lunes, 24 de enero de 2022

EL CORVUS. La corta vida de un arma que cambió la historia

 Los fenicios decían que se maravillaban de cómo los romanos podían aventurarse a cruzar a Sicilia, dado que los cartagineses tenían el control de los mares; porque era obvio para todos que si no mantenían relaciones amistosas, los romanos ni siquiera se atreverían a lavarse las manos en el mar”. De esta forma describe Diodoro de Sicilia la superioridad naval que tenían los cartagineses cuando estalló la Primera Guerra Púnica. Sin embargo, un sorpresivo artilugio llamado corvus (“cuervo”) permitió a las armadas romanas vencer una y otra vez durante los primeros años del conflicto, para luego, sin una explicación clara, dejar de usarse. ¿Por qué los romanos abandonaron el arma que les había permitido alcanzar una ventaja que nadie había esperado?



Con Pirro de Epiro derrotado en Sicilia e Italia, el creciente poder de Roma y Cartago provocó el inevitable enfrentamiento entre estas dos grandes potencias. La petición de ayuda de los mamertinos de Mesana ofreció la escusa para que Roma abriera hostilidades y diera comienzo así la Primera Guerra Púnica en 264 a.C. Tras la difícil victoria romana en la batalla de Agrigento (261 a.C.), la mayoría de ciudades del interior de la isla de Sicilia se alinearon con ellos, pero la amenaza de la armada cartaginesa hacía que la costa continuara bajo control púnico. Protegidas por formidables murallas y bien abastecidas desde el mar, era prácticamente imposible que los romanos pudieran tomar aquellas ciudades. Antes que ellos grandes generales como Dionisio de Siracusa, el tirano Agatocles o el propio Pirro de Epiro habían comprendido que sin vencer y destruir a la flota púnica era imposible expulsar a los cartagineses de Sicilia, pero ninguno lo había conseguido. Ahora, Roma, con escasa experiencia naval, construyó una gran flota de 20 trirremes y 100 quinquerremes para tratar de romper a su favor el equilibrio existente.


Esquema de un quinquerreme con corvus
y su uso en combate
Sorpresa en Milas

La inexperiencia romana quedó de manifiesto cuando el cónsul Cneo Cornelio perdió en Lipara1 17 de las 120 naves que Roma había construido. Así pues, cuando no mucho después la flota cartaginesa, compuesta por 130 naves (Polibio 1, 23’ 3), avistó cerca de la ciudad de Milas2 al resto de la armada romana, su comandante, Aníbal, no dudó en lanzarse contra el enemigo. Cuentan las fuentes que los cartagineses estaban tan confiados en su victoria que ni se molestaron en organizar una formación. Sin embargo, el resultado les fue enormemente desfavorable, perdiendo 50 de sus barcos3. Los romanos, mediante un ingenio llamado corvus (“cuervo”), lograron apresar a las naves cartaginesas, anulando su velocidad, su maniobrabilidad y haciendo inútil la destreza de su tripulación. “Los romanos pasaban inmediatamente a través del propio corvus y entablaban batalla sobre las cubiertas. De los cartagineses, unos murieron, y el resto se entregó, atónitos ante lo ocurrido, pues la refriega acabó siendo casi un combate en tierra” (Polibio 1, 23’ 6).

Polibio (1, 22’ 4-9) describe el corvus como una especie de puente levadizo con parapeto y base giratoria que podía subir y bajar gracias a un sistema de poleas y que atrapaba a los navíos enemigos gracias a una pesada púa en forma de pico de pájaro que tenía en su extremo. Sin embargo, para Frontino (II, 3’ 24), Floro (I, 18’ 9) o Zonaras (8, 11), el corvus no era más que un garfio. En este sentido y dando por buena la descripción de Polibio, resultaría curioso como los cartagineses, tras haber apresado 17 naves poco antes de la batalla de Milas, no se preguntaran qué eran aquellas enormes máquinas montados sobre las cubiertas y qué función tenían; y pese a todo los pillaran por entero por sorpresa. ¿Acaso su confianza era tan desmesurada que ignoraron las alarmas? ¿Quizás las naves apresadas comprendían una escuadra de acción rápida compuesta solo por trirremes sobre las que no habían montado los corvus? ¿O puede que como dicen las otras fuentes tan solo se tratara de garfios y estos pasaron del todo inadvertidos? Es más, importantes historiadores como William Tarn4 postularon ya a principios del S. XX que el peso del corvus según la descripción de Polibio sin duda haría que las naves romanas volcaran. Sin embargo, Thiel (1954) calculó que el peso no superaría la tonelada y que no comprometería la estabilidad de los quinquerremes. De hecho, en Tucídides (7, 41’ 2) podemos leer como los atenienses habían desarrollado artilugios de similar complejidad y peso, usándolos con éxito contra Siracusa en 413 a.C. Por otra parte, es llamativo el enorme parecido entre la descripción que hace Polibio del corvus con la que el mismo autor nos presenta la sambuca, una máquina usada en el asedio de Siracusa en 213 a.C. por el general Marco Claudio Marcelo y más tarde en Quíos (quizás en 201 a.C. por parte de Filipo V)5. Teniendo en cuenta que Polibio escribió un Siglo después de estos hechos, es posible que su visión sobre el corvus se viera influenciada por la sambuca6; o quizás Heráclides de Ponto, su inventor, se inspirara en el corvus para su diseño. El debate sigue abierto hoy día, e incluso algunos historiadores niegan por completo la existencia del artilugio. Pero parece claro que, independientemente de su complejidad, los romanos lograron idear una forma con la que abordar con relativa facilidad a las naves enemigas y convertir el combate naval en uno entre infanterías, en el que tenían clara ventaja.

Imagen de una sambuca preparando el asalto a una muralla

El éxito del corvus radicaba en la propia forma de luchar de las naves cartaginesas, que trataban de hundir a las enemigas embistiéndolas con el espolón de proa para abrirles vías de agua bajo la línea de flotación. Además de los riesgos que conllevaba esta acción (errar la embestida y convertirse en victima en lugar de agresor, que se quedara la nave encajada a la otra o que el barco no resistiera la tensión del choque y sufriera daños), inevitablemente requería que la nave se acercara a la enemiga, momento que aprovechaban los romanos para trabarla con el corvus y asaltarla, convirtiendo, como dicen las fuentes, la refriega casi en un combate en tierra. Evidentemente los romanos se habrían preparado para este tipo de lucha, embarcando más marineros armados en sus quinquerremes y construyendo naves más grandes y con un diseño que tuviera aún más espacio en cubierta7. De ahí la mayor lentitud de las naves romanas y no a su tosca construcción, a pesar de que, supuestamente, su diseño había copiado al de una nave cartaginesa varada en la costa italiana8. A este respecto hay que aclarar que los astilleros de los socii navales tenían casi tanta experiencia y tradición marinera como los constructores de barcos cartagineses.

En cambio, las naves cartaginesas estaban diseñadas para ser rápidas y maniobrables por lo que, dada su táctica de combate, llevarían pocos marineros a bordo y estos, en todo caso, irían armados para arrojar proyectiles al enemigo cuando la distancia lo permitiera. Es más, aunque Polibio engloba a todos los navíos cartagineses como quinquerremes es muy probable que muchos, incluso la mayoría, fueran “cuatros”, de menor tamaño y capacidad para llevar soldados pero más rápidos y ágiles9. En el texto del propio Polibio encontramos esporádicas menciones a “cuatros” cartagineses. Cabe aclarar que no debemos menospreciar el poder combativo de los “cuatro” frente a naves con más órdenes de remeros; así por ejemplo, la armada de Rodas, que usaba igualmente tácticas de embestida, estaba constituida principalmente por cuatrirremes y combatían, y vencían, a flotas con naves de mayor tamaño10.


Ecnomo
y Cabo Hermeo, sin soluciones contra el corvus

Con todo esto en mente, cuando en 256 a.C. los romanos decidieron armar una gigantesca flota de 330 naves para invadir África parecía que los cartagineses poco podían hacer para impedirlo. Sin embargo, lograron, con gran esfuerzo, armar 350 naves para hacerles frente, encontrándose ambas flotas en el promontorio siciliano de Ecnomo11. “Los romanos, como veían que habrían de navegar por alta mar y que el enemigo disponía de naves muy veloces, intentaron por todos los medios encontrar una formación segura e impenetrable” (Polibio 1, 26’ 10). Los cónsules encabezaban la formación en sendos “seis”12 con sus escuadrones siguiéndolos de forma escalonada, formando una cuña; un tercer escuadrón los seguía en línea remolcando los transportes; y un cuarto cerraba en retaguardia. Probablemente la flota romana soliera navegar en formación compacta y con dos filas de naves, pues no les importaría reducir su frente ya que darían por hecho que las más veloces naves púnicas los rodearían igualmente. En cambio, así podrían darse apoyo más fácilmente y evitaban que el enemigo embistiera a la primera fila desde la popa.

En cambio, los cartagineses trataron de extender el frente lo máximo posible, disponiendo “tres cuartas partes de su flota en una hilera de una sola nave de fondo, extendiendo su flanco derecho hacia alta mar, con idea de rodear al adversario […], la cuarta parte la colocaron a la izquierda de toda la formación, orientada en sentido oblicuo a la costa” (Polibio 1, 27’ 3-4). Es posible que tras la indecisa batalla de Tindaris (un año antes) los cartagineses se hubieran percatado del punto débil del corvus. En aquella ocasión, el cónsul Cayo Atilio se lanzó al combate con 10 naves mientras el resto de la flota aún estaba embarcando. Los cartagineses, viendo esto, dieron la vuelta para afrontarlos, destruyendo 9 de las naves. Sin embargo, cuando el resto de la flota romana llegó los púnicos perdieron 18 naves, 10 de las cuales fueron capturadas y el resto hundidas. Parece, por tanto, que el corvus solo era efectivo cuando las naves romanas operaban en gran número y de forma compacta, en caso contrario, la velocidad de los cartagineses lograba imponerse. Así pues, en Ecnomo, la idea de los almirantes cartagineses, Hanón y Amílcar, no solo era rodear al enemigo, sino que su principal objetivo era dividirlo. Por lo que, como previamente habían planeado, el centro de su línea se retiró para quebrar la formación romana, cuya vanguardia, con los dos cónsules a la cabeza, se separó del resto para perseguirlos.

Cuando los cartagineses creyeron que habían alejado lo suficiente a la vanguardia romana del resto, Amílcar dio la señal para que se dieran la vuelta y trabaran combate. Mientras tanto, las alas embestían a los otros dos escuadrones romanos, obligándolos a separarse para no ser rodeados. El plan se llevó a cabo de forma impecable, dando como resultado tres enfrentamientos en lugares distintos y alejados. Desgraciadamente para los cartagineses, la tenacidad romana logró imponerse una vez más pese a los grandes apuros por los que pasaron. La armada cartaginesa hundió 24 naves enemigas, pero perdió 30 bajo las aguas y 64 les fueron capturadas. Aunque habían logrado separar a los distintos escuadrones romanos unos de otros, estos eran lo suficientemente numerosos como para ofrecer una impenetrable “muralla” de corvus.

La victoria permitió a los romanos invadir África y someter a Cartago a una presión aún mayor. Sin embargo, a pesar de que la campaña tuvo un inicio prometedor, el ejército del cónsul Atilio Régulo fue duramente derrotado en los Llanos del Bagradas (255 a.C.). Los 2.000 romanos que escaparon del desastre lograron refugiarse en la ciudad costera de Adis y cuando la noticia llegó a Roma se decidió enviar a una flota de 350 navíos de guerra para rescatarlos. Según las fuentes, los cartagineses quisieron impedir la acción y para ello dispusieron (tan sólo) 200 navíos. Ambas flotas se encontraron en las aguas del cabo Hermeo, siendo el resultado nuevamente favorable a los romanos, quienes, según Polibio (1, 36’ 5), capturaron nada menos que 114 navíos y hundieron 16. Desgraciadamente, el de Megalópolis y las demás fuentes (Orosio 4, 9’ 5-6 y Eutropio 2, 22’ 1-2 y Diodoro 23, 18’ 1) despachan la narración en apenas unas líneas y el corvus no es mencionado. Pese a ello no hay motivo para dudar de su uso, por un lado por el gran número de naves enemigas capturadas, lo que induce a pensar en que los romanos usaron tácticas de abordaje; y, sobre todo, por el gran resultado que había dado en Milas y en Ecnomo, tan sólo un año antes13.


Crisis y tormentas

A pesar de la probada efectividad del corvus las fuentes dejan de mencionarlo a partir de este momento. Numerosos autores han afirmado que la causa fue que cayó en desuso debido a que su peso imponía una enorme inestabilidad a las naves, causa por la cual varias flotas fueron destruidas por las tormentas. No en vano, Orosio (4, 9’ 8) menciona que en la primera de ellas, los que lograron salvarse lo hicieron “arrojando el cargamento por la borda”. Seguramente solo se tratara del botín capturado durante la expedición africana, pero cabría preguntarse si no se deshicieron también del corvus, y desde ese momento dejaron de armarlo al ver sus inconvenientes, más cuando un par de años después, poco antes de que otra tormenta la destrozara, una nueva flota romana se vio varada en unos bajíos no lejos de la pequeña Sirte y solo pudieron salir del apuro arrojando toda la carga (Polibio 1, 39’ 4). Sin embargo, el mismo Polibio (1, 37’ 4) remarca que “no se debe echar la culpa tanto a la mala suerte como a los comandantes” (1, 37’ 4) ya que, según explica en la primera ocasión, la costa sur de Sicilia era accidentada y sin fondeaderos seguros e iban a navegar durante en otoño, en plena época de tormentas. Con o sin corvus, una tormenta era devastadora para una flota de galeras, como así lo advirtieron los capitanes cartagineses en 249 a.C. “persuadieron a Cartalo [el almirante de la flota] para que escapara de la tempestad rodeando el cabo Pachynus” (Polibio 1, 54’ 6). Además, como hemos visto la segunda flota hundida carecía del impedimento de la carga, por lo que deshacerse del corvus ni mucho menos aseguraba la supervivencia ante las malas condiciones meteorológicas. Por otro lado, ni en la batalla de Tindaris ni, como hemos visto, en la del Cabo Hermeo es mencionado el corvus pero se da por hecho que se usó.

Pese a las descomunales pérdidas provocadas por las tormentas14, los romanos perseveraron y, siguiendo a Diodoro (24, 1’ 1), al inicio del asedio de Lilibeo en 250 a.C. contaban con 240 naves de guerra, 60 buques ligeros y un gran número de transportes. Entre el ejército de tierra y las tripulaciones para sus barcos sumaban un total de 110.000 hombres15. Pese a este enorme esfuerzo el asedio se estancó y el general cartaginés Aderbal hacía razias en Sicilia e Italia usando el puerto de Drepana. Al año siguiente, el cónsul Publio Claudio Pulcro, queriendo capturar el puerto por sorpresa, avanzó de noche con su flota. Sin embargo, las primeras luces del día revelaron que sus naves iban desperdigadas. Acorralados contra la costa, sin cohesión y habiendo sido sorprendidos por la rápida reacción de Aderbal, fueron presa fácil para las rápidas naves cartaginesas, que lograron capturar 93 de los 120 barcos romanos16. Esta fue la única gran batalla naval en la que vencieron los cartagineses. Siguiendo a aquellos autores que aseguran que el uso del corvus se abandonó tras las comentadas tormentas, cabría preguntarse si tan contundente derrota no estuvo también condicionada por este hecho. Sin embargo, a parte de los argumentos expuestos en contra de esta teoría, Polibio (1, 49’ 5) nos dice que “en cuanto a las tropas encargadas de los abordajes, [el cónsul] escogió de todo el ejército a los mejores que se habían presentado voluntarios porque la navegación era corta y el lucro les parecía seguro”. Si tu táctica continuaba siendo la de abordaje ¿por qué habrían de haber abandonado su mejor arma para ello?

Justo después, el segundo al mando cartaginés, Cartalo, navegando con unas 100 o 120 naves (dependiendo de la fuente) llegó a Lilibeo e incendió o capturó gran parte de los barcos que habían logrado escapar para, inmediatamente después, salir al encuentro del otro cónsul, del que había tenido noticia que navegaba hacia allí. Este, sin conocer lo ocurrido, había dividido su flota, enviando a los cuestores al mando de una avanzadilla mientras él esperaba a los rezagados. El resultado fue que cuando Cartalo interceptó a los romanos, ni cuestores ni cónsul se atrevieron a plantear batalla refugiándose en sendos caladeros (no sin antes sufrir algunas pérdidas) con la flota cartaginesa en medio impidiendo que pudieran unirse. Ante esta situación de inmovilidad fue de nuevo una tormenta la que vino a resolver las cosas: Cartalo, avisado por sus capitanes, abandonó el lugar; en cambio, los romanos no encontraron refugio, “por lo que, de 105 naves solo se salvaron 2 y la mayoría de los hombres perecieron” (Diodoro 24, 1’ 9). Ante esta sucesión de desastres los romanos abandonaron por completo el mar por varios años. Teniendo en cuenta la agresividad con la que habían actuado los mandos romanos hasta entonces cabe preguntarse cómo es que este cónsul, Lucio Junio Pulo, no salió al encuentro de la armada cartaginesa aún cuando contaba con aproximadamente el mismo número de navios. Es cierto que al tener sus fuerzas divididas Cartalo los podría atacar por separado cobrando ventaja, pero con la coordinación adecuada los romanos podrían rodear al enemigo y aniquilarlo. La razón no estaba en el número de naves o su despliegue, sino en que las quinquerremes carecían de marineros. Las naves se armaban embarcando hombres de las legiones de los ejércitos consulares, que en ese momento estaban asediando Lilibeo. Con esto vemos que la flota romana seguía usando tácticas de abordaje y que, seguramente, el corvus seguía en uso. ¿Acaso Lucio Junio iba a actuar como lo hizo si hubiera visto la más mínima oportunidad de vencer? Pero era obvio que sin marineros no podía abordar las naves enemigas y sabía que sus naves eran demasiado lentas para lograr embestir con éxito, prefiriendo a arriesgarse a entregar sus naves a las profundidades del mar antes que a los cartagineses.


Espolón de una nave cartaginesa encontrado en 
el lugar de la Batalla de las Islas Egadas
La hora del cambio

Cartago, agotada y con las arcas vacías, no pudo aprovechar la situación, contentándose con enviar al general Amílcar Barca para hacer guerra de guerrillas en Sicilia y saquear las costas italianas con una flota cada vez más reducida. Ninguna de las dos repúblicas lograría nada importante durante los siguientes años, hasta que, por fin, en 242 a.C. Roma se decidió a armar una nueva gran flota. Según Polibio (1, 59’ 8) construyeron 200 quinquerremes siguiendo el modelo de la embarcación de Aníbal el Rodio. Este intrépido personaje fue protagonista en el año 250 a.C. durante los primeros meses del asedio de Lilibeo al lograr una y otra vez romper el férreo bloqueo naval sobre el puerto de la ciudad gracias a su rápida quinquerreme. Finalmente, los romanos consiguieron capturarlo usando un “cuatro” cartaginés que había encallado y al cual dotaron de una tripulación escogida. Algunos autores, basándose en un pasaje de la Segunda Guerra Púnica, sugieren que la borda de un quinquerreme era considerablemente más alta que la de un cuatrirreme y que desde este no se podría abordar a aquel, con lo que, de ser así, el navío de este Aníbal debía ser otro “cuatro”. Sin embargo, el citado pasaje más bien parece narrar que fue la determinación de la tripulación para defenderse lo que impidió el abordaje del “cinco”.

En cualquier caso, la irrupción de esta nueva flota romana en Sicilia aisló a Amílcar Barca en lo alto del monte Erice, dejando a la última fuerza cartaginesa en una posición sumamente comprometida y obligando a Cartago a enviar precipitadamente una nueva armada a Sicilia, enfrentándose ambas en las aguas de las islas Egadas, frente a Sicilia.

Polibio insiste en el entrenamiento al que el cónsul Lutacio somete a los remeros de la nueva flota romana, algo que con las viejas tácticas de abordaje no había resultado esencial y, lo que es más importante, cuando los vigías avisaron de que la flota cartaginesa se acercaba, “Lutacio desplegó en muy poco tiempo sus naves de una en fondo y dispuso su flota de proa contra el enemigo” (Polibio 1, 60’ 10). Esta línea de batalla, que recuerda a la usada por los cartagineses en Ecnomo, hace ver que los romanos habían abandonado las tácticas de abordaje y pretendían embestir al enemigo con sus espolones. Por su parte, la intención de la flota cartaginesa era evitar a la romana para llevar suministros al ejército de Amílcar Barca y embarcar a sus mejores hombres antes del enfrentamiento, algo que le hubiera resultado sencillo tiempo atrás, cuando las naves enemigas, grandes y atestadas de marineros dispuestos para el abordaje, eran demasiado lentas como para suponer un problema. Ahora, perdida la ventaja de la velocidad, pillados por sorpresa y sin la disciplina necesaria debido a la inactividad, la armada cartaginesa fue derrotada nuevamente. La batalla, sin embargo, estuvo reñida. Las fuentes dan cifras dispares en cuanto a las bajas púnicas17, pero debieron estar en torno a las 50 naves hundidas y 70 capturadas que cita Polibio (1, 61’ 6); mientras que los romanos perdieron 80 naves durante el combate, aunque pudieron reparar 50 de estas (Diodoro 24, 11’ 1).

Con todo esto queda (relativamente) claro que fue en este momento cuando los romanos abandonaron el uso del corvus, al cambiar las tácticas de abordaje por las de embestida. Pero ¿por qué justo ahora? Aunque Polibio le de una gran importancia a la captura del navío de Aníbal el Rodio, lo cierto es que este no debía diferenciarse mucho del resto de barcos de guerra cartagineses, más cuando estos estaban construidos con piezas prefabricadas separadamente y numeradas para su posterior ensamblaje, tal y como ha revelado el descubrimiento de dos barcos púnicos del S. III a.C. hundidos cerca de la ciudad de Marsala. Los romanos ya habían capturado decenas y decenas de naves cartaginesas antes, todas ellas más veloces y maniobrables que las romanas, como Polibio se empeña en remarcar a lo largo de todo su relato. Perfectamente podrían haber copiado las naves cartaginesas tras la batalla de Milas, 20 años antes.

Los romanos sabían que mientras Drepana y Lilibeo pudieran seguir siendo abastecidas por mar sus defensas no caerían por mucho que presionaran la infantería y las máquinas de guerra. ¡10 años llevaban asediando Lilibeo y esta estaba lejos de caer! Aníbal el Rodio, y otros muchos que le imitaron, demostraron que los lentos navíos romanos no podían bloquear de forma efectiva los puertos enemigos. Incluso, una gran flota cartaginesa siempre podría evitar el combate, refugiarse e intentar llevar refuerzos y víveres en otro momento, tal y como se pretendía en esta última ocasión. Roma debía crear una flota con barcos que pudieran interceptar cualquier intento de llevar ayuda a esas dos ciudades.

Por otra parte, la derrota en Drepana les habría mostrado que el corvus no era invencible. Es cierto que la batalla se desarrolló bajo unas circunstancias poco usuales, pero si las naves romanas hubieran sido más rápidas la flota cartaginesa no hubiera tenido tiempo de desplegarse y el puerto hubiera sido tomado tal y como pretendía el cónsul Publio Claudio Pulcro. Tampoco estarían dispuestos a arriesgarse a que ocurriera de nuevo una acción como la perpetrada por Cartalo, que, haciendo uso de la gran movilidad de su flota había interceptado por sorpresa a la flota romana mucho antes de que consiguiera embarcar legionarios como marineros. Hay que tener en cuenta que, como dejan bien claro las fuentes, era la infantería de los propios ejércitos consulares la que embarcaba cuando se presumía que habría un enfrentamiento naval. En 242 a.C. las tropas de tierra romanas estaban trabadas en asedios y divididas en tres: en el asedio de Lilibeo, en el de Drepana y controlando a Amílcar Barca, apostado en Érice. Si hubieran optado por seguir con las tácticas de abordaje, embarcando a unos 120 hombres por nave como en Ecnomo, hubiera hecho falta desplazar un total de 24.000 hombres (120 x 200 naves), más de la mitad del total. Esto hubiera significado debilitar enormemente los asedios o dejar a Amílcar a su aire, algo que los cartagineses podrían haber aprovechado para contraatacar. Las demás grandes batallas navales de la Primera Guerra Púnica se dieron bajo unas circunstancias muy distintas. Tanto Milas (260 a.C.), como Tindaris (257 a.C.) tienen lugar después de que el ejército cartaginés fuera derrotado en Agrigento (261 a.C.), con lo que Cartago no disponía de tropas suficientes en Sicilia que supusieran una amenaza. En Ecnomo (256 a.C.) los romanos tenían intención de pasar un ejército consular a territorio africano. Y en Drepana (249 a.C.) ambos ejércitos consulares (unos 40.000 hombres) se habían concentrado en el asedio de Lilibeo y el número de barcos movilizados era poco más de la mitad que en las Islas Egadas, con lo que era poco factible que desde la ciudad se pudiera lanzar un ataque que pusiera en peligro a los romanos. No obstante, parece que los 120 marineros por nave en la batalla de Ecnomo (es en la única en la que Polibio 1, 26’ 7 nos da datos de las dotaciones) fue algo excepcional debido a la intención de invadir territorio cartaginés y lo normal era embarcar a menos. Así lo apuntan algunos autores modernos, como John Coates (2004, p. 138), quien opina que en época de la Primera Guerra Púnica las quinquerremes romanas debían llevar al menos 70 marineros; o Casson (1995, p.105 n1), Lazenby (1996, p.) y Goldsworthy (2002, p.118), que son de la opinión de que 40 era el número habitual. Esto hubiera dado un total de entre 8.000 y 14.000 hombres, lo que aún parece demasiado elevado. Desde luego es lógico pensar que por pocos que fueran, por fuerza, tendría que ser un número superior al de las naves cartaginesas para asegurarse que el abordaje no se volviera en su contra. Pero si se abandonaba el abordaje y se apostaba por la embestida ya no habría necesidad de embarcar tantos hombres y las tropas que quedaban en tierra no hubieran corrido peligro. Quizás, después de todo, para esta última batalla la dotación de marineros fuera parecida a los 14 (10 hoplitas y 4 arqueros) que embarcaba en las trirremes atenienses.

Por otra parte, esta nueva flota no fue costeada con el erario público, que estaba tan agotado como el de Cartago, sino que los hombres más importantes “cada uno individualmente, o entre dos o tres, según las posibilidades, se prestaron a suministrar quinquerremes ya equipados” (Polibio 1, 59’ 7). De esto se desprende que quizás se decidiera armar naves menos masivas que las quinquerremes que actuaron en Ecnomo, con 300 remeros y 120 marineros armados, sino unas más pequeñas y con dotaciones más reducidas y, sobre todo, más fáciles de costear, ya fueran “cincos” o “cuatros”.

Alguno o varios de estos motivos llevó al Senado romano a ordenar la construcción de nuevos barcos con características diferentes y, en cualquier caso, el corvus y el abordaje dejaron paso al espolón y la embestida.

Con la derrota en las Islas Egadas la capacidad combativa de Cartago fue deshecha y la ciudad se vio obligada a negociar una paz desfavorable y deshonrosa. Pese a su experiencia marinera el balance de batallas navales a lo largo de todo el conflicto había sido muy negativo, pues de los cinco grandes enfrentamientos (seis si contamos con la misteriosa batalla del Cabo Hermeo) tan solo en uno lograron vencer. El corvus había demostrado ser un arma de enorme eficacia contra la armada púnica y pese a los esfuerzos de sus mandos, estos nunca encontraron una solución al problema. Por su parte, Roma demostró no solo más determinación, sino también mucha mayor capacidad de adaptación, sobreponiéndose a las catástrofes y cambiando de tácticas cuando las circunstancias les habían sido adversas, dando con ello a que Cartago dejara paso a Roma como la mayor potencia marítima del Mediterráneo Occidental.



Por Alejandro Ronda



Bibliografía:

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Diodoro Sículo. Biblioteca histórica.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación.

Paulo Orosio. Historiæ adversus paganos.

Apiano de Alejandría. Historia romana.

Juan Zonaras. Epitomé historion.

Flavio Eutropio. Breviarium historiae romanae.

Frontino. Estratagemas.

Lucio Anneo Floro. Epitome de Tito Livio.

Heródoto. Historia.

Tucídides. Historia de la guerra del Peloponeso.


Bagnall, Nigel. The Punic Wars: Rome, Carthage and the Struggle for the Mediterranean. Londres. 1999.

Casson, Lionel. Ships and Seamanship in the Ancient World. Baltimore, MD. 1995.

Goldsworthy, Adrian. La caída de Cartago: Las guerras púnicas 265-146 a.C. Madrid. 2002.

Lazenby, John. The First Punic War: A Military History. Stanford, California. 1996.

Le Bohec,Yann. Histoire militaire des guerres puniques. Paris. 1996.

Miles, Richard. Carthage Must be Destroyed. Londres. 2011.

Tarn, W. W. Hellenistic military and naval developments. Nueva York. 1930.

Thiel, J. H. A history of Roman sea-power before the Second Punic War. Amsterdam. 1954.

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VVAA. Guerra y ejército en el mundo fenicio-púnico. Ibiza. 2004.

Quesada, Fernando. Armas de Grecia y Roma. Madrid. 2008.




1 Ciudad portuaria situada en la isla del mismo nombre, a pocos Km. al Norte de Sicilia.

2 Actual Milazzo, ciudad de la costa Norte de Sicilia.

3 Diodoro eleva el número de barcos de la flota cartaginesa hasta los 200. En cuanto a pérdidas, Polibio nos dice que fueron 50 navíos, mientras que Orosio (4, 7’ 10) y Eutropio (2, 20) dan datos casi idénticos: 31 capturados y 13 hundidos; y 31 capturados y 14 hundidos, respectivamente.

4Hellenistic Military & Naval Developments, p 149.

5Vitrubio 10, 16’ 9.

6Polibio 8, 16: “Además de estos navíos tenía ocho quinquerremes en pares. A cada pareja se le habían quitado los remos, uno a babor y el otro a estribor, y luego éstos habían sido amarrados juntos en los costados que quedaron desnudos. Sobre estas embarcaciones dobles, remadas por los remos exteriores de cada uno de los dos, subieron debajo de los muros unas máquinas llamadas "Sambucae", cuya construcción era la siguiente: Se hizo una escalera de cuatro pies de ancho y de una altura de llegar a la cima del muro desde el lugar donde su pie tenía que descansar; cada lado de la escalera estaba protegido por una barandilla, y se añadió una cubierta o ático arriba. Luego se colocó de modo que su pie descansara sobre los lados de los navíos amarrados, que se tocaban entre sí y su otra extremidad sobresalía considerablemente más allá de las proas. En la parte superior de los mástiles se fijaron poleas con cuerdas: y cuando estaban a punto de usarse las máquinas, los hombres que estaban en la popa de las embarcaciones tiraron de las cuerdas atadas a la cabeza de la escalera, mientras que otros parados en las proas ayudaron a levantar la máquina y la mantuvieron firme con palos largos. Después de acercar los barcos a la costa utilizando los remos exteriores de ambos barcos, intentaron dejar la máquina sobre la pared. En la cabecera de la escalera se fijó un escenario de madera asegurado en tres lados por escudos de mimbre, sobre el cual estaban cuatro hombres que luchaban y luchaban con los que intentaban evitar que la sambuca se posara en las almenas. Pero cuando lo han arreglado y así han sobrepasado el nivel de la cumbre del muro, los cuatro hombres desabrochan los escudos de mimbre de ambos lados del escenario y caminan sobre las almenas o torres, según sea el caso; son seguidos por sus compañeros que suben por la sambuca, ya que el pie de la escalera está asegurado con cuerdas y se apoya en ambos barcos. Esta construcción ha recibido el nombre de "sambuca" o "arpa" por la razón natural de que cuando se eleva, la combinación del barco y la escalera tiene mucho la apariencia de un instrumento de este tipo”.

7Por poner algo de perspectiva hay que recordar que cada 10 hombres armados el peso en el barco aumentaría casi una tonelada.

8 El quinquerreme, o galera con cinco ordenes de remeros, fue inventada en Siracusa en torno al año 400 a.C. durante el reinado de Dionisio I (Diodoro 13, 91’ 3-36 y 14, 41’ 2). Pronto su uso se extendió por todo el Mediterráneo, encontrándolos en las flotas de Sidón en 351 a.C. y Tiro durante el asedio de la ciudad por Alejandro Magno (332 a.C.). Por tanto es probable que el navío fuera conocido en Roma antes del 264 a.C. aunque no llegaran a construirlo hasta iniciada la guerra contra Cartago.

9 De acuerdo con Plinio el Viejo (7, 207), Aristóteles afirmaba que los cartagineses desarrollaron el “cuatro”, o cuatrirreme. Su nombre, obviamente, indica el número de ordenes de remeros que poseía. Polibio deja constancia de su uso durante el conflicto en el asedio de Lilibeo y Livio lo menciona en la flota cartaginesa de Hispania ya en fechas de la Segunda Guerra Púnica.

10 Por ejemplo, en 201 a.C. la flota rodia, aliada a la de Pérgamo, venció a Filipo V en Quíos (Polibio 16, 2’ 1 – 10’ 4); y en 190 a.C., con 32 “cuatros” y 4 trirremes, vencieron en Eurimedonte a una flota seleucida compuesta por 3 “sietes”, 4 “seis”, 30 “cincos” y 10 trirremes (Livio 37, 22’ 2 – 24’ 13).

11 Para algunos autores como Thiel (1954, p. 83-96) o Tarn (1907, p. 46-53) las cifras de navíos en esta batalla están inflados por las fuentes. Sin embargo, Lazenby (1996, p. 82) si ve las ve creíbles. En cualquier caso, las flotas debieron ser impresionantes y sus tácticas, independientemente del tamaño, quedan claras en el relato de Polibio.

12 Estas dos naves, con seis ordenes de remeros, fueron capturadas años antes a Pirro cuando este acudió en ayuda de Tarento en su guerra contra Roma.

13Contradiciendo a Polibio, tanto Orosio como Eutropio cifran las bajas cartaginesas en 104 naves hundidas y 30 capturadas, mientras que Diodoro tan sólo menciona 24 barcos cartagineses capturados.

14En 255 a.C. según Polibio (1, 37’ 2) “de 364 naves solo se salvaron 80”; mientras que Diodoro (18, 18’ 1) dice que “se perdieron 340 buques de guerra, así como transportes de caballería y otros navíos hasta 300”; Eutropio (2, 22’ 3), siguiendo a Polibio, nos dice que “de 464, 80 apenas pudieron salvarse” (el texto de Polibio contiene un claro error, pues a su flota de 350 naves le habrían sumado 114 capturadas en la batalla del cabo Hermeo. Como el número varía en 100 barcos exactos probablemente sea una equivocación en la tradición manuscrita griega); Orosio (4, 9’ 8) nos relata que “de 300 barcos se perdieron 220”. Por su parte, en 253 a.C. todas las fuentes, Polibio (1, 39’ 6), Diodoro (23, 19’ 1) y Orosio (4, 9’ 11) coinciden en cifrar las perdidas en unas 150 naves.

15Polibio (1, 41’ 3) da el número de 200 naves romanas, pero preferimos seguir a Diodoro que da unas cifras más completas y coherentes.

16Seguimos aquí la información que nos da Polibio (1, 51’ 12). Orosio (4, 10’ 3) da unos datos muy parecidos, con 90 barcos capturados o hundidos, 8.000 muertos y 20.000 prisioneros, logrando escapar 30; mientras que Diodoro (24, 1’ 5) afirma que los romanos perdieron 117 de los 210 barcos y 20.000 hombres y Eutropio (2, 26’ 1) eleva la flota romana a los 220 barcos de los que solo 30 se salvan, siendo tomados 90 y el resto hundidos, además de capturar a 20.000 prisioneros.

17Diodoro dice que perdieron 117, 20 de ellas con todos sus hombres a bordo. Orosio (4, 10’ 8) y Eutropio (2, 27’ 3) dan la cifra de 63 barcos capturados y 125 hundidos.

17 comentarios:

  1. WOW!!😃... mi fe, se ha visto recompensada, esperando una nueva publicación, y como siempre no he sido decepcionado.

    Ha valido la pena, esperar y poder leer algo con la calidad y nivel de siempre.
    El tema de la estabilidad del navío, siempre viene a agriar la historia del corvus. Tal vez, al final la solución es más simple, como la mayoría de las cosas. Y solo es una simple elucubración al terminar de leer el artículo, para no ser lapidado.😉

    Resulta complicado, en la vida real, pensar en que el corvus incluía una pasarela para abordar el buque enemigo, tal vez, el corvus consistía más bien en una estructura como un mástil, coronada con un garfio y a la vez una masa apropiada.
    El dispositivo no se erguía por el tema de la estabilidad hasta el momento de su empleo.

    Al momento del contacto o cercanía del barco objetivo, el "mástil-corvus" se dejaba caer sobre la cubierta enemiga, y la acción de palanca, la velocidad angular del extremo con el corvus, y la masa extra, bastaban para clavarse en la cubierta enemiga.

    Si en proceso el "mástil" se rompía, no importaría, porque seguro, algún tipo de linea de seguridad estaría atada al corvus (cadena o cuerda), y luego por medio de fuerza de los marineros, y poleas se podía acercar o asegurar el navío enemigo a distancia de abordaje, colocando tal vez "pasarelas de abordaje"

    Como el sistema sería precario, es decir nada de estructuras complejas, es lógico que no quedarían restos del mismo.

    Y tal vez, se dejó de usar al implementar los Cartagineses algunas contramedidas, tal vez bordas más altas, cubiertas más resistentes, o fáciles de sacar y destrabar el corvus.

    En fin... supongo que me habló mi Yo del pasado jaja

    La civilización occidental aún no cae, pero se esfuerza, así que espero poder leerlos pronto.

    Saludos y gracias!

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  2. Muchas gracias por tus comentarios, Heitai!!

    Interesante la hipótesis que propones. Ante la falta de pruebas arqueológicas lo único que nos queda son las fuentes escritas, de entre las cuales tan sólo Polibio le da importancia al corvus como para describirlo (como se comenta en el artículo, según otros tan solo era un garfio). En cuanto a la arquología, subacuática en este caso, se ha encontrado realmente poco de época romana. El motivo es bien simple: la madera no solo es un material orgánico y se "deshace" sino que además, flota, y los restos navales, en lugar de hundirse, se desperdigan por el mar. De ahí que se hayan encontrado restos de naves mercantes (al ser el cargamento un lastre que los empuja al fondo marino) que buques de guerra. Pero al igual que se han encontrado espolones de proa, sería posible que se pudieran encontrar la "púa" del corvus. Habrá que seguir esperando.

    Por otra parte, este es el texto de Tucídides que se menciona en el artículo: "Al fin los siracusanos, combatiendo con gran tenacidad con esta táctica, consiguieron la victoria, mientras que los atenienses, puestos en fuga, buscaron refugio en su fondeadero, después de haber atravesado por donde estaban las naves de carga. Las naves de los siracusanos los persiguieron hasta llegar a las naves de carga, pero se detuvieron ante las perchas provistas de delfines que se habían levantado sobre las naves de carga en las vías de acceso. Dos naves siracusanas que con el entusiasmo de la victoria se habían aproximado demasiado a las vergas fueron destruidas, y una de ellas fue capturada con toda su tripulación". Esos delfines eran pesadas piezas de metal que al caer sobre las naves que pasaban por debajo les causaba graves daños.

    El motivo por el que los romanos dejaron de usar el corvus es un misterio. Mi opinión es que si realmente los cartagineses hubierna desarrollado un método para "inutilizarlo" Polibio lo hubiera mencionado, al igual que le dio tanta importancia al motivo por el que los romanos, contra todo pronóstico, vencieron a los cartagineses en el mar. Por otro lado, Polibio solo menciona el corvus en la batalla de Milas y en la de Ecnomo. Es de suponer que también fue usado en Tindaris, aunque tan solo sea porque se dio entre medias de ambas y también por el número de naves púnicas capturadas. ¿Estaba en el Cabo Hermeo y en Drepana? Hay quien dice que si y quien dice que no. Lo que está muy claro es que los romanos habían dejado de usarlo para la batalla de las Islas Egadas. Polibio no da un motivo del abandono del arma, pero ¿por qué menciona que la nueva flota sigue el modelo de la nave de Aníbal el Rodio? Para mí es una clave a tener muy en cuenta.

    Un saludo!!

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  3. Da gusto leer artículos de calidad. Enhorabuena por este increíble trabajo, seguid así.

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  4. Muchas gracias, David!!
    Intentaremos publicar más seguido.

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  5. El tema es muy especulativo, al carecer hasta ahora, de información fiable ni restos arqueológicos válidos.

    Hay, sin embargo, algunos puntos sobre el asunto, que me han dado vueltas desde que leí el artículo.

    Por los antecedentes disponibles, o su ausencia más bien, así como un argumento físico, desde el espacio, hasta la estabilidad de la nave, no es muy creíble, que el corvus incluya la famosa pasarela, por muy atractiva que resulte la idea, se antoja poco práctica, para la mentalidad militar romana.

    Sin embargo, si parece evidente, que algún "sistema" debió haber existido para haber sido mencionado por fuentes diversas, algun tipo de "sistema", y por qué, como se señala en el artículo, este tuvo una corta vida operacional.

    Dicho lo anterior, voy a lo que me ha molestado sobre este asunto. Sucede, que las fuentes, así como los análisis a lo largo de los años, han obviado un elemento clave. Como perdí la práctica de una redacción decente, voy a listar los puntos que creo relevantes.

    1. Parece claro, que los romanos, trataron de revertir una desventaja, su falta de experiencia militar en el mar, convirtiendo las batallas en una seudo batalla terrestre.

    2. Tal idea implica primero, atrapar y poner al alcance de la nave propia, a la nave enemiga y segundo, lanzar un grupo de asalto para capturar o destruir dicha nave.

    3. Con esto se cae el argumento de la pasarela, pues una sola vía de asalto es fácil de contener, aún con medio mínimos. El asalto debía ser lo más masivo y rápido posible, para maximizar sorpresa y limitar reacción. Pues parece lógico, que los púnicos no contaban con una guarnición suficiente de infantería para repeler el asalto.

    4. Es una idea práctica, consistente con la lógica militar romana. Y conforme a esta mentalidad práctica y planificadora (no te conviertes en un imperio, si no tienes un buen comando, control y planificación de todo tipo, desde personal, hasta de logística), la táctica debió ser pulida con mucha anticipación.

    5. Implica lo anterior, que el mando romano de forma obligada, debió preparar personal especializado para realizar esta operación y por la experiencia moderna, entrenar tales fuerzas, no debió tomar menos de 3 meses, antes de su primer uso. Tales operaciones no se improvisan. No es lógico un día tomar unos legionarios-ciudadanos y lanzarlos a abordar una nave de guerra enemiga, sin siquiera saber nadar. Se necesitó practicarla, una, y otra, y otra vez, hasta que el personal, tanto de asalto y marinería, actuara de forma automática y respondiera con rapidez, a la mayor parte de situaciones que se les podían presentar.

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  6. 6. Me parece, que siendo estas naves de guerra, pensadas para la velocidad, más que el transporte y la persistencia en el mar, la dotación de asalto asignada a cada nave, no era muy alta, y solo es una suposición, pero como cada legionario, con impedimenta, a lo menos aporta unos 100 kilos (cifra redonda), ya una dotación de 30 hombres le puede agregar unas 3 toneladas de peso a un navío con menos de 100 o 50 toneladas de desplazamiento, que eran inherentemente inestables y de muy poco calado lo que dificulta la idea de grandes fuerzas de asalto embarcadas y refuerza la necesidad de un entrenamiento exhaustivo a dicha fuerza de asalto.

    7. Obvio, no considero posible, que las tripulaciones de los navíos, se incluyeran en las fuerzas de asalto, salvo excepciones. Un capitán de un navío, en la época que sea, no admitiría que su tripulación se desentienda de sus deberes y ponga eso, en peligro su nave.

    8. Como se requería tiempo para formar dichas fuerzas, me parece lógico que luego de su empleo prolongado, sufrieran una cantidad importante de bajas, que no podían ser reemplazadas. Además, en con su uso, la púnicos podían disponer de contramedidas simples, como agregar pequeñas guarniciones de infantes a cada nave, lo que limitaba la utilidad de estas operaciones, al volverse más costosas. Ejemplos en la historia militar hay a montones.

    9. Al ser, las fuentes romanas al final no fiables, por carecer ellas mismas de fuentes directas, así como de objetividad plena (cosa que no ha cambiado, como ejemplo, solo ver las noticias de actualidad), parece razonable que elementos no glamorosos, no fueran registrados, y menos, como es probable, siendo las bajas en dichas fuerzas elevadas, al comparar con elementos parecidos en la historia.

    10. No me caben muchas dudas, que debió existir una fuerza de asalto, o como decimos hoy, una fuerza de infantería de marina y a pesar de sus bajas, es posible que fuese un antecedente, en la futura profesionalización de las legiones.

    Nada más que decir, que creo ya fue bastante... jaja 😂

    D.

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  7. Como bien dices, el tema es muy especulativo, las fuentes sobre el tema nos dan información general pero por lo general no entran en detalles (que serían muy valiosos).

    Comento por orden los puntos conflictivos que señalas:

    1. es evidente que luchando bajo las "reglas" cartaginesas iban a perder, así que los romanos tomaron una táctica diferente, abordar las naves enemigas. Hay que aclarar que esto no lo inventaron los romanos, el abordaje debía ser incluso más antiguo que la embestida. Como curiosidad, decir que a principios del S. V a.C. la flota ateniense usaba tácticas de embestida, pero sobre la década de 470 o 460 (escribo de memoria) cambiaron al abordaje, con lo que los marineros pasaron de 14 a 30. La cosa es que el experimento salió mal y pronto volvieron a sus antiguos usos.

    2. todo bien.

    3. No tiene porqué ser así. Piensa en las torres de asedio al asaltar una muralla, una acción mucho más previsible al ser las máquinas más lentas en su avance, y con una defensa mucho más preparada. Por otra parte, la lucha en las cubiertas de los barcos no tendría porque ser repentina y corta. Es más, en la narración de la batalla de Ecnomo da la sensación de que los combates duraron horas. La pasarela permitiría cruzar al otro barco de forma relativamente segura. Ahí, si los romanos contaban con 40 marineros, como aseguran algunos estudiosos del tema, y los cartagineses tenían, especulando, 20. La lucha podría ser larga si los cartagineses reaccionaban con rapidez y se defendían con valentía, pero los romanos tendrían todas las de ganar. Pero también hay que tener en cuenta esta cita de Polibio (1, 22' 9) sobre el funcionamiento del corvus: "cuando los cuervos conseguían aferrar las tablas de la cubierta y juntar así las dos naves, si estas se embestían entre si de flanco, los soldados saltaban por todas partes; si se había realizado por la proa, pasaban por parejas por el mismo cuervo".

    4. Estoy de acuerdo. De igual forma que Lutacio preparó a conciencia a los remeros antes de la batalla de las islas Egadas, seguro que Cayo Duilio y los demás cónsules prepararon a los legionarios para asaltar y luchar sobre las cubiertas. Aunque quizás con el tiempo y dependiendo de la premura, el entrenamiento fuera mucho menos de 3 meses.

    5. "Mientras unos se preocupaban de la construcción de las naves y trabajaban en su puesta a punto, otros reclutaban sus dotaciones, y, en tierra, les enseñaban a remar del siguiente modo..." Esto es lo que nos dice Polibio (1, 21' 1) sobre la creación de la primera flota romana de esta guerra. Igual que entrenaron a los remeros es bastante probable que entrenaran a las tropas de tierra para que se adaptaran a la lucha en las cubiertas.

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  8. 6. En este punto es por lo que en el artículo argumento la lentitud de las naves romanas: no por una peor construcción sino por un mayor peso debido, entre otras cosas, al mayor número de marineros. Como digo en el artículo los historiadores modernos hablan de 40 o 70 marineros, lo que, como dices, aumentaría mucho el peso y, por ende, reduciría la velocidad de las naves.

    7. De acuerdo.

    8. Las fuentes no hablan de contramedidas, salvo la táctica usada en Ecnomo que, al final, tampoco dio resultado. Tampoco me cuadra que los cartagineses equiparan sus naves con más marineros, eso las hubiera hecho más lentas y habría anulado sus mejores virtudes: la velocidad y maniobrabilidad. A tu favor, como veremos más adelante, en Drepano (primera y única victoria cartaginesa en el mar) Aderbal embarca a sus mercenarios ¿quizás esa contramedida que mencionas? Si Aderbal disponía de unos 130 navíos y embarcaba a unos 40 marineros en cada una (para igualar a los romanos) "sólo" habría necesitado 5.200 soldados, más o menos la mitad de lo que podría contar en ese momento en la ciudad, la cual, hay que aclarar, aún no estaba bajo asedio. Sin embargo, la victoria cartaginesa se da gracias a la velocidad a la que se despliega la flota y acorrala a la romana, algo que se habría logrado con mucha más dificultad si las naves se hacían más pesadas. Por no hablar de que las naves cartaginesas no estaban preparadas para ello.

    9. De acuerdo. Polibio, Diodoro y los demás se basaban en los relatos de distintas personas (los protagonistas de los hechos siempre que pudieran) o tradiciones orales. Al ser un arma, el corvus, con tan poco uso en el tiempo y muchos de los que lo vieron murieron, el relato aparece confuso y con falta de información.

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  9. 10. Hay muchos ejemplos en el relato de Polibio que dejan claro que los marineros eran las tropas de tierra, tanto en un bando como en otro, por lo que la creación de una fuerza de infantería de marina iría en contra de lo que nos dicen las fuentes:
    "Después de todo esto los romanos, que se habían aproximado a las costas de Sicilia, enterados del desastre ocurrido a Cneo Cornelio, establecieron contacto inmediatamente con Cayo Duilio, jefe de las fuerzas de tierra y le esperaron" Plibio (1, 22' 1).
    "Los romanos organizaron sus preparativos para las dos eventualidades, para una acción naval y para un desembarco en territorio enemigo. Por eso escogieron la flor y nata de sus fuerzas terrestres y dividieron en cuatro cuerpos las fuerzas que se disponían a utilizar". Polibio (1, 26' 4-5) sobre la batalla de Ecnomo.
    "Los tribunos asintieron sin poner dificultades, y Publio Claudio hizo embarcar al punto las dotaciones ya veteranas y también las recién llegadas; pero en cuanto a las tropas encargadas de los abordajes, escogió de todo el ejército a los mejores que se habían presentado voluntarios..." Polibio (1, 49' 5) sobre la batalla de Drepano.
    "Las primeras naves aparecieron en Drepano al amanecer, y Aderbal, al verlas, primero se extrañó ante cosa tan inesperada [...] Con este fin concentró inmediatamente a sus dotacioes en la costa y por medio de una proclama reunió a los mercenarios de la ciudad. Ya congregados, les imbuyó en breves palabras la idea de que podían esperar la victoria si se atrevían a una batalla naval y les recordó las penalidades de un asedio si se mostraban remisos al considerar el peligro. Los mercenarios se declararon dispuestos con prontitud a la batalla". Polibio (1, 49' 7-11) sobre la batalla de Drepano.
    "Nombraron a Hanón jefe de la fuerza naval, y este, después de zarpar con dirección a la isla llamada Sagrada, donde recaló, siguió avanzando, presuroso por llegar a Érice sin que los enemigos lo advirtieran, para depositar las provisiones y aligerar el peso de las naves; después coger como marineros a los mercenarios más aptos". Polibio (1, 60' 3) sobre la batalla de las islas Egadas.
    "Cayo Lutacio, avisado de la presencia de Hanón y de los suyos, adivinó sus propósitos. Recogió del ejército de tierra a los hombres más fuertes y navegó hacia la isla de Egusa" Polibio (1, 60' 4) sobre la batalla de las islas Egadas.

    Muy buen debate. Podemos sacarle más punta a los detalles.
    Saludos!!

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  10. Gran articulo.

    Yo siempre tengo dudas con la armada romana. Tengo claro que usaban remeros griegos de Magna Grecia o tirrenos de Eutruria. Con la ayuda de Siracusa y los griegos de Sicilia deberían de tener una flota más que decente.

    Cartago usa más cuatro que Roma, por tanto alguna ventaja de altura tendría Roma.

    Ninguna arma es una bomba atómica, por tanto no cambia el destino del mundo.

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  11. Gracias, Tchazzar!!

    Tradicionalmente se ha dicho que Roma no tenía ninguna experiencia naval, pero eso es erróneo. Por un lado, Roma contaba con una pequeña armada de 30 navíos a principios del S. III a.C. y, por otro, como bien dices las ciudades de la Magna Grecia tenían una dilatada experiencia y contaban con remeros y oficiales cualificados.

    Con la diferencia de altura entre los "cuatros" y los "cincos" los expertos no se ponen de acuerdo, como se hace referencia en el artículo. Hay consenso en cuanto a la posición de los ordenes de remos en el quinquerreme, pero no así en el cuatrirreme, ¿era un 2-2 o un 2-1-1? Dependiendo de eso la altura varía. Personalmente me inclino más hacia la opción de 2-2 lo que haría al "cinco" algo más alto, pero no sería una diferencia insalvable a tenor de ese suceso de la Segunda Guerra Púnica explicado en el trabajo. El mero hecho de que intentaran abordar el "cinco" indica que era posible. Otra cosa es que efectivamente tuvieran alguna ventaja.

    Saludos!

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  12. Tal vez mi respuesta se ha demorado en exceso, pero la excusa agrava la falta, así que al punto.

    Creo que debo remarcar, que mis opiniones, no se basan en un conocimiento directo de las fuentes en que se basan este artículo, pues no dispongo de ellas, por lo que mi nivel de conocimiento sobre dichas fuentes es nulo. Mis opiniones, más bien son basadas al comparar conocimientos de temas tratados en el artículo, con situaciones actuales, al estar convencido, que el comportamiento e intelecto humano, no ha variado de forma crítica con el tiempo (aunque ahora,... no pongo, ni arriesgo un dedo por como van las cosas en occidente jaja).

    Habiendo expuesto mis falencias, pues vuelvo al tema.

    Al reflexionar sobre el tema (tal vez tengo mucho tiempo libre este verano jaja), pienso que algo sobre el poder naval romano, se escapa. En tu reciente respuesta, indicas el tamaño de la fuerza naval romana, en época cercana a guerra con los púnicos (30 navíos). Por mera coincidencia, ayer vi una conferencia de la Fundación J.March sobre la ciudad de "Emporion", y la introducción sobre la navegación en la antigüedad, me reafirmo la idea que algo se escapa.

    Creo que los romanos tenían mucha más experiencia naval, que la mencionada en fuentes. Los capitanes romanos tenían buena formación, no eran improvisados, de otro modo con el caos de la batalla, si hubiesen sido novatos o con poca experiencia, cometerían errores al descuidar su conciencia situacional y terminarían ellos siendo los derrotados.

    Ahora bien, no digo, porque no puedo, que los capitanes de la flota, hubiesen sido romanos, tal vez se hizo uso de oficiales o asesores de otras procedencias. En caso contrario, se hubiesen necesitado años, para formar los centenares de capitanes y oficiales para librar la batalla. Reitero lo que dije, un soldado puede formarse en 3 meses (mínimo indispensable), pero un oficial, un mando necesita mucho más, sea la época que sea.

    Sobre la composición de las tripulaciones, sigo creyendo que los marineros debieron ser marineros y no parte de la fuerza de asalto, ¿por qué insisto? por algo simple, y es la dinámica de la batalla. Pensemos que una nave romana ataca, engancha y asalta una nave enemiga. El asalto no logra éxito inmediato, se debe esperar un lapso de tiempo, pero la batalla no se detiene. Esa nave romana, se convierte a su vez en presa fácil para otra nave púnica, pues no es posible que cada nave romana, esté peleando con una nave púnica, en la realidad, todo sería un caos. Y un capitán romano debía estar inmerso en su función, tener conciencia situacional, preocuparse del asalto de la nave enemiga, pero a la vez, preocuparse de la seguridad de la propia, para evitar ataques de otras naves. Ese capitán en situación de peligro, debería romper contacto con su presa y recuperar ventaja táctica (otra vez, eso no se improvisa).

    En el tema de las contramedidas, pues parece que se vislumbra algo, con el embarque de "mercenarios". Los romanos debieron crear su táctica de asalto, previendo tener una superioridad militar sobre la nave enemiga, con el grupo de asalto, pero usando la regla militar del 3 a 1, esto es, que el atacante debe tener una superioridad masiva en el punto o zona objetivo, la presencia de unos pocos mercenarios bien armados y listos, esperando el asalto, es un elemento disuasorio importante, para ya no usar esta táctica de abordaje.

    Me gustaría saber, cuál era la condición de los marinos púnicos, los remeros. ¿Mercenarios, ciudadanos púnicos, esclavos, mezcla? tal condición podía alterar las acciones romana, desde la captura a la exterminación de parte o todo personal enemigo y facilitar o dificultar el éxito del abordaje.

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  13. Upss... sorry... creo que me pasé de rosca otra vez!😄

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  14. Coincido contigo en que los instintos humanos no han variado a lo largo del tiempo y que a veces hay que tirar de intuición para rellenar los huecos que nos faltan. Pero no por ello debemos ignorar lo que nos dicen las fuentes sobre este u otro tema.

    Debo corregir una pequeña errata: no eran 30 sino 20 los navíos que componían la primera flota romana. La fecha oficial de la creación de dicha flota fue en 311 a.C. y en 282 a.C. 10 de estos barcos fueron derrotados por la flota de Tarento. Desde este punto hasta el 261 a.C. no se menciona de nuevo la flota romana, fecha en la que construyen una nueva. Sin embargo, hay varios puntos que nos hacen pensar que en esos 20 años la flota siguió en uso (más allá de lo obvio de que tenían las mismas necesidades de protección de la costa). Por un lado, resulta muy curioso que en la nueva flota fueran 100 quinquerremes y !20 trirremes! ¿tan solo una coincidencia o realmente la única nueva construcción fueron las quinquerremes, siendo las trirremes la flota original? Por otro lado, en Ecnomo se mencionan dos "seis" capturados a Pirro, ¿por qué iban a mantener dos costosos barcos todo ese tiempo si no contaban con una flota?

    Se supone que la flota anterior a la Primera Guerra Púnica estaba mandada por dos duumviri navales. Pero en el conflicto contra Cartago son, por lo general, los que comandan las flotas. ¿Tenían experiencia para el cargo? No, pero al fin y al cabo la misma que para comandar tropas de tierra. Sin embargo, al igual que para los ejércitos eran asesorados por oficiales, para las flotas ocurriría lo mismo. Y aquí, a parte de la experiencia acumulada por sus marinos con aquella pequeña flota de 20 navíos, Roma siempre podría contar con las polis de la Magna Grecia, que aportarían remeros y también capitanes.

    Creo que ha habido un malentendido en los conceptos sobre la tripulación. Para que nos entendamos cuando hablo de marineros me refiero a "soldados". El término soldado no me gusta emplearlo en estos casos al implicar profesionalización, de ahí que en el trabajo me refiera a "marineros armados" para luego pasar simplemente a llamarlos "marineros".

    Aclarado esto, se entiende que, por ejemplo, el timonel no se lanzaba al abordaje de otra nave. Ahora bien... Por supuesto que se daba el caso de que mientras una nave romana asaltaba una cartaginesa otras naves pudieran llegar en su ayuda y embestir a la romana. En las distintas narraciones de la Primera Guerra Púnica no se detallan tanto los combates, pero por ejemplo, en la batalla de Quios (201 a.C.) si se hace, dándose tales circunstancias. En cualquier caso, de ahí la preocupación de los romanos por ofrecer siempre formaciones compactas y con dos (o más) filas de naves, para poder prestarse apoyo mutuo, sobre todo para que no pudieran embestir por la popa a las naves de la primera fila (esto si lo advierte Polibio).

    Que los cartagineses embarcaran mercenarios no implica que embarcaran MUCHOS mercenarios. Podrían ser 20 por barco, lo que daría la nada desdeñable cifra de 2.600 mercenarios embarcados en Drepana. Vale, podrían ser 40... Pero lo que está claro con esto es que la flota cartaginesa (ni la romana) usaban infantes de marina, entiéndase por esto infantes especialmente destinados a luchar en embarcaciones.

    De todos modos en Drepana se habla de la velocidad de las naves púnicas y no de que tuvieran más "soldados" embarcados (además de que esto último implicaría una reducción de lo primero). Polibio nos habla de la velocidad de las naves cartaginesas, del entrenamiento de sus tripulaciones y de la ventaja de haber formado en alta mar, en contraposición a los romanos que lo habían hecho acorralados contra la costa.

    Los remeros de la flota cartaginesa eran ciudadanos. Eso no implica que opusieran una enorme resistencia a que la nave fuera capturada, de ahí los enormes números de prisioneros. En más de una ocasión Polibio nos habla de naves capturadas con toda su dotación.

    Saludos!

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  15. Yo creo que cada nación o posiblemente puertos realizaba los barcos de distintas formas. Corintio los realizaba distintos a Atenas y los dos a los fenicios.

    Posiblemente los cuatro o cinco fueran distintos dependiendo el maestro constructor que los realizaba. Estamos hablando de cientos de barcos.

    Cartago embarcaba mercenarios pero posiblemente no la cantidad suficiente para resistir a los romanos. Posiblemente el tipo de construcción más estrecha o menos alta propiciase menor cantidad de soldados en cubierta.

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    1. Que los navíos cartagineses estuvieran construidos con piezas prefabricadas, numeradas y posteriormente ensambladas me hace pensar que sus barcos serían muy estandarizados. Habría que ver si otros Estados hacían lo mismo. A este respecto quizás Roma copiara esta "construcción en cadena" de ahí que consiguiera armar flotas tan numerosas en tan poco tiempo. Pero el hecho de que Polibio se sorprenda de tal hazaña hace pensar que, al menos en Grecia, los barcos se hacían "uno a uno" y que, por tanto, como bien dices, cada constructor los hiciera a su modo.

      En el trabajo trato de transmitir la idea de que los barcos romanos estaban construidos específicamente para poder llevar a bordo más tropas para el abordaje y de ahí, al tener más manga y más calado y al ser más pesados fueran más lentos que los cartagineses, que por otro lado, como bien dices, no estaban preparados para llevar más hombres, no al menos en la cantidad en que fuera determinante.

      Un saludo!

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