Polibio, una de las fuentes principales
para este trabajo.
Bibliografía antigua:
-Polibio de Megalópolis; Historia General.
-Tito Livio; Historia de Roma.
-Plutarco; Vidas Paralelas.
-Apiano de Alejandría; Anibálicas.
-Apiano de Alejandría; Hispánicas.
-Apiano de Alejandría; Púnicas.
-Apiano de Alejandría; Sirias.
-Julio César; La Guerra de las Galias.
-Dionisio de Halicarnaso; Antigüedades romanas.
-Zonaras; Epítome.
-Frontino; Estratagemas.
-Lucilio; Sátiras.
-Pausanias; Descripción de Grecia.
-Dion Casio; Historia Romana.
-Diodoro Sículo; Biblioteca Histórica.
-Jenofonte; Sobre la caballería.
-Jenofonte; Hipárquico.

Bibliografía moderna:
-Duncan Head; Armies of the Macedonian and Punic Wars.
-Fernando Quesada; La alzada del caballo antiguo.
-Fernando Quesada; Aristócratas a caballo y la existencia de una verdadera caballería en la cultura ibérica: dos ámbitos conceptuales diferentes.
-Fernando Quesada; Armas de Grecia y Roma.
-Varios Autores; Técnicas Bélicas del Mundo Antiguo.
-L. Keppie; The making of the roman army.
-E. Gabba; Republican Rome: the army and allies.
-J. B. McCall; The cavalry of the Roman Republic.
-Karen R. Dixon y Pat Southern; The roman cavalry.
-Philip Sidnell; Warhorse, Cavalry in Ancient Warfare.
-Nic Fields; The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC.
-S. Northwood; Early Roman Army.
-Nick Secunda; Republican Roman Army 200-104 BC.
-Adrian Goldsworthy; La caída de Cartago: Las Guerras Púnicas, 265-146 a.C.
-J. F. Francis Lazenby; The First Punic War.
-J. F. Lazenby; Hannibal’s War, A military history of the Second Punic War.
-Peter Connolly; Greece and Rome at war.
-Peter Connolly; Aníbal y los enemigos de Roma.







[1] Por ejemplo para el año 616 a.C. (1, 37): “En esa batalla, la caballería se distinguió especialmente. Fueron situados en cada ala, y cuando la infantería en el centro estaba siendo obligada a retroceder, se dice que hicieron tan desesperada carga por ambos lados que no sólo detuvieron a las legiones sabinas que estaban presionando a los romanos en retirada, sino que las pusieron inmediatamente en fuga.”
[2] Dionisio de Halicarnaso (6, 18’ 1) y Livio (1, 43).
[3] Al principio, los romanos utilizaban el escudo redondo grande llamado clípeo; más tarde, cuando los soldados recibieron un salario, fue adoptado el escudo oblongo, más pequeño, llamado scutum. La formación en falange, similar a la macedonia de los primeros días, fue abandonada en favor de la formación en manípulos; la parte posterior se dividió en unidades más pequeñas y cada una tenía sesenta hombres, con dos centuriones y un portaestandarte. La línea más importante estaba compuesta por los asteros, dispuestos en quince manípulos y formados a corta distancia unos de otros. Uno de estos estaba formado por veinte soldados armados a la ligera y los demás portando el scutum; los llamados ligeros llevaban una lanza larga (asta) y varias jabalinas cortas de hierro. Esta línea de vanguardia la formaban los jóvenes en la flor de la juventud, justo al cumplir la edad suficiente para el servicio. Tras ellos forma un número igual de manípulos, llamados príncipes, compuestos por hombres en su pleno vigor vital, todos portando scutum y equipados con panoplia completa. Esta formación de treinta manípulos era llamada los antepilanos. Detrás de ellos estaban los estandartes bajo los que formaban quince manípulos, divididos en tres filas, cada una con su vexillum; a las primeras se las llamaba pilum; cada vexillum estaba dividido en tres unidades con sesenta hombres, dos centuriones y un portaestandarte con su vexillum, en total ciento ochenta y seis hombres. El primer estandarte era seguido por los triarios, veteranos de probado valor; el segundo por los rorarios, hombres de menor habilidad por su edad y disposición; al tercero lo seguían los accensi, de los que menos se esperaba y que, por tanto, se situaban en la línea más retrasada.
Cuando quedaba dispuesta la formación de batalla del ejército, los asteros eran los primeros en combatir. Si no lograban rechazar al enemigo, se iban retirando lentamente a través de los intervalos entre las unidades de los príncipes, que se hacían cargo entonces del combate con los asteros siguiéndoles por detrás. Los triarios, entre tanto, descansaban con una rodilla en tierra, bajo sus estandartes, con sus scuta sobre sus hombres y sus lanzas clavadas en el suelo con las puntas hacia arriba, haciéndoles parecer una valla erizada. Si los príncipes tampoco tenían éxito, se retiraban lentamente hasta donde los triarios, lo que ha dado lugar al dicho proverbial, cuando la gente está en grandes dificultades, de "han llegado las cosas hasta los triarios". Una vez que los triarios habían dejado pasar por los intervalos que separaban sus unidades a los asteros y príncipes, se alzaban de su postura de rodilla en tierra y cerraban inmediatamente la formación, bloqueando el paso a través de ellos y, formando una masa compacta, caían sobre el enemigo como última esperanza del ejército. El enemigo, que había seguido a los otros como si los hubieran derrotado, veía con espanto un nuevo y mayor ejército que parecía que se alzara de la tierra. Se alistaban, por lo general, cuatro legiones, cada una de cinco mil hombres, asignándose a cada legión trescientos de caballería. Una fuerza de igual tamaño solía ser suministrada por los latinos que ahora, sin embargo, eran hostiles a Roma.” 
[4] […] el sistema antiguo era elegir la caballería después de los cuatro mil doscientos infantes, pero ahora optan por ellos en primer lugar, el Censor los selecciona en función de su riqueza; y trescientos son asignados a cada legión.
[5] Estos números se adecúan a la legión “ideal” explicada en las fuentes antiguas, sin embargo, estos podrían variar conforme a las necesidades, sobre todo los contingentes de infantería y caballería aliados. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Púnica se incrementó el número de la caballería para poder enfrentarse a Aníbal en igualdad de condiciones.
[6] Polibio 6, 25’ 1-2.
[7] Polibio 6, 20’ 9.
[8] De hecho, es en el 403 a.C. cuando tenemos la primera referencia a un uso de la caballería como tal, siendo Livio (5, 7’ 13) el que nos informa que en ese año se empezó a dar una paga para la caballería.
[9] Por su parte, los jinetes aliados itálicos recibían 70 litros de trigo y 250 de cebada; y los infantes 35 litros de grano.
[10] Polibio 6, 19’ 2.
[11] César 1, 42.
[12] Existe también el altar de Domicio Ahenobarbo, en el que se muestra claramente a un jinete con cota de malla, aunque este monumento es de muy finales del S. II a.C. Pese a que escapa del periodo que estudiamos, no debemos despreciar su utilidad, ya que nos hace ver que en algún momento la coraza se hizo habitual entre los équites.
[13] Este tipo de escudo aún se mostraba en las monedas de época de Augusto.
[14] Livio 26, 51 y Polibio 10, 20.
[15] Esta es la primera vez en la que Livio (26, 4’ 4-8) nombra a los vélites, siendo estos los infantes que desmontan de los caballos justo antes de iniciar el combate.
[16] Si aceptamos que para la época el ejército romano contaba con 300 jinetes en total y que el dictador Cayo Sulpicio había escondido a 100 jinetes junto a un millar de acemileros armados (Livio 7, 14’ 6-8), este bien podría haber sido el número, quizás repartido en dos alas de 100 jinetes.
[17] Dionisio 20, 2’ 1-2: La caballería estacionada en ambas alas, sabiendo de antemano en qué tácticas tenía ventaja sobre el enemigo, recurrió a esas tácticas, los romanos a una mano a cuerpo, combate estacionario, y la caballería griega al que flanquean y desplegar maniobras. Los romanos, cuando fueron perseguidos por los griegos, se giraron sobre sus caballos, y controlando las riendas, lucharía una batalla de infantería; los griegos, cuando percibieron que los romanos eran sus iguales en combate, se desviaban a la derecha y contramarchaban una vez tras otra, y giraban sobre sus caballos, para, una vez más, mirar hacia adelante, y aplicaban las espuelas, cargaban contra las filas enemigas.”
[18] Polibio 1, 19’ 3-4: “Los númidas, que actuaron conforme a estas órdenes, avanzaron hasta a uno de los campamentos y la caballería romana a su vez les salió al paso y audazmente los atacó.  Los libios se retiraron como le habían ordenado hasta que se unieron al ejército de Hannón y luego, girando alrededor y rodeando al enemigo, los atacaron, matando a muchos y persiguiendo al resto hasta el campamento.
[19] Polibio 1, 34’ 3: “Como la caballería romana en ambas alas se puso rápidamente a la fuga debido a la superioridad numérica de los cartagineses.”
[20] Polibio 2, 28’ 10: “Al principio de la batalla fue confinado a la colina, todos los ejércitos que miran en él, tan grande era el número de la caballería de cada bando luchó allí atropelladamente. En esta acción Gayo, el cónsul, cayó en la refriega luchando con valor desesperado, y su cabeza fue llevado a los reyes celtas; pero la caballería romana, después de una lucha tenaz, largamente dominaron al enemigo y ganó la posesión de la colina.”
[21] Polibio 3, 65’ 11: “La caballería se reunió frente a frente y durante algún tiempo mantuvieron una competencia equilibrada, el compromiso de ser tanto una caballería e infantería uno, debido al número de hombres que desmontables durante su progreso. Sin embargo, cuando los númidas flanquearon a los romanos y se los llevaron en la parte trasera, los jabalineros a pie que tenían en un principio escaparon de la carga de la caballería ya fueron montados por el número y la fuerza de la númidas, mientras que la caballería, que desde el principio se había enfrentando a los cartagineses, después de sufrir grandes pérdidas y causando aún mayor sobre el enemigo, siendo ahora atacada por los númidas también en la parte trasera, irrumpieron en el vuelo, la mayoría de ellos la dispersión en cada dirección,  pero algunos se reunieron alrededor del Cónsul”.
[22] Tito Livio 22, 47’ 1-3: “[…] después se produjo el choque entre el ala izquierda de los jinetes galos e hispanos y el ala derecha romana, sin atenderse en absoluto al estilo de lucha de la caballería, pues tenían que chocar de frente porque no había quedado alrededor ningún espacio para evolucionar y por un lado los cerraba el río y por el otro las líneas de infantería. Todos sus esfuerzos se dirigían al frente, sin dar un paso y apelotonados por último los caballos en tropel, y agarrándose hombre a hombre trataban de derribarse de los caballos. El combate se había vuelto ya en gran medida una lucha a pie; fue, sin embargo, una pelea más denodada que prolongada, y los jinetes romanos, rechazados, volvieron grupas.”
[23] Livio 29, 2’ 12-13: “Apenas había dicho esto cuando la caballería romana, cargando por en medio del enemigo, puso en desorden a su infantería y, al mismo tiempo, impidió el paso de los jinetes hispanos. Estos, al verse incapacitados para actuar como caballería, desmontaron y combatieron a pie.”
[24] Livio 30, 18’ 5-6: “Como el procónsul aceptaba el cometido que el pretor quisiese, el pretor Quintilio con su hijo, un joven animoso que se llamaba Marco, se dirigió hacia los jinetes, les ordenó montar sobre sus caballos y los lanzó de improviso sobre el enemigo. La infantería sumó su grito de guerra potenciando el fragor de la caballería, y el frente enemigo no habría resistido si Magón, al primer avance de la caballería, no hubiera puesto en acción a los elefantes que tenía preparados.”
[25] Livio 30, 8’ 6-7: “Sífax y Asdrúbal colocaron la caballería númida frente a la italiana, y la caballería cartaginesa se enfrentó a Masinisa mientras los celtíberos formaban en el centro para enfrentarse a la carga de las legiones. Con esta formación se aproximaron. Los númidas y cartagineses de ambas alas fueron derrotadas al primer choque; los primeros, que eran en su mayoría campesinos, no pudieron resistir a la caballería romana, como tampoco pudo la cartaginesa, compuesta también por reclutas.”
[26] Pausanias 7, 16’ 3: “Pero cuando Mummio avanzó a su encuentro, el caballo aqueo a la vez dieron a la fuga, sin esperar siquiera la primera carga de la caballería romana.”

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