martes, 24 de abril de 2018

ROMA POTENCIA, 290-281 a.C. Hegemonía romana tras la 3ra Guerra Samnita.

Con el presente trabajo pensamos llenar un vacío en la historiografía romana en la que los hechos aquí relatados no suelen encontrar espacio. Finalizada la 3ra Guerra Samnita, Roma estrena su rol de potencia entre los pueblos de la Italia Antigua y encara un nuevo desafío, el control total de la península itálica. Mientras tanto, del otro lado del mar, un famoso rey helenístico pone en marcha sus más profundos sueños imperialistas. Ambos intereses que terminarán colisionando y provocando uno de los conflictos más interesantes de la antigüedad.




Introducción.
Con la tercera Guerra Samnita (298 – 290 a.C.) llegando a su fin, Roma estrenaba su nuevo rol de potencia emergente en la península Itálica. Estatus evidentemente alcanzado tras la 2da Guerra Samnita, pero que, con esta tercera guerra, en contra del pueblo de Italia que tal vez más dolores de cabeza le trajeron a la Loba, es cuando finalmente podemos decir que Roma confirma su rol de gran potencia militar de toda la península.
Etruscos, galos, samnitas y lucanos, serán derrotados sin atenuantes, todos juntos o por separado, y obligados a reconocer la hegemonía romana en la península con sendos tratados de paz. Se fundarían colonias en los territorios enemigos. La colonia Venusia en Apulia, territorio Samnita (291 a.C.), Hadria será fundada en Etruria (289 a.C.), y más tarde Sena Gallica (283 a.C.) en territorio de los galos Senones. Y el censo de 289 a.C. arrojaba que Roma contaba con 272.000 ciudadanos en un alarde de vitalidad para la gran ciudad del Lacio [1].
En el año 290 a.C. encuentra la muerte el gran héroe de la guerra contra los Samnitas: Quinto Fabio Máximo Ruliano. Cinco veces Cónsul, y protagonistas de cantidad de triunfos sobre los enemigos de Roma. Pero, sobre todo, gran responsable de la importantísima victoria de la batalla de Sentino (295 a.C.) en la que Roma tuvo que enfrentar los ejércitos combinados de Etruscos, Galos, Samnitas y Umbros. Sin embargo, el mismo año, hace su aparición un nuevo héroe para los Romanos y gran protagonista del último año de guerra contra los Samnitas (290 a.C.), cuya rutilante victoria determinará, además, el final de la guerra [2]: Manio Curio Dentato, quien fuera elegido Cónsul ese año junto a Publio Cornelio Rufino.
Una guerra que había durado cuarenta y nueve años, según nos cuenta Eutropio. Y que además dejaba claro, también en palabras de este historiador romano, que ya no “había ningún enemigo en Italia que pusiera más a prueba el valor de los romanos” [3] (aunque esto no privó a los romanos de conflictos). Y agrega Polibio “Su lucha con los samnitas y los celtas los había convertido (a los romanos) en verdaderos maestros en el arte de la guerra” (Polibio 1.6,7).
A la victoria de Manio sobre los samnitas, le siguió otra contra los sabinos, también el 290 a.C [4]. Según cuenta Floro, los Sabinos reunieron un gran ejército y se dirigieron contra Roma. El ataque sería traicionando la antigua “relación formada bajo Tito Tacio” (Floro 1.10, 1-3), el legendario rey Sabino que compartió el trono de Roma con Rómulo (inaugurando la Diarquía en dicha ciudad) [5]. Pero Manio eludió el combate y, dividiendo su fuerza en dos, lanzó una de ellas sobre el territorio de los Sabinos para arrasarlo completamente (pues estaba desprotegido). Las fuerzas sabinas fueron de esta forma repelidas sin combatir. Pues retornaron (evidentemente tarde) a su territorio para encontrarlo en gran parte destruido al punto de, según Floro, quedar irreconocible. Los sabinos se rindieron [6], su ejército desarmado, y su territorio parcelado [7]. No todas fueron malas, le será otorgada la ciudadanía romana, aunque sin posibilidad de sufragio [8].

Guerreros Samnitas. Fresco de la Tumba en Nola, siglo IV a.C.

Estas victorias contra Samnitas y Sabinos, le permitieron a Manio Dentato celebrar sendos triunfos en Roma (uno por cada pueblo derrotado) y perfilarse como una figura de peso en la política romana, no solo por sus dotes militares, sino también por su carácter y severidad (ver cuadro aparte). El futuro próximo le deparará nuevos éxitos.
Es así como Roma disfrutará de algunos años de paz. Al menos en lo que hace a su relación con los otros pueblos de Italia, puesto que no se verá libre de agitaciones internas (ver cuadro “Conflicto Social del 287 a.C.). Hasta que el año 285 a.C. la guerra tocó las puertas de Roma nuevamente.
Pero no nos adelantemos, hace falta contar algunos eventos, incluso ajenos a los asuntos de Roma, pero que son necesarios para entender los eventos futuros.



Grabado de Pirro de Epiro
Mientras tanto Pirro.
El año 289 a.C. es el año del inicio de las campañas de Pirro (rey de Epiro) en Macedonia. El joven epirota llevaba adelante su segundo reinado (recordemos que había sido expulsado de Epiro por Casandro en 302 a.C., trono que recupera algunos años después [9]) y daba fundamento a sus mayores ambiciones de poder y grandeza con la invasión de Macedonia (y posterior conquista). Primero en apoyo de Alejandro (tras la muerte de Casandro sus hijos Antípatro y Alejandro se disputaron el reino) y luego en disputa con Demetrio Poliorcetes. Guerras en las que obtuvo sendas victorias que lo ubican como uno de los personajes más influyente de toda Grecia [10].
Su hegemonía en Macedonia no duraría mucho. Pirro sería expulsado en 285 a.C., cuando es reemplazado por Lisímaco en el trono de Macedonia [11]. El año 284 a.C. será un año raro para Pirro, ausente de su reino este se verá invadido por los macedonios (acción que puede considerarse como consecuencia de su expulsión el año anterior) ¿Dónde estaba Pirro? No tenemos información. Es más, por dos años las fuentes guardan silencio en cuanto al inquieto rey del Epiro. Ínterin que suponemos utilizó para restablecer su posición.
Y llegamos entonces al 281 a.C. con Pirro repuesto en su trono y, por lo que se ve, bastante aburrido. Pero el destino le dará una nueva oportunidad para dar rienda suelta a su espíritu aventurero. Es el año de su campaña contra la isla de Córcira (Kórkira, actual Corfú). Campaña en la que fue asistido por una flota de Tarento. La pujante ciudad helena de la magna Grecia. Pero también es el año en que Roma moviliza su ejército hacia el territorio tarentino. Pues el año anterior (282 a.C.) habían iniciado las hostilidades entre ambas metrópolis de la península itálica.
Reconociendo el riesgo que se corría, en Tarento deciden enviar una embajada al Epiro, solicitando una entrevista con el rey epirota, en la que ruegan sean socorridos ante la guerra que se declaraba contra Roma, el estado más poderoso de la península itálica. El argumento enarbolado para convencer al rey es el de la ayuda prestada en la campaña contra Córcira. No sabemos si Pirro sentía obligado o no a devolver el favor, pero si sabemos que no dudó en aceptar [12], y comienza sin más demoras el armado de la expedición que lo llevará a la península itálica en afán de conquista.
He aquí como el destino de la inquieta figura de Pirro de Epiro se cruza con la emergente Roma. Pero, ¿cómo llegamos a este punto? Retomemos el relato de los eventos en la península itálica para evacuar la pregunta.

Guerra con Etruria. A la izquierda guerreros Etruscos, y a la derecha guerreros romanos. Siglo III a.C

Guerra Etrusca.
Como anticipamos más arriba, el año 285 a.C. ofrecerá a Roma una nueva oportunidad de seguir pisando fuerte en Italia y mantener “ocupada” a su población. Por las Períocas de Tito Livio [13] tenemos la información de que dos ejércitos romanos se ven involucrado en combate contra Volsinii (ciudad de Etruria) uno de ellos, y contra los Lucanos el otro. Lamentablemente no tenemos detalles sobre dichas lides, pero se sobreentiende que la victoria correspondió a los romanos.
Ambos combates podrían indicar los últimos coletazos de la tercera Guerra Samnita. Pero la información por Plinio el Viejo de que los habitantes de Turios [14], ciudad de la Magna Grecia fundada por atenienses en el 444 a.C. [15], dedicaban una estatua de oro al tribuno Cayo Elio, da a entender que la intervención romana en Lucania podría responder a una posible llamada de socorro de la mencionada ciudad griega, debido a dos ataques sufridos en su territorio por parte de los lucanos, dirigidos por un tal Esteno Estatilio [16]. Roma torcía la vista hacia el sur de Italia.  Sospecha que confirmaremos más adelante.
Como anuncia el título del capítulo, estos serán los años de guerra entre Etruria y Roma. A la batalla del 285 a.C. que mencionamos arriba, debemos agregar que entre los años 284 y 283 a.C., los romanos deberán hacer frente a varias coaliciones Etruscas con algunos pueblos Galos. Lucio Cecilio Metelo Denter será derrotado y muerto en Etruria por los Senones, cuando estos problemáticos galos sitiaban Arretio [17]. Muchos romanos serán tomados prisioneros por los galos. Aparentemente, la Batalla de Arretio (284 a.C.), de la que no tenemos detalle, seguramente abrió camino para una alianza entre estos galos y los Etruscos, a los que se sumaron también los Umbros. Y obligó a Roma a abandonar por el momento su interés por el sur de Italia.

Guerreros galos listos para la batalla.

Debemos decir que aquí las fuentes se ponen poco claras en cuanto a los responsables de las campañas, victorias y el año en que ocurrieron. Nuestro héroe, el cónsul Manio Curio Dentato será nombrado en reemplazo de Cecilio, suponemos que esto ocurre inmediatamente, es decir, en el 284 a.C. Y su primer paso fue remitir embajadores a los galos, con la intención de que estos bárbaros se atengan a los tratados (seguramente firmados tras la 3ra Guerra Samnita). Pero los embajadores serán asesinados [18]. Según cuenta Apiano, Britomaro, el líder de los Senones, argumentará que estas ejecuciones serán en venganza de la muerte de su padre, en manos de los romanos (aparentemente servía como mercenario para los etruscos en la campaña contra Volsinii). Y los romanos no dudarán entonces en atacar a fondo el “Ager Gallicus” y destruirlos completamente. Y aquí vienen nuestras dudas. Ocurre que no está claro si esta campaña fue acometida por Manio el mismo año (como parece afirmar Polibio [19]), o por Dolabela el año siguiente (según se entiende al leer a Apiano [20]).
Se suele indicar como responsable de las acciones que terminaron por aniquilar a los Senones, a Manio Curio Dentato. Pero es probable que, con la campaña de verano ya avanzada, y tras la dura derrota de las legiones romanas en Arretio, Manio solo tuviera tiempo y recursos que para hacer lo que sí estamos seguro que hizo: enviar una embajada a los galos. Por lo tanto, la campaña de castigo quedaría aplazada para el año siguiente.
Con el nuevo año consular (283 a.C.), Roma se dispone al castigo (aunque, repetimos, abandonando por el momento su interés por el sur de Italia). El cónsul Cneo Domicio Calvino Máximo es enviado a Etruria, mientras que Publio Cornelio Dolabela, el otro cónsul, atacaría directamente un desprotegido país de los Senones. Esto fue posible porque el ejército galo se encontraba con sus aliados en Etruria.
Enterados los Senones de que su país era arrasado, su primera reacción fue lanzarse junto a los etruscos directamente contra Roma. Pero sus operaciones no tuvieron resultados positivos. Y entonces, ahora sí, completamente desmoralizados, los galos se jugaron el todo por el todo en un temerario ataque a las legiones de Domicio. El resultado fue la completa destrucción del ejército galo de los Senones [21].
Una abrumadora derrota para este orgulloso pueblo celta. El mismo que había sido responsable de la derrota romana en la Batalla de Alia (390 a.C.) y el posterior saqueo de Roma, comandados por el legendario Breno. Ahora encontraban su país arrasado, sus pueblos destruidos y una enorme cantidad de muertes y prisioneros (entre ellos un hijo del propio Britomaro), que no dejó a los sobrevivientes otra opción más que la migración (probablemente se trasladaron al Danubio).
Los romanos fundarán la mencionada colonia Sena Gallica [22] donde anteriormente se levantaba la capital de los senones. Y comenzaron el reparto del territorio. Pero la paz en la región aún estaba lejos. Ocurre que los Boyos, otro pueblo celta de la Galia Cisalpina, al ver lo ocurrido a los Senones, y temiendo un destino similar, deciden aliarse con los Etruscos en contra de Roma. Pero la alianza es rotundamente derrotada por Dolabela en la batalla del lago Vadimo (283 a.C.). Al parecer, el sector de la línea que ocupaban los etruscos fue destrozado, mientras que los Boyos pudieron sostener el combate y salvar buena parte de su ejército.
Sin embargo, esta dura derrota, no amilanó el ánimo de estos dos pueblos. Puesto que al año siguiente (282 a.C.) volvieron a aliarse contra los romanos [23].

Mapa de situación. En azul, Roma y sus territorios. En azul claro, los territorios conquistados durante nuestro relato.

Victoria en todas partes.
Como anticipamos en el párrafo anterior, en el año 282 a.C., los romanos volverán a hacer la guerra a los Etruscos y los galos Boyos. Pero este año, Roma retoma su pospuesto interés por el sur de Italia. Mientras un ejército consular opera contra etruscos y galos, otro ejército romano operaba nuevamente a favor de la ciudad griega de Turios. A diferencia de los años posteriores al desastre de Arretio, ahora Roma podía volver a disponer de un ejército consular en dos teatros de operaciones distintos, y conseguía sendas victorias en algunas batallas que relataremos en lo subsiguiente. Pero antes debemos traer cierta información de relevancia.
Según Dion Casio (39,1) y Zonaras (8,2), los griegos de Tarento, comenzaban a ver con preocupación la injerencia romana en la zona (sur de Italia). Probablemente desde la intervención a favor de Turios en el año 285 a.C. y deciden operar en contra de Roma.
Informa Dion Casio que los tarentinos deciden enviar embajadas a los etruscos, umbros y galos (agrega Zonaras a los Samnitas) lo que provocaría que varios de ellos se levantaran en armas, “algunos inmediatamente y otros un poco más tarde”. Aunque se aclara expresamente que aún no intervenía con tropas propias, queda en evidencia el interés de Tarento en, probablemente, formar una coalición de pueblos de Italia en contra de Roma, y mantener a la Loba, alejada del sur de Italia. Y a partir de este momento, la tensión entre ambas metrópilis, irá in crescendo hasta desembocar en la guerra abierta (ver cuadro aparte).
Ahora sí, volviendo a la guerra con Etruscos y Boyos, Polibio informa que la victoria romana en el norte fue total (2.20,4- 21,1). Dichos pueblos fueron derrotados sin atenuantes. Cuenta el historiador de Megalópolis que, debido a la derrota del año anterior, los ocasionales aliados (aunque probablemente solo los etruscos) se vieron obligados a enrolar a hombres no dedicados a la guerra. El resultado fue otra aplastante derrota, esta vez, a manos del cónsul Quinto Emilio Papo.
Según informa Frontino en su Estratagema (Estrat.1.2.7), el cónsul romano pudo advertir a tiempo [24 ]que el ejército galo (unos 10mil guerreros) se ocultaba en un bosque cercano cuando aproximaba sus legiones a una llanura cercana a la ciudad de Vetulonia (Vatluna en lengua etrusca) ¡Los celtas preparaban una emboscada! Y dirigiendo su ejército directamente allí, consiguió la victoria contra unos abrumados galos que esperaban un combate en condiciones diferentes.
El andar de Roma era imparable. Las legiones romanas no encontraban rival en la península itálica. Los Etruscos, tras semejante paliza, se verán obligados a exigir la paz. Y de la Galia Cisalpina no bajará ningún otro ejército galo por lo menos hasta dentro de 50 años. Roma cubría el flanco norte por el momento. Pero el sur de Italia presentaba nuevos e interesantes desafíos.
Continuamos en el año 282 a.C. Mientras Emilio Papo aplastaba a galos y etruscos, el otro cónsul, Cayo Fabricio Luscino, operaba en Lucania, en favor de los griegos de Turios derrotando a lucanos y Brucios [25].
Las fuentes para esta batalla final son muy difusas, cuando prefieren entretenerse en aparentes hechos fantásticos (como la aparición de un “gigante” en el ejército romano transportando escaleras de asedio). Desconocemos si hubo batalla campal. Pero gracias a Plinio el Viejo sabemos que los Lucanos (que contaba con el apoyo de los Brucios) sitiaban la ciudad de Turios. Y Valerio Máximo y Amiano Marcelino [26], nos informan que las tropas romanas asaltaron el campamento de los Lucanos y los derrotaron. Al parecer, los Lucanos estaban una vez más bajo el mando de Esteno Estatilio. Quien, sin embargo, esta vez, será capturado durante la batalla.
Aparentemente la campaña en Lucania se extendió a Brucio. Y el cónsul romano tomaba y ocupaba diversas plazas de ambos pueblos del sur de Italia. Y los habitantes de Turios, despuntan su hobbie de erigir estatuas de oro a sus “salvadores” romanos. En este caso el beneficiado será, obviamente, el cónsul Fabricio [27]. Roma pisaba con fuerza el sur de Italia ya sin ocultar su visión de las cosas, como expresa Polibio (1.6,6), sentían que la península itálica les pertenecía, y actuaban en consecuencia.

Reconstrucción probable para Guerreros de Lucania. Se puede ver al infante de la izquierda portando el clásico escudo itálico oval.

Jinete Tarentino.
Provocaciones.
Tarento, la hermosa ciudad fundada por los lacedemonios, y “famosa por su tamaño, sus muros y su puerto, y admirada por su situación; por acostarse a la salida del Adriático desde donde envía sus naves a todas las tierras” (Floro 1.13,3-4) se puso en alerta con la victoria romana en Lucania.
Como decíamos más arriba, Dion Casio y Zonaras aducen que Tarento se venía involucrando directamente en los conflictos de Roma con los pueblos de Italia (Etruscos, Galos y Samnitas). Agregan estas fuentes que los tarentinos no tenían nada que temer de los romanos, y su comportamiento insolente provocó la guerra con ellos. Y como señalamos más arriba, para Polibio los romanos actuaban como si la península itálica les perteneciera.
Las tensiones entre ambas metrópolis iban en aumento, y la guerra parecía inevitable. Según Dion Casio (DioCass fr.39,1-3) los romanos conocedores de las operaciones de Tarento en favor de los enemigos de Roma, deciden no tomar represalias por el momento debido a los conflictos que los ocupaban ¿pero finalizados estos, que impedía a La Loba emprender contra Tarento? El casus belli era claro. Por mucho menos Roma le haría la guerra a Cartago. Sin embargo, se inició un juego de provocaciones bastante curiosas.
Durante la campaña en el sur de Italia, operaba en la zona una flota romana de diez buques, y la misma es despachada al golfo de Tarento. Suponemos en apoyo del ejército romano que operaba en Lucania. Por algún motivo, que no sabemos explicar del todo (se habla solo del interés romano de “fondear”), los buques romanos se aproximaron a Tarento. Según las fuentes, los romanos creían que los tarentinos los recibirían con amistad. Aunque es probable que la idea fuera simplemente la provocación [28].
Nos informa Apiano que, según cierto tratado entre Roma y Tarento, los hijos de la loba habían prometido jamás navegar más allá del promontorio de Lacinium. Sin embargo, allí estaban. A remo suelto en el golfo de Tarento derecho a la orilla. Desconocemos la parte del tratado con las obligaciones de Tarento ¿será que los romanos suponían caduco el tratado desde el conocimiento de las operaciones de Tarento a fin de provocar el levantamiento de los pueblos enemigos de Roma? Imposible saberlo. La flota romana no atacaba, simplemente se buscaba fondear frente a la ciudad griega.
Cuenta Floro que los tarentinos celebraban una fiesta en su teatro [29] que dominaba el puerto. Y desde allí pudieron ver aproximarse los buques romanos. Y respondieron sacando su flota y con la que atacaron sin miramientos. Apiano informa que hundieron cuatro buques y se apoderaron de otro. En la refriega muere el comandante de la flota romana, un tal Lucio Valerio. Para peor, alguno de los sobrevivientes de los naufragios, que pudieron nadar a la orilla, fueron asesinados por los tarentinos. Muy pocos, tomados prisioneros. Acto seguido, atacaron la guarnición romana en Turios y saquearon la ciudad.
Las cosas pasaban de claro a oscuro. Y Roma ya tenía un buen número de motivos para incluir a Tarento en la lista de futuras víctimas. Sin embargo, una vez más, se decide por la prudencia y el Senado Romano dispuso el envío de una embajada a Tarento a fin de solucionar el conflicto pacíficamente.


Reconstrucción de un Prínceps con hasta
(por Vincent Pompetti).
Guerra con Tarento.
A la cabeza de esta embajada fue despachado Lucio Postumio Megelo, quien fuera cónsul en tres oportunidades (305, 294 y 291 a.C.). Megelo, en un precario griego, trasmitió las preocupaciones del pueblo de Roma y la propuesta de paz.  Pero, según la versión romana, los embajadores fueron aparentemente muy mal recibidos, insultados y agredidos, en público o en privado (se aduce que la toga de Megelo fue “defecada” (sic) por un tarentino con problemas de alcohol) [30]. Cuyo resultado, aparentemente, no fue otro más que la declaración de guerra. Sin embargo, debemos decir, esta decisión tampoco fue inmediata.
Vueltos a Roma los embajadores, Megelo inició su puesta en escena, contando con la colaboración de Lucio Emilio Bárbula, uno de los cónsules electos para ese año. La toga mancillada de Megelo fue presentada como prueba. Y si bien el asombro fue general, no fue suficiente para convencer a los senadores. Porque por varias jornadas el senado permaneció en sesión ininterrumpidamente de la mañana a la noche sin llegar a un acuerdo entre el bando belicista encabezado por Megelo [31] y el resto de los senadores. Esto solo pone en evidencia que la declaración de guerra a Tarento no fue tan automática como se aduce. Entonces llego el día en que se decidió poner a votación y fue aprobado un “plan de acciones” contra la ciudad griega. Repetimos, “un plan de acción”, y no la declaración de guerra.
Se remitieron órdenes para que Lucio Emilio Bárbula se dirigiese al Samnio, tome el ejército que allí se encontraba, y lo traslade al territorio de Tarento para, en primer lugar, proponer los mismos términos de paz de la embajada anterior, y si se negaban, entonces sí, las órdenes eran saquear los campos aledaños y destruir los cultivos y fincas para forzar un tratado. Como puede verse, las órdenes del Senado Romano son todavía de carácter conservador, dejando la guerra como una última instancia.
Tampoco, como se nos quiere hacer ver, en Tarento se estaba al cien por cien a favor de una guerra con Roma. Al parecer, dos bandos se disputaban por ser el que definiera las políticas a seguir en el conflicto. Uno quería pactar con Roma, y el otro (probablemente dirigido por el demagogo Philocharis) hacer la guerra.
Según Zonaras, “(…) Los ancianos (y más experimentados) y los adinerados estaban ansiosos por la paz, pero los que eran jóvenes y tenían poco o nada, estaban por guerra; y la generación más joven se salió con la suya (…)” (Zonaras 8.2). Es decir, tanto en Roma como en Tarento, es el interés de ciertas parcialidades las que finalmente precipitan la guerra. La avidez de Megelo y Barbula en Roma, y la ambiciosa “juventud” tarentina manipulada hábilmente por Philocharis, son factores fundamentales a tener en cuenta.
Apiano nos cuenta de la discusión que se llevó a cabo en Tarento: "Rendirnos, ciudadanos, es el acto de un pueblo ya esclavizado, pero luchar sin aliados es peligroso. Si queremos defender nuestra libertad con firmeza y para luchar en igualdad de condiciones, llamemos a Pirro, rey de Epiro, y lo designemos el líder de esta guerra ". Y eso hicieron a pesar de las inteligentes argumentaciones de un tal Metón en contra de semejante proyecto. Que con razón exponía los riesgos de convocar a un autoritario rey [32].
Los tarentinos, ya decididos por la guerra, y con la embajada rumbo a la corte de Pirro, se animaron a hacer algunas salidas contra el ejército romano. Pero fueron derrotados. Y esto era lo que el bando belicista de Roma necesitaba. El país de los tarentinos fue sistemáticamente arrasado: “Emilio recorrió todo el país del enemigo incendiando los campos que tenían cosechas de grano ya maduro y cortando los árboles frutales” (Dion.Hal.19.7,2). Y canta Macrobio citando a Vergilio que “A través del polvo los jinetes rugieron; todos lloraban por las armas. Acosaba a la oveja balando; todos lloraban por las armas” (Ennius: Anales 180). Se cumplía de este modo el vaticinio de Megelo, en cuanto al llanto de los tarentinos.
Yo no había lugar para más tratativas. Deseándolo o no, Roma se disponía a la destrucción de Tarento. La guerra era inevitable.


Preparativos de la invasión.
Cuenta Plutarco [33] que los embajadores de Tarento llevaron regalos para Pirro para adornar la propuesta que estaban por hacerle. Le contaron también que encontraría en Italia, además de Tarento, la colaboración de varios pueblos enemistados con los romanos. Lucanos, Mesapios y Samnitas se sumarían gustosos a la coalición. Recordaron también a los presentes, el apoyo que la flota de Tarento había dado al Epiro en la guerra con Corcyra (actual Corfú) por lo que esperaban el rey devolviera el favor. El entusiasmo no solo fue de Pirro, el discurso de los tarentinos incluso conmovió a muchos epirotas presentes.
Por la conversación que Plutarco nos trasmite entre Pirro y el tesalio Cineas, un viejo colaborador suyo (“cuya elocuencia ganó más ciudades para Pirro que la espada[34]), entramos en conocimientos del ambicioso proyecto de Pirro, que incluía mucho más que el simple apoyo a Tarento. La idea era la completa conquista de la península itálica. Ciudades griegas incluidas. Para saltar a Sicilia y luego, por que no, a Libia y Cartago. Y en Zonaras [35], se sugiere que, en realidad, estos objetivos, ya existían en la mente del rey epirota y, por lo tanto, la solicitud de ayuda de los tarentinos era la excusa que necesitaba para llevar adelante sus deseos expansionistas.
Pirro decidió tomar como rehenes a algunos tarentinos de la embajada, y envió al resto de vuelta a Tarento, junto con Cineas y una fuerza de avanzada de tres mil hombres. Pero en la metrópolis griega de la Magna Grecia, durante la ausencia de los embajadores, el bando anti-belicista logro imponerse y colocar al frente de la ciudad a un tal Agis, a quien se lo considera “cercano” a los romanos, con la idea, claro está, de lograr la paz. Pero no bien llegados los tarentinos con Cineas (probablemente en el 280 a.C.), desplazan a Agis del mando de la ciudad, por lo que ahora sí, el bando belicista conduce sin oposición los destinos de la ciudad.
Para su campaña, Pirro consigue la ayuda de tres importantes figuras del mundo helenístico [36]. Solicitó a Antígono II Gónatas (futuro rey de Macedonia) el aporte de naves para trasladar su ejército; a Antíoco I Sóter (rey de la dinastía Seléucida) un préstamo de dinero, pues era el que mejor estaba financieramente; y de Ptolomeo Ceraunos (rey de Egipto) obtuvo tropas de origen macedonio: cinco mil de infantería, cuatro mil de caballería, y cincuenta elefantes por el plazo de no más de dos años de servicio. Probablemente, este sea uno de las cuestiones por la que Pirro deseaba no perder un instante y moverse a Italia. Pues no esperaría el verano para salir, zarparían ese mismo invierno.
Según Plutarco [37], Pirro dejaría las costas de Epiro con veinte elefantes y tres mil caballos, veinte mil infantes, dos mil arqueros y quinientos honderos [38]. Lo acompañarían dos de sus hijos, Alejandro y Heleno (el mayor, Ptolomeo quedaría a resguardo del reino). En alta mar lo sorprendería una tormenta que mermaría sensiblemente su ejército. Pero que no le impedirá continuar con sus planes. Para los romanos, el primer desafío con una potencia extranjera estaba al caer.

Final.
Como anunciamos en el encabezado, con el presente trabajo pensamos llenar un vacío en la historiografía romana en la que los hechos relatados no suelen encontrar espacio. Los sucesos que nos ocupan implican la confirmación de Roma como potencia emergente, y abren camino al enfrentamiento que la metrópolis del Lacio tendrá con uno de los más famosos personajes del período helenístico: Pirro de Epiro. Sucesos que abordaremos en un futuro.


Autor: marvel77

Fuentes.
• Apiano, Historia Romana.
• Plutarco. Vidas Paralelas. Pirro.
• Dionisio de Halicarnaso. Antigüedades Romanas.
• Polibio de Megalópolis. Historias.
• Eutropio. Breviarium historiae romanae.
• San Jerome. Chronicon.
• Livio. Períocas.
• Frontino. Estratagemas.
• Dión Casio. Historia Romana.
• Zonaras. Epitomé historion.
• Cicerón. De Senectute.
• Justiniano. Digesto.
• Lucio Anneo Floro. Epitome de Tito Livio.
• Pausanias. Descripción de Grecia.
• Plinio el Viejo. Historia Natural.
• Suetonio. Las Vidas de los doce césares.
• Paulo Orosio. Historiarum adversis paganos.
• Valerio Máximo. Hechos y dichos memorables.
• Cornelio Nepote. Sobre los hombres ilustres.
• Amiano Marcelino. Rerum Gestarum Libri XXXI (Historias).
• Estrabón. Geografía.
• Macrobio. Saturnalia.
• Barón de Montesquieu. “Grandeza y decadencia de los romanos”.

Notas
1  Livio, Períocas 11. Polibio 2.19'12-13
2  Apiano, Guerra Samnita 5(12); Eutropio 2,9,3. Aurelio Víctor 33,1.
3  Flavio Eutropio, Breviarium historiae romanae 2. 9,3
4  Para la victoria de Curio ver Livio, Periódias 11; Frontino, Estratagema 1.8,4; L. A. Floro 1.10,1-3; San Jerome, Chronicon 1726; Orosio 3.22,11
5  Nos referimos al legendario relato del Rapto de las Sabinas. Tito Tacio (Titus Tatius), atacará a los romanos en venganza, pero finalmente la intervención de las mujeres sabinas, y el banquete que se celebró luego, trajo la paz e hizo que Tito llegara a un acuerdo con Rómulo en el que ambos finalmente gobernarán juntos en el trono de Roma. Esta diarquía en Roma, es el antecedente a la magistratura de los dos cónsules romanos durante la República.
6  A pesar de lo dicho por Floro, no es la primera vez que los sabinos tenían conflictos con Roma a pesar del acuerdo de Tito Tacio y Rómulo. Al parecer, los romanos y sabinos entraron en guerra en el 504 a.C. Y en el 469 a.C. estos últimos hacían incursiones en territorio romano. Y luego en el 449 a.C. el cónsul Horatio los derrota contundentemente luego de que los sabinos habían atacado, una vez más, el territorio romano.
7  Incluso entregando una pequeña parte del territorio a colonos romanos (7 acres a cada uno) reservando el resto a las comunidades originarias. Ver Valerio Maximo 4.3'5; Plinio el Viejo 18'18; Plutarco: Moralia 194 E; Aurelio Víctor: De Viris Illustribus Romae, 33'5-6; San Jerome, Chronicon 1726;
8  Velleius Paterculus. Historia Romana 1.14,6.
9  La fecha estimada es el año 297 a.C. año en que Pirro desembarca con su ejército en Epiro y firma un pacto con Neptólemo II de Epiro en el cual acuerdan compartir el reinado. Pero no pasaría mucho para que Pirro se haga de todo el poder asesinando a Neptólemo en 295 a.C. por lo que se puede tomar este año como el verdadero año del inicio del reinado de Pirro en Epiro.
10  Ver en Plutarco: Pirro 7,4 a 13. Demetrio 41, 1 a 44, 1-3, 1-2. También la Moralia 975 B. También Pausanias, Eusebio y San Jerome hacen referencia a las campañas de Pirro en Macedonia y contra Demetrio Poliorcetes.
11  Ídem
12  Según Quinto Ennio, poeta y dramaturgo latino, Pirro visitará el oráculo de Apolo para confirmar su decisión de invadir Italia. Y fue allí donde obtendría la famosa y ambigua respuesta que dice: “Tú, el ejército romano vencerás”. Sentencia que puede interpretarse en ambos sentidos (a favor de Pirro o de los romanos).
13  Livio. Períocas 11.
14  Ver Plinio el Viejo HN. 34, 32
15  Ver Diodoro Sículo XII, 10 y Plutarco, Pericles 11
16  Este hecho es referido por Plinio el Viejo en su Naturalis Historia: 34,32
17  Ver Polibio 2.19,7-8; Livio, Períocas 12; Orosio 3.22,13-15
18  Ver Polibio 2.19,9; Livio, Períocas 12; Apiano, Guerra Samnita 6,1-2(13).
19  Ver Polibio 2.19, 10-11; Suetonio: Tib.3.2; Apiano, Guerra Samnita 6,3(13).
20  Apiano, Guerra Samnita 6,1-2(13)
21  Ver Polibio 2.20, 1-3; Estrabón 5,212; Floro 1.8,21; Apiano, Guerra Samnita 6,4(14); Dion Casio fr.38,1-2; Eutropio 2.10,1
22  Ver Polibio 2.19'12-13; Livio, Períocas 11
23  Ver Polibio 2.20,4-21,1; Frontino, estratagema 1.2,7; Livio, Períocas 12
24  El repentino vuelo de una bandada de pájaros puso en alerta al cónsul y reveló la posición del ejército enemigo. La emboscada, será una táctica muy utilizada por los pueblos celtas en más de una oportunidad contra las legiones romanas durante toda la historia de guerras entre estos dos pueblos. Y aunque esta vez no dio resultados será, además, probablemente la única fuente de victorias de las armas celtas frente las romanas. Más de un dolor de cabeza darán las victorias celtas a los romanos utilizando esta táctica.
25  Livio Períocas 12; Valerio Máximo 1.8,6; Amiano Marcelino 24.4,24
26  Valerio Máximo 1.8'6; Amiano Marcelino 24.4'24
27  Ver Plinio el Viejo 34.32
28  Ver Livio, Períocas 12; Floro 1.13,3-4; Apiano, Guerra Samnita 7'1-2; Dion Casio fr.39'4-5; Orosio 4.1'1; Zonaras 8'2
29  Según Dion Casio se celebraban las Dionisias. Fiestas en honor a Dionisio que incluía representaciones dramáticas.
30  Muchas son las fuentes que refieren al supuesto mal trato que recibieron los embajadores romanos en Tarento, pero es Dionisio de Halicarnaso quien mejor lo cuenta. Texto que citamos a continuación:
Postumio fue enviado como embajador en los Tarentinos. Mientras les dirigía la palabra, los tarentinos, lejos de prestarle atención o de pensar seriamente, como deberían hacer los hombres que son sensatos y están tomando consejo para un estado que está en peligro, observaron más bien si él podría deslizarse en los puntos más finos de la lengua griega, y luego se rieron, y se exasperaron por su truculencia, lo llamaron bárbaro, y finalmente estuvieron listos para sacarlo del teatro. Cuando los romanos se marchaban, uno de los tarentinos que estaba a la salida era un hombre llamado Filonides, un tipo frívolo que, debido a su estado de embrutecimiento en el que pasó toda su vida, se llamaba “Damajuana”; y este hombre, estando aún lleno del vino de ayer, tan pronto como los embajadores se acercaron, se levantó la ropa, y asumiendo una postura que era lo más vergonzoso de ver, salpicó la túnica sagrada del embajador con aquella inmundicia que me es indecente incluso para ser proferida.
Cuando la risa brotó de todo el teatro y los más insolentes aplaudieron, Postumio, mirando a Filonides, dijo: "Aceptaremos el presagio, compañero frívolo, en el sentido de que ustedes, los Tarentinos, nos den lo que no pedimos ". Luego se volvió hacia la multitud y mostró su túnica profanada; pero cuando descubrió que la risa de todos se hacía aún mayor y escuchó los gritos de algunos que estaban exultantes y elogiaban el insulto, dijo: "¡Rían mientras puedan, Tarentinos! ¡Ríanse! Por mucho tiempo será el tiempo que tendrán llorar de ahora en adelante ". Cuando algunos se amargaron ante esta amenaza, él agregó: "Y para que te enojes aún más, te decimos esto también a ti, que lavarás esta túnica con tu sangre". Los embajadores romanos, después de haber sido insultados de esta manera por los tarentinos, tanto en privado como en público, y habiendo pronunciado las palabras proféticas que he informado, se alejaron de su ciudad
” (Dionisio de Halicarnaso 19.4'2-5'5).

31  Las conocidas actitudes rayanas con la locura que conocemos de Megelo en tiempos pasados, nos obligan a poner un manto de duda sobre esta actitud de los Tarentinos y la reacción de los Romanos. De Megelo todo se puede esperar. Y siendo el quien encabezó la embajada, y seguramente el responsable del informe final, nos permite dudar que un pueblo tan próspero y refinado como el tarentino pudiera incurrir en esas gravísimas faltas. Ya en su segundo consulado 294 a.C. destacó por sus actitudes insolentes. Fue llevado a juicio por el tribuno de la plebe Marco Cancio. Con el cargo de interregis, se declaró así mismo cónsul en 291 a.C., en lo que sería su tercer período al frente de tal magistratura. Y sin esperar a la designación de provincias, se adjudicó Samnio para sí mismo, y peor, utilizó las tropas a su cargo para el desmonte de los campos que tomo como propios. Luego expulsó violentamente la delegación del Senado que intento ponerlo en su sitio. Y a continuación asedió una población en la localidad de Cominium (Valle de Comino). Un poblado Volsco, probablemente en manos de Samnitas. Luego Recomendó al senado fundar una colonia en Venusia, pero somo su nombre fue excluido de la lista de los comisionados para su establecimiento, repartió el botín obtenido entre su tropa y luego la licenció sin esperar a su sucesor en el cargo. El senado le negó el triunfo por su victoria, a pesar de su reclamo. Apenas dejó su magistratura, fue procesado y condenado a una multa de 500.000 ases. La más alta multa a la que había sido condenado cualquier romano hasta la fecha.
32  “Cuando los Tarentinos quisieron convocar a Pirro desde Epiro para ayudar en la guerra contra los romanos y estaban desterrando a los que se oponían a este curso, un cierto Metón, él mismo un Tarentino, para ganar su atención y mostrarlos a todos los males que entrarían con el tren de la realeza en un estado libre y amante del lujo, ingresando en el teatro, en un momento en que la multitud estaba sentada allí, con una guirnalda, como si regresara de un banquete, y abrazando una joven flautista que estaba tocando su flauta las canciones apropiadas para el jolgorio. Cuando la seriedad de todos dio lugar a la risa y algunos de ellos lo invitaron a cantar, a otros a bailar, Meton lo miró por todas partes y agitó su mano en silencio; luego, cuando hubo calmado el disturbio, dijo: "Ciudadanos, de estas cosas que me ven haciendo ahora no podrán hacer una sola si permiten que un rey y una guarnición entren a la ciudad". Cuando vio que muchos se conmovían y prestaban atención y le pedían que les ofreciera una perspectiva, prosiguió, sin perder el pretexto de la embriaguez, para enumerar todos los males que les sobrevendrían. Pero mientras él todavía hablaba, los restantes responsables de estos males se apoderaron de él y lo arrojaron cabeza fuera del teatro.” Dionisio de Halicarnaso 19.8
33  Ver Plutarco, Pirro 13,3 a 14,14
34  Plutarco, Pirro 14,1
35  Zonaras 8.2
36  Justino 17.2,11-15; Pompeyo Trogo: Prólogo 17
37  Plutarco. Pirro 15,2-7
38  La notoria discrepancia en los números aportados por Justino, Pompeyo Trogo y Plutarco es algo que excede al presente trabajo y que prometemos dilucidar cuando sea abordado las campañas de Pirro en Italia y Sicilia.

3 comentarios:

  1. Nuevo artículo en AH Web!
    Esperamos que sea tu agrado, y no olvides dejarnos un comentario. Saludos!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por esta información.

    Es siempre de agradecer estos tiempos entre las "grandes campañas". Acompañado de un mapa, ayuda mucho para localizar los lugares y la posición de los participantes.

    Posiblemente el ejercito romano de ser un fuerza estilo etrusco fue modificando lentamente en las legiones descritas por Polibio.

    Lo malo solo tenemos la versión romana, siempre actúan después de los agravios de los rivales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Correcto, la visión clásica de una Roma que sólo se limita a responder a las agresiones extranjeras (sostenida por Theodor Mommsen, por ejemplo) ya ha quedado caduca. Aquí en AH Web vamos a ir explicando siempre que sea oportuno, la complejidad de los conflictos de Roma con los pueblos a los que enfrenta. Haciendo notar las contradicciones y las verdades ocultas.
      En cuanto a la legión romana como sistema de combate, también iremos oportunamente argumentando toda información que podamos ir recabando a fin de poder entender su evolución en el tiempo y su eficacia en el campo de batalla. Las imágenes algo rígidas que nos llegan de las fuentes antiguas, son muy buenas para entender cuestiones generales, o un período específico, pero no son el reflejo fiel del paso del tiempo. La evolución de los sistemas tácticos y de armas es algo a lo que no escapa ningún pueblo en la historia. Y entre los romanos por caso, es evidente.
      Un abrazo y gracias por comentar.

      Eliminar

anabasishistorica@gmail.com