lunes, 2 de enero de 2017

REVUELTA JONICA, 499 – 493 a.C.



Entre los años 499 a.C. y 493 a.C. los griegos de la costa anatolia, principalmente los jonios, se deshicieron de sus tiranos, primero; y se unieron luego en pos de la independencia de sus polis que, hacía ya cuarenta años, vivían sometidas al Imperio Persa. Conflicto que, por otra parte, sera causa de las famosas Guerras Médicas. Sin embargo, lejos de estos enunciados de deseos de libertad y lucha contra la tiranía; la ruina de las ciudades griegas de Asia Menor fue fruto sobre todo de las intrigas, las traiciones y las ambiciones desmedidas de algunos oscuros personajes de la antiguedad clásica griega. 
Evento cumbre en la historia del pueblo heleno, la Revuelta Jónica contra el Imperio Persa es un hecho que no podía faltar en Anábasis Histórica.


 


Introducción.

Cuenta Heródoto que, según ciertos eruditos y gente de la más sabia de toda Persia, los conflictos entre los asiáticos [1]  y los griegos comenzaron por culpa de los fenicios, cuando estos intrépidos marineros raptaron a Ío, la hija de Ínaco (Inakhos), el primer rey de Argos, para ser llevada a Egipto. Más, luego, y siempre siguiendo a Heródoto, los griegos se tomaron la revancha por partida doble. Aprontando en Tiro ciertos marineros cretenses, raptaron a una joven princesa llamada Europe [2] (hija de Agenor, rey de Tiro). Y no satisfechos con esto los griegos de Argos (ver Jasón y los Argonautas), navegaron hacia Ea, en la Cólquide (Kolchis), y arrebataron de allí a Medea, la hija del rey Eates.
Este “dos a uno” a favor de los helenos merecía ser emparejado por los asiáticos lo antes posible. Tarea a la que Alejandro de Troya (el otro nombre de Paris) se brindó con talento único, cuando seduce y rapta a la bellísima Helena, y joven esposa de Menelao, el rey de Esparta. Rapto que motivó la guerra de Troya, que concluye con una rotunda victoria griega. Famoso conflicto que configura, por otra parte, la primera invasión de un ejército griego en tierras asiáticas.
La tradición indicaría entonces, que los fenicios fueron los que iniciaron las afrentas entre oriente y occidente, pero que los griegos fueron los primeros en pasar un ejército. Ofensa no menor, por cierto. El origen casi mítico de los eventos mencionados, no impide que la escalada de violencia entre los griegos y los asiáticos fuera in crescendo en los sucesivo. Llegando al punto de caer todas las ciudades griegas de la costa anatolia  primero en poder de los Lidios, y luego de los Persas. Dominación que desembocará en el conflicto que nos convoca en esta oportunidad: La revuelta de los Jonios. Conflicto que a la postre significará el puntapié inicial para la guerra abierta entre Persia y los estados griegos, conocida con el nombre de “Guerras Médicas”.
Analicemos entonces como fue el proceso de dominación de los asiáticos sobre las ciudades griegas de Anatolia [3].


Antecedentes.

Las ciudades griegas de la costa Anatolia, eran el producto de las migraciones y colonización que estos pueblos efectuaron durante los primeros siglos del primer milenio antes de Cristo, debido a la crisis interna tras la caída del “estado” Micénico así como a motivaciones comerciales. Especialmente destacaron los "jonios" de cuya liga Heródoto enumera 12 ciudades, a saber: Mileto, Miunte y Priene en la Caria. En la Lidia están Éfeso, Colofon, Lébedos, Teos, Clazómenas y Focéa. Otras dos en las islas de Samos y Quío, y la restante, Erithrea, fundada en el continente[4].
Soportes de la cultura helena en la costa oriental del Egeo, las ciudades jonias destacaron y prosperaron. Sin embargo, entre todas ellas, Mileto llebaba la delantera. En competencia por un tiempo con Samos, a partir la caída de Polícrates (tirano de dicha isla) en 522 a.C. ya no tendría rival en el Egeo. Pero la mencionada prosperidad, y la posición estratégica de cara al comercio marítimo, hizo de estas ciudades el blanco predilecto de algunas de las potencias regionales.
Sin embargo, como vamos a ver a continuación, la dominación extranjera no supuso mayores peligros para la vida de estas ciudades. El desastre sobrevendrá más por las ambiciones personales de algunos tiranillos propios, que por el afán destructivo de los imperios regionales.


Creso, por Claude Vignon (1629)
Conquista Lidia.
La primer potencia que debieron enfrentar los giregos de anatolia fue el reino Lidio. Los sucesivos reyes de Lidia intentaron uno tras otro, someter las ciudades griegas de Anatolia. Desde Giges (685-644 a.C.) hasta Creso (560-546 a.C.), todas las ciudades griegas fueron cayendo con el tiempo bajo la dominación Lidia.
La primera ciudad Jonia en caer fue Colofón, en el 665 a.C. por el rey Giges. Le siguieron Magnesia del Meandro (aunque ubicada en Jonia, era eólia de origen) y Sipilo. Priene fue capturada por su sucesor, Ardis. Y el heredero de este, Sadiates, cargó contra Mileto, pero al igual que su abuelo y padre, fracasó en su intento de capturarla. Aunque pudo disfrutar de dos victorias en batallas campales contra los griegos. Su hijo y continuador, Aliates, continuó la guerra con Mileto sin poder tomarla, aunque pactó una alianza con esta [5]. Pudo conquistar sin embargo Esmirna (Smyrna) alrededor del 600 a.C. Y finalmente, ya bajo el reinado de Creso (Kroisos) todas las ciudades de Jonia y Eolia fueron conquistadas por el más famoso de los reyes de Lidia.
Una a una fueron cayendo. Unas por la fuerza (como Éfeso), otras mediante la intriga o tratados de alianza (probablemente Mileto). Salvo Cilicios y Licios, todas las naciones desde el río Halis hacia el oeste fueron sometidas por Creso.
Si hubo una constante durante todas las guerras que los Lidios mantuvieron con los griegos de anatolia, fue la prácticamente nula intervención de los griegos de Europa. La táctica que siguieron los monarcas Lidios, fue el envío de suntuosas ofrendas a los santuarios de Grecia, en especial al de Delfos, cuyos oráculos aconsejaban convenientemente nunca intervenir en favor de sus hermanos de Anatolia [6]. Táctica que dio sus buenos frutos.
El gobierno de Creso sobre las ciudades griegas no debió ser sofocante. Se lo considera un rey con modos y costumbres casi griegas. Había contraído matrimonio con una mujer Jonia, consultaba oráculos en la Grecia continental, apreciaba las artes griegas y solía recibir a sabios de ese origen. Amén de que mantenía muy buenos tratos con Esparta (ver trabajo Polícrates de Samos). Las ciudades griegas deberían de gozar de cierta independencia. En especial Mileto, que nunca había podido ser conquistada por ningún monarca Lidio, y que solo había cedido a acordar pactos de alianza.
Estos datos no son a modo anecdótico, sobre todo a la hora de comprender la futura relación de las ciudades griegas con los persas, pero sobre todo el rol de Mileto. Veamos…


Ciro II el Grande.
Ciro II el Grande, y la conquista de Lidia.

No es la idea de este trabajo repasar la conquista de Lidia por Ciro II el Grande, simplemente repasaremos aquellos hechos que sirven para entender la relación futura entre griegos de Anatolia y los persas. Eventos que servirán como base para la revuelta Jonia.
Vale decir que cuando Ciro se dispuso a conquistar el reino Lidio, alrededor del 548 a.C., solicitó el apoyo de las ciudades griegas de Anatolia, pero estas se negaron [7]. Esto nos permite pensar que, si los griegos veían con malos ojos una dominación persa, evidentemente es porque la dominación Lidia no era opresiva. Esto queda en evidencia tras la victoria de Ciro en el río Halis en 547 a.C., la toma de Sardes y la captura de Creso en 546 a.C., y que puso a las ciudades griegas en una situación muy incómoda: habían rechazado formar parte del bando ganador apostando por el perdedor.
Hecho que en definitiva obligó a los jonios a enviar una embajada a Sardes solicitando a Ciro que “los admitiese por vasallos con las mismas condiciones que lo eran antes de Creso” (Her.1,141), petición que fue rechazada rotundamente por el rey de reyes salvo, vale aclarar, para con Mileto. Ciudad que pudo acordar un tratado con los persas por el cual serían tratados de igual forma que lo fueron con los Lidios.
Como puede verse, Mileto logra eludir el peso de la dominación persa. Hecho que revela algún tipo de negociaciones en paralelo de esta ciudad a costa del resto de las polis jonias de Anatolia. Tal vez, arriesgamos, como expresión de la política que Persia tenía pensado para occidente, y en la que Mileto tenía un lugar de importancia. Aunque no exento de controversia, si tenemos en cuenta el papel de Mileto en la revuelta jónica.
El resto de los griegos volvieron a sus ciudades, las fortificaron, y celebraron un congreso en Panjonio (Panionion, o “común a los jonios”) en el cual se determinó enviar una embajada a Esparta para solicitar ayuda. Pero los lacedemonios se limitaron únicamente a enviar una galera con algunos hombres, más bien en el rol de observadores y embajadores, que apenas se limitaron a esbozar una advertencia a Ciro, que obviamente fue desestimada.
La sumisión de los jonios no sería llevada a cabo por Ciro (pues en realidad tenía objetivos más jugosos, como Babilonia o Egipto). En principio el plan era que Tabalo, gobernador en Sardes, se ocupe de las ciudades griegas. Sin embargo, una rebelión de los lidios (que incluía mercenarios griegos) lo impidió de momento. Fue enviado un general persa, de nombre Mazares (547-546 a.C.), a sofocar la rebelión y continuar con la conquista de Jonia. El primer objetivo fue resuelto, el segundo solo pudo ser logrado en parte, puesto que solo logró capturar Priene y Magnesia antes de caer enfermo y morir (Her 1,161). La tarea fue continuada probablemente a partir del 545 a.C. por el medo Harpago, quien tomo diversas plazas valiéndose de “trincheras y terraplenes” (Heródoto 1,162).
Salvo los foceos, que prefirieron migrar (544 a.C.) antes que enfrentar una guerra perdida de antemano, y una parte de la población de Teos (que hizo lo mismo, pero hacia Tracia también en el 544 a.C. y participó en la refundación de Abdera), el resto de los griegos lucho por sus hogares y fueron derrotados y sometidos al imperio persa. Los jonios de las islas, al ver el desastre acaecido sobre sus hermanos, se sometieron sin lucha. Vencidos así los griegos, siguió Harpago su raid de conquistas por el resto de la anatolia, sometiendo los pueblos que aún eran libres (Her.1,171).
Como colofón de este capítulo, solo reafirmar lo acontecido con Mileto. La ciudad jonia evitaba dos veces la dominación extranjera con sendos tratados. Primero con los Lidios, y luego con los Persas. Y lo hacía incluso a costa de abandonar a su suerte a sus ciudades "hermanas", sus compatriotas jonios. Ítem que no debemos olvidar a la hora de evaluar su rol en lo que se conoce como Revuelta Jónica.


Aristágoras, tirano de Mileto.

Con las campañas de Darío I contra los Escitas del Mar Negro (513 a 512 a.C.), griegos y Persas vuelven a verse las caras luego de un tiempo de paz. Las ciudades Jonias fueron obligadas a aportar sus buques, y algunas ciudades griegas en el teatro de operaciones de la campaña (como Perinto) fueron tomadas por Megabazo. Tras esta guerra (en 512 a.C.) el general persa Otanes tomará Bizancio y la isla de Lemnos entre otros territorios griegos o pelasgos (según Herodoto).
La expansión persa sobre las ciudades y colonias griegas orientales, sea en continente o las islas, parece que por el momento se detenía. Mayormente el interés persa por esos territorios eran más bien el resultado de la absorción del reino de Lidia, o de las necesidades de la campaña contra los Escitas. En las ciudades griegas bajo su poder, o influencia, los persas alentaban tiranías afines a sus intereses (generalmente miembros de las oligarquías locales). Este era el caso de Mileto, donde Darío había colocado como tirano al general ateniense Histieo.
Al tiempo Histieo sería reemplazado como tirano de Mileto, por el propio Darío, y por causa de algunas intrigas (Her. 5,26-25) (El propio Megabazo recomendó a Dario llamar a Histieo para retenerlo como consejero en su corte). Su lugar lo ocuparía Aristágoras, suponemos que con el aval del Rey de Reyes. Este, que era familiar de Histieo, ya ocupaba el cargo de forma interina cubriendo la ausencia de Histieo quien se encontraba administrando sus asuntos en Tracia.


Campaña de Naxos, 502-501 a.C.

En el año 502 a.C. en la isla de Naxos, se produjo un alzamiento que instituyó una democracia al estilo y por influjo de los atenienses (recordemos que entre los años 509 – 507 se instaura la democracia en Atenas). Como consecuencia buena parte de la oligarquía o bien fue expulsada, o bien se dio a la fuga por motu proprio.
Fueron a refugiarse los proscriptos a Mileto donde fueron recibidos por Aristágoras a quien solicitaron no solo asilo, sino también ayuda para recuperar su poder en la isla. El tirano de Mileto vio así la oportunidad de, a costa de los refugiados, alzarse con aquel territorio. Pero dependiente como era del imperio persa, bien sabía que debía contar con el aval del sátrapa de Sardes. Y por supuesto, con su participación y colaboración.
Tras las promesas a los refugiados naxos, de ocuparse de todo el asunto, partió rápidamente a la capital de la satrapía para entrevistarse con Artafernes. El discurso del griego fue muy elocuente, convenciendo al sátrapa de las ventajas y riquezas no solo de esa isla, sino también de las cercanas y dependientes de esta: Paros, Andros y las Cícladas. Y lo conveniente que era para él mismo, añadirlas a la corona Persa.
Prometía Aristágoras, además, asumir completamente los gastos de la empresa. Pues, aunque rico botín prometía como resultado de la expedición, aseguraba contar con la suma suficiente ya de antemano. Tan entusiasmado se mostró el sátrapa que, a las cien naves solicitadas por el griego, añadió otras cien (según Heródoto, por supuesto).
Luego de obtener el aval del rey persa, Artafernes nombro general de la expedición a Megabates (primo de Darío) y ordenó reunir las tropas y partir hacia Mileto. Allí Aristágoras ya había acantonado sus fuerzas, las propias de Mileto y la de los refugiados Naxos. Reunidos ambos ejércitos, hicieron vela hacia Naxos, no antes hacer correr la voz de que partían hacia el Helesponto, a modo de cobertura.
La flota, luego de hacer puerto en Quíos (Caúcasa), esperó al viento Bóreas para dejarse caer sobre Naxos. Es aquí cuando ocurre lo inesperado. Cuenta Herodoto que, cierta discusión entre Megabates y Aristágoras puso en peligro toda la campaña cuando, el enojado general persa, por despecho, decidió remitir un aviso a Naxos para anticiparles de la expedición y ponerlos en alerta. Por supuesto que tal hecho puso en riesgo el éxito de la expedición.
Demás está decir que los Naxos no perdieron tiempo y rápidamente realizaron todos los preparativos necesarios para recibir a los invasores. En vano los persas y los milesios pusieron sitio a la ciudad, que por cuatro meses resistió heroicamente. Y gastadas todas las provisiones, y todo el dinero, decidieron retornar a Mileto con las manos vacías. Solo los desterrados de Naxos se quedaron en una especie de fortificación con la intención de continuar la guerra ellos solos. Aunque con el fracaso como único destino [8].
Debemos aclarar que nos permitimos poner en duda los hechos. Al menos en cuanto al detalle de la supuesta traición de Megabates. Difícilmente el general persa hubiera tomado semejante decisión, que condenaba la expedición y ponía en riesgo a sus propias tropas. Creemos simplemente que no fueron suficientemente efectivas las mediadas distractivas. Y el fracaso de la expedición, sumado al miedo a una represalia, llevó a Aristágoras a inventar dichas acusaciones hacia Megabates para exculparse.
Así las cosas, fracasada la expedición, y en completa bancarrota, Aristágoras enfrentaba el reclamo persa para hacerse cargo de todos los gastos de la empresa. Es aquí cuando, según Heródoto, el tirano de Mileto comienza a sopesar la idea de una "conveniente" sublevación contra Persia.


Conato de Rebelión.

Con razón suponía Aristágoras que le sería quitado el poder sobre Mileto. Da a entender Heródoto que es con la intención de mantenerse al frente de la ciudad, que este milesio maquina una rebelión contra el poderoso Imperio Persa. Solo el historiador Hecateo, de entre los partidarios del tirano milesio, se opuso a la idea. Fracasando sin embargo en sus intentos de convencer a Aristágoras de cambiar de idea, intentó al menos de que se elaborara un plan más sensato. Si es que se iba a hacer la guerra al Imperio Persa, al menos idear un plan con alguna garantía de éxito. Es decir, hacerse dueños del mar, donde los griegos tenían ventaja. Sin embargo, tampoco fue escuchado en este punto.
Se decidió, sin embargo, partir rápidamente a Miunte, donde fondeaba la flota de la expedición a Naxos para apresar a sus capitanes a fin de controlarla. Al mismo tiempo, Aristágoras renuncia públicamente a la tiranía de Mileto, devolviendo la “libertad” a sus ciudadanos, con el fin de atraerlos a sus planes. La misma estrategia aplica en el resto de las ciudades de la Jonia y Eolia, puesto que muchos de sus "principales líderes" los había apresado al tomar la flota, ganándose a muchas polis para su partido.
Recordemos que las ciudades de la Jonia guardaban un fuerte encono contra la dominación persa. Producto de la campaña de conquista persa. Pero Mileto, como ya vimos, ni contra los Lidios, ni contra los persas se alzó en armas. Prefiriendo siempre abandonar a sus hermanos y pactar con las potencias del momento una especie de libertad condicionada. No impidió el recuerdo de estas traiciones, al resto de las ciudades jonias unirse con Mileto.
Así fue como Mitilene (Lesbos), Cime (o Cumas), entre otras, fueron abandonando las tiranías, y nombrando generales para sus milicias se pusieron a disposición de los milesios. Por fin la gran ciudad jonia encabezaba los deseos de libertad de los griegos de Asia.
Acto seguido, partió Aristágoras hacia Esparta (499 a.C.), a fin de solicitar su ayuda. Pero rechazado por Cleómenes, se dirigió a Atenas, ciudad que ya hacía tiempo se había liberado de la tiranía. Curiosamente la ciudad que había inspirado la rebelión de Naxos, que él mismo Aristágoras quiso poner fin y por la cual, tras fracasar en la misma, se hallaba ahora en esta penos situación.
No le impidió todo esto, sin embargo, solicitar ayuda. Ni a Atenas prestarla. Utilizando como argumento la condición de colonia de Atenas que ostentaba Mileto, amén de enumerar las riquezas que se obtendrían como botín de guerra, Aristágoras consigue el apoyo de la gran polis griega.
A pesar de no ser la primera opción de socorro, y de que la ayuda sería destinada a socorrer a un tirano, enemigo de la democracia griega, Atenas accede a remitir la ayuda necesaria, imaginándose como la libertadora de los griegos de Asia. Treinta mil atenienses aclamaron en favor de la campaña, y veinte naves (a las que se sumaron cinco de Eritrea [9]) fueron aprontadas a partir. Se puso al mando a Melantia, general de mayor reputación, y se partió hacia Mileto. Satisfecho, Aristágoras regresó a Mileto.
La contradictoria alianza entre un tiranillo problemático de oscuras intenciones (y enemigo de la democracia) y, justamente, la polis de la democracia, que soñaba con ser la "liberadora de los griegos" fue, sin dudas, un inicio muy poco honroso para la Revuelta Jónica.


Artibio y su caballo encabritado.
Revuelta Jónica, 499 a 493 a.C.

Toma e incendio de Sardes, 498 a.C.
Reunidas las tropas de Atenas y de Eirtrea con los rebeldes jonios, parten hacia Éfeso para proseguir desde allí hacia Sardes, capital de la satrapía persa, y principal objetivo de la campaña. Al mando de los milesios no fue el propio Aristágoras, sino que nombrando a dos generales (Caropino, su propio hermano, y Hermofanto, un ciudadano de Mileto).
El ejército griego era numeroso, pero la ventaja de la sorpresa fue rotunda. Sardes fue tomada casi sin resistencia. Y dejando la fortaleza, sin embargo, en poder de la nutrida guarnición persa, se dieron al saqueo de la ciudad. La fatalidad hizo que se produjera un incendio, y puesto que muchas casas eran de madera (y las que eran de ladrillo tenían sus techados de madera), el fuego se propagó velozmente y pronto toda la ciudad ardía ferozmente.
La población lidia, y los persas que allí vivían, se vieron obligados por las llamas a reunirse junto al río Pactolo. Para colmo, enfurecidos, plantaron cara a los saqueadores griegos quienes, viéndose en desventaja, decidieron retirarse a un monte cercano para esperar la noche. Y ya con la cubierta de la oscuridad, retornaron a sus naves en Éfeso.
La ciudad fue arrasada por el fuego. Destruyéndose el templo de Cibele. Excusa que utilizarían más tarde los persas para justificar el incendio de los templos griegos.
Los persas organizaron rápidamente un ejército (¿de caballería?) para acudir en ayuda de los lidios y los persas de Sardes. No encontrando a los invasores, siguieron sus pasos hasta alcanzarlos en la propia Éfeso. Los griegos no rehusaron la batalla y, formando sus batallones, dieron cara a los persas. Sin embargo, fueron rotos y vencidos muriendo muchos griegos allí. Ver tema caballería persa versus falanges.
La victoria persa fue tan rotunda, que los atenienses decidieron retornar a su patria y abandonar a los jonios a su suerte. De aquí en más, deberían llevar el peso de la guerra ellos mismos.

Campaña del Helesponto y rebelión en Chipre 498 - 497a.C.
Sin desanimarse, los jonios deciden continuar la guerra. Paradójicamente, el nuevo plan de los griegos se parecía mucho al que propusiera Hecateo tiempo antes: hacerse dueños del mar. Dirigen la flota hacia el Helesponto, con la idea de tomar Bizancio y atraer a los griegos de aquella región a su partido. Acciones en las que tienen gran éxito pues las ciudades de Dardano, Abido, Pércota, Lampsaco, Peso y Pario se unirán a la revuelta.
La toma e incendio de Sardes, y el éxito de la campaña al Helesponto, anima a una parte de los Carios (la ciudad de Cauco y región circundante) a unirse a la rebelión. Incluso Chipre realiza su propia versión de rebelión (498 a.C.) cuando los partidarios de los persas son sitiados por los rebeldes (dirigidos por un tal Onesilo de Salamina, colonia griega en Chipre) en la ciudad de Amatunte último bastión persa en la isla.
Sucedía esto cuando llega a oídos de Darío la noticia del incendio de Sardes. El rey de reyes reprochó duramente a Histieo por las malas acciones de su regente de confianza. Pero sin embargo deja que abandone la corte persa tras algunas disculpas y promesas absurdas. Darío se disponía a castigar con fuerza a los jonios.
La primera acción persa sobrevino sobre Chipre (497 a.C.). Una flota (de naves fenicias) y un ejército (en buena parte formado por tropas de provincia), al mando del persa Artibio, que se abalanzó sobre la isla probablemente desde Cilicia. Advertido, Onesilo alcanzó a pedir ayuda a los jonios quienes remitieron la flota. No pudo evitar este griego el desembarco persa, y la marcha del ejército sobre la ciudad de Salamina. Lo mismo hacía la flota persa que convergía sobre la bahía de la ciudad.
Los jonios acordaron con Onesilo combatir solo con la flota, a pesar de los ruegos del de Salamina, para que aquellos se sumaran a las tropas de tierra. Mientras la flota griega arremetía contra la fenicia, Onésilo ordena sus tropas lo mejor posible para hacer frente al ejército persa.
Enfrente de los soldados del enemigo, que no eran persas de nación, ordenaron una parte de sus tropas Cipriotas; delante de los persas mismos pusieron la flor de su gente escogida entre las milicias de Salamina y de Soli: Onésilo por su voluntad escogió el puesto que correspondía al que enfrente ocupaba Artibio, general de los persas”. Heródoto V, 110.
La victoria fue para los griegos en el mar, pues la flota fenicia fue diezmada por los jonios, destacando sobre todo los marinos samios. Pero en tierra sobrevino la derrota. Incluso a pesar de que Onesilo logra acabar con Artibio. Ocurrió que, en plena batalla, un batallón de Curios (colonia de los Argivos), al mando de Estesenor, decide pasarse a los persas, siguiendo este mal ejemplo un escuadrón de carros de los propios salaminos.
Con semejante desventaja, pronto el ejército chipriota dio la espalda al persa para comenzar la huida encontrando la muerte el propio Onesilo y Aristocipro, otro griego notable de la isla. Los de Amatunte, en venganza del asedio al que fueron sometidos, cortaron la cabeza de Onesilo y la colgaron sobre la puerta de su ciudad.
A pesar de la derrota en el mar, la rebelión en Chipre era de esta forma aplastada. Solo la ciudad de Solos resistió por cinco meses el asedio persa. Quienes lograron tomar la ciudad luego de minar cuidadosamente sus muros defensivos.
Los persas, entonces, comenzaban a torcer el rumbo de los acontecimientos, que hasta el momento eran favorables a los jonios.

Mapa de Situación. La Revuelta Jónica y sus alcances.


Tropas persas.
Contraataque persa y alzamiento en Caria, 497 a.C.

Los persas organizaron la contraofensiva dividiéndose las áreas de actuación entre Daurises (yerno de Darío), Himeas y Otanes. Heródoto nos informa de una batalla campal decisiva, en la que los persas derrotan contundentemente a los griegos, pero omite mencionar su nombre y ubicación.
La victoria fue tan determinante que obligó a los griegos a abandonar no solo las acciones por tierra, sino también por mar, y resguardando las naves, cada contingente beligerante retornó para tomar la defensa de sus respectivas ciudades. Fue así que a los persas solo les restaba tomarlas una por una.
Daurises se dirigió hacia el Helesponto, y rindió las plazas de Dárdano, Abido, Pércota, Lampsaco y Peso. Y cuando marchaba hacia Pario, tuvo noticias del alzamiento de los Carios, por lo que, torciendo el rumbo, se puso en marcha a fin de acabar con el alzamiento de este pueblo famoso por su fiereza en el combate. Sin embargo, superados en número, fueron derrotado por los persas, perdiendo diez mil hombres de armas según Heródoto, en la batalla de Marsias (497 a.C.).
Entretanto Himeas, se dirigía a Misia también desde Sardes y sometió la ciudad de Cío. Convergiendo sobre la Propóntide (mar de Mármara) hacia el Helesponto, se dispuso a completar la campaña interrumpida de Daurises. Logro tomar Gergis en la tróade, y someter a todos los eolios de aquella región. Sin embargo, no pudo disfrutar de sus victorias, pues la muerte lo sorprendió apenas concluidas sus conquistas.
Los jonios eran directamente atacados por Otanes, y el mismísimo virrey de Sardes: Artafernes. Cayendo a sus pies la ciudad de Clazomene en Jonia, y Cime en Eolia. Ahora bien, la revuelta de los Carios daba esperanza a los jonios, por lo que deciden enviar un contingente en apoyo, a fin de intentar aliviar la presión persa en su territorio. Una segunda batalla entre Persas y Carios (apoyados por los jonios) se desata en Labraunda durante el verano del 496 a.C., aunque con el mismo resultado negativo para los rebeldes.
Imposibles de batir en senda batalla campal al ejército persa, los carios deciden cambiar de estrategia y, enterándose que los persas se dirigían a sitiar Pedasa (capital de los Léleges, una parcialidad de los carios), próxima a Halicarnaso (actual Bodrum), guiados por Heraclidas de Milasa, preparan una emboscada con la que, al caer la noche, destruyen completamente el ejército persa (en otoño del 496 a.C.) muriendo allí los generales Daurises, Amorges y Sisímaces.
A pesar de la victoria parcial de los Carios, viendo los progresos en Jonia, Eolia, Misia y la Tróade, el instigador de la rebelión, el milesio Aristágoras, comienza a elucubrar un plan de escape en caso de que los persas pongan sitio a Mileto. Se sopesó a Cerdeña como probable destino, finalmente se decantó por Miricino en Tracia, y sin importar los consejos de sus propios partidarios, tomo todo lo que pudo, incluyendo algunas tropas, e izó velas hacia aquel país bárbaro [10] abandonando a su suerte a sus compatriotas luego de haberlos arrastrado a la guerra.


Batalla de Lade, 494 a.C.

El lugar de cabecilla de la rebelión quiso ser tomado por el indultado Histieo, pero los jonios estaban hartos de estos personajes volátiles, tan ocupados como estaban en la defensa de su territorio. Tras abandonar Sardes (495 a.C.) llega por fin a Quios, donde en primer lugar es apresado, tomado por espía de Darío. Sin embargo, luego es liberado, y mentiras de por medio, logra convencerlos de continuar la guerra.
Entre sus primeras acciones decidió iniciar conversación con algunos nobles persas que él sabía guardaban el deseo de rebelarse a Darío. Pero los mensajes fueron interceptados por el Sátrpa de Sardes, y algunos persas fueron ejecutados. Desanimado, abandona Quíos para dirigirse a Mileto. Pero es atacado por sus antiguos súbditos, que incluso lo hieren en una pierna. De vuelta a Quíos, es rechazado nuevamente, para finalmente recaer en Mitilene donde por fin consigue alguna ayuda. Logró que los Lesbios le entreguen su armada, con la cual se embarcó hacia Bizancio con ocho galeras bien pertrechadas.
Entre tanto, Mileto ya se encontraba amenazada por las fuerzas persas. Pues, reunidos en un solo lugar los tres ejércitos persas en campaña de reconquista, y reforzados por chipriotas, cilicios y egipcios, se dirigieron a la ciudad milesia (y el resto de la jonia por subyugar) por tierra y por mar.
Los jonios decidieron evitar la batalla terrestre, y resguardándose en sus murallas, reunieron todos sus buques que, incluidos los de los eolios, sumaban 353 buques y estaban al mando de un focense llamado Dionisio, y se dispusieron para hacer frente a la armada persa (de 600 buques aproximadamente), contra la que depositaban sus mayores esperanzas de victoria, aun cuando eran ampliamente superados en número. Aun así, previo a la batalla, intentaron los persas mermar el número de naves griegas, sembrando intrigas entre sus tripulaciones.
Utilizaron para esto a los antiguos tiranos de las ciudades griegas que habían sido derrocados por Aristágoras. Con la idea de sembrar temor en las parcialidades griegas, prometían perdonar a los que abandonasen la coalición griega. Como veremos a continuación, solo los de Samos aceptaron el acuerdo, cuestión que resultaría fatal para los griegos.
Cuando finalmente los fenicios presentaron batalla a la armada jonia que, bajo órdenes de Dionisio, se dividía en dos alas, y ya a distancia de tiro, las naves de los samios (menos 11 buques que permanecieron leales) dieron rumbo a toda vela hacia la isla de Samos. Viendo lo que sucedía, e intuyendo que la batalla estaba perdida, los lesbios también abandonaron la batalla arrastrando incluso algunas naves de los demás jonios.
Si ya iniciaban la batalla en desventaja, la merma en el instante inicial era abrumadora. Las naves griegas que permanecieron en la batalla seguramente eran rodeadas por los fenicios, iniciándose un combate brutal. El peso de la batalla lo llevaron los de Quíos, por ser los más numerosos, pelearon con fiereza, destruyendo muchas naves enemigas, hasta que las bajas propias eran tan grandes, que no tuvieron más opción que abandonar la batalla y regresar a su patria. Pero haciendo tierra en Micala, por lo maltrecho de sus naves, emprendieron el camino por tierra, fueron atacados por los efesios quienes los confundieron por bandidos, acabando con todos los desdichados marineros.
Pudo Dionisio abrirse paso entre la línea enemiga con tres galeras que se apoderó del enemigo. Y poniendo proa a Fenicia, atacó las costas del odiado enemigo sembrando el terror en la población. Se dedicaría a la piratería contra naves de Cartago y Etruria probablemente desde Sicilia (Her. 6.17).

Batalla de Lade 494 a.C. Esquema de batalla.


Plano de Mileto reconstruida.
Caída de Mileto, 493 a,C. Fin de la rebelión y sumisión a los persas.

Las victoriosas fuerzas persas sitiaron por mar y tierra a Mileto. El castigo sería ejemplar. La maquinaria bélica puesta a la tarea fue impresionante. Todo tipo de artilugio bélico fue utilizado, y las murallas de Mileto fueron destruidas a base de minarlas meticulosamente. La batalla continuación fue sangrienta y la ciudad fue incendiada. Murieron la mayoría de los hombres, y el resto de la población sobreviviente fue convertida en esclavos y dirigidos a Susa. El rey persa ordeno que sean asentados en la ciudad de Ampa, junto al río Tigris y frente al Mar Eritreo. Las tierras lindantes a Mileto fueron repartidas entre persas y carios. La ciudad renacerá, sin embargo, tras la victoria de los griegos sobre los persas durante las Guerras Médicas [11].
Los capitanes de la flota de Samos fueron muy mal recibidos por la población de la isla, y aun habiendo honrado el pacto con los persas, decidieron abandonar su patria y dirigirse a la Magna Grecia (junto con algunos milesios sobrevivientes) donde se hicieron con una bella ciudad en la actual Calabria (próxima a Locros).
Los samios fueron perdonados por los persas y sus templos respetados. Restituyeron al tirano Eaces, hijo de Silosonte, y en adelante la isla fue leal a los persas (colaboró con los persas aportando su flota durante las guerras médicas). Caria fue sometida nuevamente mediante la rendición consensuada de algunas ciudades, o mediante la fuerza las otras.
Enterado de la caída de Mileto, Histieo abandonó Bizancio con su flota y se hizo con una plaza fuerte en Quíos., logró conformar una pequeña armada e intentó tomar Taso. Pero advertido de que los fenicios partían con su flota desde Mileto con la idea de terminar de someter a las ciudades jonias aún libres, decide abandonar el sitio y dirigirse a Lesbos. Pero falto de víveres, tuvo que pasar al continente, y vino a caer justo al sitio donde se encontraba un ejército persa al mando de Harpago quien hizo finalmente prisionero al revoltoso griego.
Artafernes y Harpago, temiendo que Darío quisiera perdonarle la vida, deciden empalarlo vivo. Y por si hacía falta, le cortan también la cabeza que es embalsamada y remitida a Susa para la contemplación de Darío, quien finalmente ordena un decoroso entierro.
La flota persa, continuó la faena sometiendo isla tras isla (492 a.C.). Quíos, Lesbos y Ténedos cayeron bajo el yugo persa. Siguieron por el Helesponto sometiendo las ciudades de la margen izquierda, pues las de la derecha ya habían sido sometidas en la primera parte de la campaña. Subyugando el Quersoneso (con la excepción de Cardia), caerá entre otras la ciudad de Perinto. También varias plazas fuertes de Tracia.
La furia persa caerá luego sobre Salibria y de Bizancio (los bizantinos, algunos de ellos, abandonarán la ciudad para fundar Mesambria). También caerán Proconeso y Artace.


Heródoto. Fuente principal para este artículo.
Epílogo.

Pacificada la Jonia, sometida Eolia, las islas del egeo cercanas a la costa turca y las ciudades del Helesponto, el Quersoneso y la Propóntide, los persas emprendían los preparativos para las represalias contra Atenas y Eritrea por la ayuda de estas ciudades a los Jonios que incendiaron Sardes.
Un poderoso ejército persa al mando de Mardonio remontó el Egeo hacia Tracia (491 a.C.). Sometieron Taso y a Macedonia (estado que aportó incluso tropas al ejército persa). Estaba más que claro que además de buscar ejecutar una represalia contra las ciudades mencioandas, el ejército persa avanzaba con intenciones de conquista de todo territorio que atravesaba.
Aún en Macedonia, un repentino ataque de los Brigos, pueblo de Tracia [12], causo las suficientes bajas al ejército de Mardonio como para obligar al general persa a dar cara a la amenaza y, adentrándose en Tracia, no la abandonó hasta lograr rendir a los brigos, no sin grandes pérdidas. A estos problemas, se le suma el naufragio de buena parte de su flota por causa de una tormenta que los sorprendió en el promontorio Atos.
Ante tales reveses, mermadas sus fuerzas, no tuvo otra opción que regresar al Asia. La represalia de Atenas, Eritrea y, a fin de cuentas, el sometimiento toda la Grecia, debía posponerse para el año siguiente. Esta vez, directamente por el mar, tras someter varias islas de las Cícladas, y posteriormente Eubea (incendiando los tempos de Eritrea), el ejército persa desembarcará en la llanura de Maratón. Oportunidad para que el ateniense Milcíades se destaque con suficiencia. Hechos que conocemos con el nombre de Primera Guerra Médica, y que preferimos dejar para otro momento.


Autor: marvel77

Fuentes Principal:
- Herodoto, Los Nueve Libros de la Historia.

Fuentes Alternativas:
- Tucídides, Guerra del Peloponeso.
- Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica.

Notas:

1. El nombre de Asia para las tierras al “este de Grecia” encuentra relación etimológica con Aso (Assos) ciudad eolia en Misia, Anatolia. Y este término, probablemente provenga de la palabra en luvita: Assuwa, nombre de una confederación de estados derrotados por los Hititas que aparece mencionado en las tablillas de los “Anales de Tudhaliya” (1237-1209 a.C.).
2.  El continente europeo recibirá por nombre el de esta joven fenicia. La raíz etimológica de esta palabra tiene diversas teorías poco satisfactorias. Entre las que proponen una raíz semítica para la palabra (a fin de cuentas, era fenicia la muchacha), proponen la raíz semítica rb, relacionada con la puesta del sol (irib en Acadio, ereb en Arameo). Entonces arriesgan términos como “uruba”, que al pasar al griego derivaría en Europe.
3.  Del griego “anatole” que significa “oriente” o “levante”.
4.  Herodoto 1,142: “Mileto, la primera de sus ciudades, cae hacia el Mediodía, y después siguen Miunte y Priena. Las tres están situadas en la Caria y usan de la misma lengua. En la Lidia están Éfeso, Colofon, Lébedos, Teos, Clazómenas y Focéa; todas las cuales hablan una lengua misma, diversa de la que usan las tres ciudades arriba mencionadas. Hay todavía tres ciudades de Jonia más, dos de ellas en las islas de Sumos y Quío, y la otra, que es Erithrea, fundada en el continente. Los quíos y los eritreos tienen el mismo dialecto; pero los samios usan otro particular suyo”.
5.  Mileto bajo el gobierno del tirano Trasíbulo mantuvo su independencia de Lidia durante 12 años. Al final de la guerra, Aliates y Trasíbulo acordaron una alianza con un tratado de paz.
6.  El propio Creso no dejó oráculo por consultar en ocasión de una posible guerra con Persia. “Delfos y Abas, en Focia, a Dodona, y también a los oráculos de Anfiarao y de Trofonio, y al que hay en Branchidas, en el territorio de Mileto, todos éstos en Grecia, y asimismo envió una embajada al templo de Ammon en Libia”. Heródoto 1, 46.
7.  Heródoto 1, 76: “(…) Entretanto, Ciro, habiendo reunido sus fuerzas y tomado después todas las tropas de las provincias intermedias, venía marchando contra Creso; y antes de emprender género alguno de ofensa, envió sus heraldos a los jonios para ver si los podría separar de la obediencia del monarca lydio; en lo cual no quisieron ellos consentir (…)”.
8.  De hecho, durante la 1er Guerra Médica uno de los primeros objetivos de la flota persa fue la toma de Naxos, en recuerdo de la fallida campaña. De haber tenido éxito los desterrados, probablemente no hubiera sido necesario atacarla. La ciudad fue incendiada, así como sus templos. Los ciudadanos de Naxos que no pudieron escapar, fueron hechos esclavos.
9.  Eritrea mantenía una deuda con Mileto por la ayuda prestada por esta ciudad en la guerra que los eritreos habían mantenido con Calcis, ayudados estos a su vez por los samios (enemigos de Mileto).
10.  Finalmente moriría poco tiempo después intentando tomar una plaza de los tracios, no sin antes intentar salvar su pellejo por medio de una cobarde capitulación.
11. Tras la victoria en Platea, Mileto se verá liberada del yugo persa y verá renacer de a poco su influencia. Sin embargo, su lugar en el Egeo, como potencia marítima, será, definitivamente, asumido por la potencia emergente: Atenas. 
12.  Probablemente ubicados al norte de Macedonia Herodoto los llama brigos en el episodio descrito (491 a.C.). Vuelven a ser mencionados por Herodoto en 480 a.C. con el avance del ejército de Jerjes sobre Termópilas, pero ahora formando parte del ejército persa. Los menciona una vez como briges, y otra como brigos. Incluso informa que los frigios, cuando vivían en Europa se llamaban a sí mismos como briges. En cambio, Plinio los llama brigas y los coloca sobre el río Erigon (actual Crna Reka), en Pelagonia. Al parecer, el término “bría” que forma parte del nombre de este pueblo, es común en el tracio y viene a querer significar “ciudad”. Apareciendo como sufijo en diversos nombres de ciudad de origen tracio (aunque más tarde griegas) como Mesembria en el Mar Negro, o Selimbria en el la Propóntide.


5 comentarios:

  1. Nuevo artículo en AH Web! Revuelta Jónica, 499 - 493 a.C.
    No dejes de leerlo. Esperamos tus comentarios!

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  2. Le da un contexto al desarrollo de las "Guerras Médicas" y tiene el mérito de exponer el punto de vista del Imperio Aqueménida de Persia. Eso de por sí, lo hace un artículo interesante. Gracias por eso!

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    1. Muchas gracias a ti Heitai por tus comentarios. Son temas interesantes, aunque con el problema de una única fuente para todo, Heródoto. Lo que hace difícil discernir el punto de vista griego o persa.
      Esperamos verte más seguido.

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  3. Excelente aporte, una mirada bien profunda y rica de aquel suceso

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    1. Muchas gracias Pablo! nos alegra que te haya gustado el artículo. Esperamos verte seguido por aquí. Un saludo.

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