miércoles, 2 de agosto de 2017

DE BELLO GALLICO. César contra los Belgas, 57 a.C.

Es el año 57 a.C. y las recientemente victoriosas legiones romanas comandadas por Cayo Julio César pasan el invierno en el país de los galos Secuanos, y esto aun cuando los asuntos que los habían llevado hasta allí, tras la victoria de las armas romanas, ya habían dejado de existir. La presencia del formidable ejército romano en el interior de la Galia, empezaba a ser una molestia para ciertos líderes de algunas parcialidades celtas, y comenzaba a gestarse entonces una nueva oportunidad para que César logre continuidad en sus planes de conquista.





El presente trabajo, como en las anteriores ocasiones que tratamos la Guerra de las Galias, está basado fundamentalmente en De Bello Gallico, el texto del propio Cayo Julio César. Oportunamente, en el desarrollo del texto, iremos indicando cuando serán tomadas las demás fuentes, utilizadas principalmente a modo de complemento.


Galba, rix de los Suesiones.
Prolegómenos.
Luego de su rotunda victoria ante las huestes de Ariovisto, y ya en su estancia invernal en la Galia Cisalpina, en la que presidía las juntas y desarrollaba su política de “agenciarse” adeptos, seguidores y diverso apoyo entre la población local para sus empresas particulares [1], comienzan a llegarle a César misivas de Labieno informándole de una nueva y posible amenaza/oportunidad para sus planes en la Galia. Al parecer, los pueblos celtas (y germanos) de la Galia Bélgica, planeaban reunir un formidable ejército para expulsar a los romanos.
Todas las fuentes antiguas [2] coinciden en señalar que es el temor de los belgas, ante la presencia (injustificada) de las armas romanas en el interior de la Galia, el que los impulsa a conformar una coalición de pueblos. Explicábamos en el artículo precedente, como alardea César de haber concluido “(…) dos guerras de la mayor importancia (contra los Helvecios y contra Ariovisto) en un solo verano, más temprano de lo que pedía la estación” (Cés.Bel.Gal. 1, 54). Y cómo por esta misma razón, el ejército romano podía haber retornado a la Galia Narbonense habiendo, pues, concluido la tarea que las fortuitas circunstancias le habían llevado tan al interior de la Galia. Ya nada le retenía allí.
La justificación de César tanto para la guerra contra los Helvecios, como contra Ariovisto, en el transcurso del año 58 a.C., era que toda acción por él emprendida no era más que en respuesta a la agresión de los pueblos derrotados. Es decir, en cuanto a la movilización de los Helvecios, repeler en primer lugar una supuesta (e in-comprobada) invasión de la Galia Narbonense y, en segundo lugar, emprender la defensa del país de los Eduos (aliados de Roma). Y luego, volver a salir en defensa de los “aliados” de Roma para expulsar al germano Ariovisto de la Galia. Cumplido estos objetivos categóricamente, y con tiempo de sobra para retornar a su provincia, ¿Qué retenía a las legiones romanas en la Galia? Sin lugar a dudas, la ambición de César. Es aquí cuando el velo que intentaba mantener oculto sus planes cae completamente, revelando sus verdaderas intenciones.
Si ya era difícil justificar las campañas contra los Helvecios o contra Ariovisto, más difícil será hacerlo ahora contra los Belgas. Pero esto no será un impedimento para César, quien en el primer párrafo del libro 2, intenta una tibia excusa, al decir que “todos los Belgas (que ya he descrito como un tercio de la Galia) estaban conspirando contra Roma” Ces.Bel.2,1. ¡Pavada de excusa! Ya no se habla de aliados o provincias en peligro, ahora es la mismísima Roma.
En definitiva, César tiene su excusa para una nueva campaña.


Espionaje, preparativos y marcha.
Como decíamos, la “noticia” del levantamiento belga le llega a César durante el invierno, mientras se encontraba administrando su provincia en su rol de procónsul. Él cuenta que es a través de misivas enviadas por Labieno. Su primera reacción será levantar dos nuevas legiones entre los habitantes de la Galia Cisalpina (la n° XIII y la n° XIV), a las cuales remite rápidamente a la Galia con el legado Quinto Pedio [3], mientras él mismo llegaría poco tiempo después, una vez asegurado el forraje. Acto seguido ordenó a los Senones y al “resto de los galos que eran vecinos de los Belgas” averiguar todo lo que fuera posible sobre la coalición de galos que se estaba formando, y que se lo mantuviera informado.
Rol fundamental jugarían los galos Senones y Eduos [4] en este juego de espionaje. Pero probablemente más jugosa fue toda la información aportada por los Remos, una tribu gala de las que habitaban la parte señalada como Galia Bélgica más cercana a los Senones. En definitiva, una vez reunido todo el ejército “en un solo lugar[5], y asegurada las provisiones de maíz (¿no vaya a ocurrirle lo mismo que contra los Helvecios!), se pone rápidamente en marcha hacia la frontera de los belgas. Trayecto que le llevó unos 15 días.
Tengamos en cuenta que, para llegar allí, desde su acantonamiento en el país de los Secuanos (o de los Eduos) hubo que atravesar el territorio de pueblos galos que evidentemente se mantenían no solo neutrales (¿Lingones?), sino incluso como aliados a los romanos (Senones).
Una vez allí, recibe como diputados de los Remos, a los galos Iccio y Andecumborio, “primos civitatis” entre los suyos (principales de su ciudad), quienes le pudieron remitir un informe muy completo acerca de la coalición de galos y germanos que pretendían reunir los belgas. Informaron primero que su pueblo, los Remos, habían rechazado formar parte de la mencionada coalición. Y que no habían podido persuadir a sus “parientes”, los Suesiones, a abandonar el partido de los belicosos. Informan entonces que Belóvacos, Suesiones, Nervios (los más poderosos de toda Bélgica), Atrébates, Ambianos, Mórinos, Menapios, Cáletes, Veliocases, Viromanduos y Aduáticos (germanos); habían prometido aportar sus guerreros en un número que, según César, estimamos en 256.000 hombres de armas (ver cuadro). A estos también hay que sumarle unos 40.000 hombres más que aportarían los Condrusos, Eburones, Cerosos y Pemanos (señalados los cuatro pueblos como germanos). En total, casi 300.000 de los más fieros guerreros de toda la Galia iban a ser movilizados por los belgas, al mando del líder de los Suesiones, llamado Galba, con el objetivo de poner fin a las ambiciones de César.


No es posible determinar fielmente si las escalofriantes cifras aportadas por César son ciertas o una exageración a fin de agigantar sus éxitos. Esto último es muy probable. Aunque el análisis poblacional nos arroja que era algo posible para los belgas reunir tal cantidad de guerreros [6]. Más allá de la duda, creemos que el ejército belga, de haberse reunido al completo, superaba ampliamente a los romanos.
Ahora bien, ¿por qué decimos que “de haberse reunido”? Básicamente porque creemos que el plan de reunir unos 300.000 guerreros en un solo sitio, es algo más que improbable para la logística de aquellos pueblos. Ya cuando analicemos el primer enfrentamiento, veremos las dificultades que tuvieron los belgas, frente a un muy bien pertrechado y abastecido ejército romano, aun cuando a todas luces más de la mitad de las tropas belgas enumeradas faltaron a la primera cita.
César no lo dice, pero creemos leer entre líneas en su relato que los Nervios probablemente no estuvieron presentes en el primer enfrentamiento. Seguramente tampoco fueron los Atrebates y los Viromanduos. Y estamos tentados a decir que los Aduáticos tampoco habían partido aún hacia el encuentro con el resto de las tribus coaligadas. Esto nos resulta alrededor de cien mil hombres menos. Cuestión por la cual nos hacemos la siguiente pregunta ¿Existió esta coalición de pueblos o es una invención de César? No hay respuesta sencilla (ver cuadro: “¿Fue posible…?”) preferimos por ahora ignorarla.
Aun así, el ejército belga dirigido por Galba [7], era formidable. Puesto que, si bien no superaría los doscientos mil hombres, si sobrepasaba los cien mil (entre 110.000 a 130.000 hombres). Fácilmente duplicaba a los hombres de César. Y los triplicaba si descartamos a los auxiliares galos del ejército romano (sobre todo, porque César no solía utilizarlos en primera línea).
Lo más probable, entonces, es que este primer ejército reunido, estuviera formado principalmente por Belóvacos y Suesiones. Que son los únicos que aparecen mencionados por César. Pero seguramente también por los Ambianos, si atendemos a quienes fueron los primeros pueblos en ser sujetados. Y probablemente debamos agregar a Veliocases y Cáletes, por ser clientes de los Belóvacos.
La conducción de estas tropas se la disputarían entre los Belóvacos y Suesiones, si atendemos a lo que sugiere César en su relato. Pero finalmente el mando supremo de la campaña fue dado por consentimiento general a Galba, rey de los últimos, en razón de “su justicia y sagacidad”. Como veremos más adelante, esta disputa pudo ser crucial a la hora de analizar la primera batalla.
En definitiva, enterados los belgas de la cercanía de las armas romanas, se dispusieron a marchar a su encuentro. La primera batalla estaba al caer.

Mapa de Situación. Los movimientos de César durante la campaña del 57 a.C.



Primeros movimientos.
Como se intuye en el capítulo anterior, César ingresaría por el país de los Remos para atacar el territorio de los Suesiones. Ambos países, de entre todos los belgas, los más cercanos a la Galia. Probablemente este país fuera elegido como el sitio de acantonamiento de las fuerzas belgas coaligadas.
César, ordenó a los Eduos atacar con su ejército el país de los Belóvacos y destruir sus propiedades y plantaciones. Mientras, él mismo partía con sus legiones en busca del ejército belga, que, como ya dijimos, también estaba en movimiento en busca de César. Con este doble ataque, buscaba mermar la fuerza de los belgas, provocando a los Belóvacos para que abandonaran a sus aliados a fin de proteger sus tierras.
Siguiendo el Axona en dirección a la frontera de los Remos, las legiones romanas, velozmente, cruzarían este río y se fortifican allí. La idea era provocar al ejército enemigo impidiendo además su avance sobre el territorio de los Remos, y aún más allá, el de los Senones. Probable objetivo del ejército enemigo.
Como decíamos, este punto estaría ubicado en algún sitio cercano a la frontera de los Remos con los Suesiones (ver cuadro “Batalla del Axona. Sitios probables”). Y presentaba buenas características defensivas. Puesto que la colina elegida estaba cubierta por su “retaguardia” con el Axona, y contaba en dos de sus lados, abruptas pendientes. Esto la convertía en ideal para proteger la línea de aprovisionamiento, a través de un puente existente. Frente a este campamento, existía una “llanura” (según César), o suave pendiente, que ofrecía un amplio espacio para desplegar sus legiones. Y más allá de esta “llanura” un terreno pantanoso. Allí, entonces, acantonaría sus ocho legiones y auxiliares.
Del otro lado del río, en una colina menor, seis cohortes al mando del legado Quinto Titurio Sabino [8] serían apostadas en un campamento menor, pero bien fortificado, junto al mencionado puente, para su protección.


A ocho millas de este campamento, se encontraba Bibrax [9], un oppida de los Remos en la frontera con los Belóvacos. Allí se dirigió directamente el ejército belga con el fin de tomarla por asalto y, seguramente, con la idea de tentarlo a César, probablemente tras informarse de la fuerte posición defensiva adoptada por este. Si el procónsul quería defender a sus aliados debía abandonar su campamento y exponer sus tropas.
Pero César no mordió el anzuelo, y remitiendo a sus tropas ligeras (arqueros númidas y cretenses, más los honderos baleares), pudo aliviar la presión sobre los ya exhaustos defensores remos [10]. Imposibilitados de continuar con el asedio, el ejército belga se dispuso primero a devastar las tierras cercanas para luego enfilar hacia el campamento de César, y fijar sus reales a tres kilómetros de los romanos.

Guerreros galos preparados para la batalla.
Batalla del Río Axona.
El espectáculo que los más de cien mil guerreros galos pudieron brindar, debe haber sido formidable. César calculó que, por los humos y fuegos que aquellos habían encendido, el campamento belga debía ocupar al menos ocho millas (alrededor de 12km). Por supuesto que el procónsul ni siquiera amago con sacar a su ejército. Se entretuvo algún tiempo tanteando el ánimo de los propios y la bravura de sus enemigos, con algunas acciones de caballería. Pudo finalmente constatar que sus tropas no eran inferiores, y su confianza era elevada.
Se dispuso entonces a presentar batalla, y desplegó sus seis legiones más experimentadas (las recientemente victoriosas frente a Ariovisto) en la suave y amplia pendiente que bajaba desde el campamento romano, pero atendiendo la evidente superioridad numérica de los enemigos, excavó dos trincheras en cada “ala” de su línea de batalla con fortines en cada extremo, en los que colocó su artillería. De esta forma, podía repeler cualquier intento de flanqueo que los belgas, debido a su mayor número, podían intentar. Finalmente, el campamento sería protegido por las dos legiones novatas, dispuestas a ser utilizadas como reserva ante cualquier eventualidad, mientras que en el campamento menor junto al puente seguirían las seis cohortes ya mencionadas (no se menciona a los auxiliares galos).
Los belgas aproximaron su ejército, pero no se atrevieron a atacar. La posición de César era muy fuerte. Esperaron en vano a ver si los romanos intentarían bajar la pendiente, y cruzar el terreno pantanoso, era evidente que no abandonarían posición tan ventajosa y que la primera acción les correspondía a ellos. Mientras tanto se desarrollaba un combate de caballería que para colmo parecía favorecer a los romanos.
El río Axona, actual Aisne.
Las acciones estaban al completo estancadas. La situación de los romanos era muy sólida, y por nada del mundo iban a abandonarla. Y los belgas nunca intentaron cruzar el pantano para chocar con las legiones. La batalla parecía entrar en un punto muerto.
Siguiendo el relato de César, se informa que el Procónsul ordenó entonces retirar sus tropas al campamento. Creemos que esto solo sería posible si los belgas se hubieran retirado primero, pero es probable que se debiera a que la jornada llegaba a su fin (ver cuadro “Dion Casio”).  En ese momento, y siempre siguiendo a César, los belgas intentaron una audaz jugada.
Dejándose caer en masa sobre el Axona, donde encontraron algunos vados, intentaron entonces flanquear la posición romana para luego así ganar la retaguardia del campamento romano. El primer objetivo era tomar el puente y destruir el campamento menor. El segundo, cortar la línea de suministros del ejército romano y dejarlo aislado. Y, por último, tener fácil acceso al territorio de los Remos y los Senones para someterlos. Pero César, informado por el legado Titurio de aquella “jugada” (según su versión de la batalla), ordenó a sus tropas ligeras (númidas, cretenses y baleares) más la caballería, cruzar el puente y cargar contra los enemigos.
Un buen número de galos ya había cruzado, pero fueron arrollados por la caballería y barridos por las tropas de proyectil. Más, los que aún estaban en pleno trance de cruzar el río, fueron masacrados impunemente. Según Plutarco y Apiano, los romanos podían cruzar el río sobre los cuerpos de los caídos en razón de la cantidad de bajas entre las tropas belgas [11]. Impedidos de continuar con la maniobra, Galba ordena a sus tropas regresar a su campamento, donde se llevará a cabo una asamblea.

Diagrama en base a lo analizado en el cuadro: "El sitio de la batalla del Río Axona/ Aisne".



Los belgas analizan la situación. Había sido derrotados no solo en las armas, sino también en lo estratégico, no pudiendo lograr ninguno de sus objetivos. A esto debemos sumarle que su propio suministro de granos comenzaba a escasear. He aquí el problema de los grandes ejércitos de los pueblos bárbaros o semi-barbaros periféricos al mundo Romano, que ya anticipamos en el capítulo dedicado a las tropas belgas. Su logística no era la mejor. Incomparable a la romana. De ahí que teoricemos en la posibilidad de que el ejército belga al mando de Galba no reunía a todos los pueblos mencionados inicialmente por lo imposible de sostener trescientos mil hombres de armas durante tanto tiempo.
Si la derrota ya era dolorosa, llegan noticias del ataque de los Eduos en territorio de los Belóvacos. Como ya anticipamos, existían algunas diferencias en entre Suesiones y Belóvacos, en cuanto a quien dirigiría la campaña. Pero a la rivalidad por la dirección de las operaciones, debemos sumar el descrédito que seguramente sufrió Galba ante la deserción (traición) de sus hermanos, los Remos. Ahora, el ataque de los Eduos, minó aún más la alianza.
Se decide entonces que cada pueblo retornaría a sus respectivos países para organizar la defensa de los mismos. El retorno a sus hogares lo hicieron velozmente, pero sin ningún tipo de orden. Entretanto, César decidió esperar al día siguiente para iniciar una persecución. Al alba destacó la caballería y la tropa ligera al mando de Arunculeyo Cota [12], y detrás de este, a modo de cobertura, tres legiones al mando de Labieno. Pronto la caballería romana se topó con lo que podríamos llamar la retaguardia belga (tal era el desorden en la marcha de semejante muchedumbre) y comenzaron a hostigarlos. Algunos belgas dieron cara a los atacantes, pero al hacerse presente Labieno, dieron vuelta y corrieron por sus vidas. Demás está decir que fueron perseguidos y machacados a gusto por las tropas romanas, hasta que la luz del día se los permitió.


Caballería celta. Un buen número de jinetes galos
será utilizado por César en sus campañas.
Sujeción de los Suesiones, Belóvacos, y Ambianos.
Al día siguiente, César condujo sus tropas a marchas forzadas contra la ciudad de Novioduno (Noviodunum, “nueva fortificación”, actual Pommiers), oppida de los Suesiones. Pero al verlo tan bien amurallado, decidió acampar y someterlo a asedio. El ejército de los Suesiones al parecer, aún vagaba por los campos. Se informa que los defensores de la ciudad eran muy pocos, y que el ejército de este pueblo belga ingresó a la ciudad por la noche, cuando los romanos llevaban ya un tiempo preparando el asedio.
Pero no hizo falta batalla. Los defensores, al ver la maquinaria de asedio romana, enviaron diputados a César para pactar una rendición, con intermediación de los Remos. Fueron aceptados como rehenes varios principales de entre los habitantes de este pueblo, así como dos hijos de Galba, y todas las armas fueron requisadas.
Admitida la rendición de los Suesiones, César dirigió sus legiones al país de los Belóvacos. Nos informa que “habían recogido, ellos mismos, y todas sus cosas” en la ciudad de Bratuspancio (Bratuspantium, bratu-spatu, “lugar de los juicios”, localización desconocida) y aun faltándole a los romanos 7,5km por recorrer antes de llegar a la ciudad, fueron diputados varios personajes de entre los más nobles para solicitar ser recibidos bajo el ala protectora de Roma. Pero fue gracias a la intervención del eduo Diviciaco que César accedió a ofrecer la paz, pero a cambio de recibir seiscientos rehenes y todas las armas. Los cabecillas de la “insurrección” habían huido a Breteña.
A continuación, se dirigió a las fronteras de los Ambianos, quienes también se entregaron sin lucha. Posiblemente sea ocupado el principal oppida, de los Ambianos, llamado Samarobriva (“puente sobre el Somme”). No lo sabemos, pero seguramente su camino lo llevó hasta él.
Yelmo de bronce de origen celta.
Llama la atención lo sencillo de la sujeción de estos tres pueblos, que días antes estaban dispuestos a medir sus armas con las legiones romanas. Y que, si bien fueron derrotados por César, aquella derrota en el Axona había sido más bien táctica, puesto que sus ejércitos (si bien habrían sufrido una importante merma) no habían sido destruidos. Es más, buena parte de sus aliados tenían sus fuerzas intactas, y hablamos de Nervios, Atrébates, Viromandos, y Aduáticos (si acertamos a nuestra teoría de que estos pueblos no participaron de la primera batalla).
En este momento, César comienza a preguntarse por su futuro rival, el pueblo de los Nervios. Reputados como uno de los más poderosos de toda la Galia Bélgica (junto con los Belóvacos y Suesiones). La información recabada indicaba que habían hecho alianza con los Atrébates, y los Viromandos, con quienes ya estaban reunidos. Y que aguardaban por los Aduáticos, que ya marchaban para reunirse con sus aliados. Al mando de todos ellos estaría el líder nervio Boduognato, comandando entre 75-85.000 hombres, basándonos en las cifras aportadas por César [13] (lo Nervios ofrecen 50 mil a la alianza, pero 60 mil se presentan en la próxima batalla).
Luego tres días de marcha por las fronteras de Ambianos con los Atrébates y Viromanduos, acampa. Y se informa que los guerreros reunidos de las tres naciones, acampaban en algún sitio cercano al otro lado de río Sabis [14], a no más de diez millas (15km) de su campamento. Mientras que (al menos los Nervios) habían trasladado toda su población de no combatientes al interior de los bosques más impenetrables. Sobre esta información, César envió por delante exploradores (seguramente aliados galos) y algunos centuriones para elegir un sitio apropiado para el campamento, mientras él mismo con todo el ejército se ponía en marcha.



Camino al desastre.
Vino a caer el sitio elegido por los centuriones romanos en una suave colina frente al río Sabis, justo frente al campamento de los Nervios, al otro lado. Claro que esto lo ignoraban los romanos. Ellos habían detectado alguna actividad en la orilla opuesta, algunas tropas de los Nervios patrullando la orilla, lo que delataba la presencia cercan del ejército enemigo, pero no lo creyeron tan cerca.
Es que estos belgas habían ocultado hábilmente sus tropas en la espesura de un monte que dominaba el Sabis. Al parecer habían tenido la habilidad de talar árboles jóvenes y recostarlos trabando su ramaje de modo que el entramado de ramas y hojas hacía imposible ver lo que ocultaban. Por otra parte, habían trazado un inteligente plan de batalla. Veamos.
La columna romana ahora incluía los rehenes Suesiones y Belóvacos, y al parecer, o los Nervios lograron acceder a ellos, o alguno de estos consiguió escapar e informar a Boduognato del plan de marcha romano. Al parecer, este consistía en el orden habitual por el cual entre legión y legión se interponía un gran tren de pertrechos. Según César, los belgas planeaban esperar a que la primera legión llegue al sitio elegido para el campamento para caerles por sorpresa en masa. Destruida esta primera legión, y saqueado el tren de vituallas, esperaban que el resto del ejército romano entre en pánico, y en la confusión, poder destruirlo al completo o hacerle el mayor daño posible.
Una derrota de ese calibre, debería hacer repensar a César la viabilidad de sus planes.

Boduognato aguardando el momento indicado para dar la orden de ataque.

Batalla del Sabis.
1-Ataque
Para malestar de los Nervios, al aproximarse al sitio del campamento, y atento a la cercanía del enemigo, César cambió el orden de marcha. Enviando seis legiones por delante, a continuación, el tren de pertrechos y los rehenes belgas, para cerrar la columna con dos legiones (las novatas). A continuación, despacho a la caballería y tropas ligeras para que, tomando primero la cima de la colina, se lancen luego al otro lado del río para limpiar de enemigos la orilla opuesta. A la vez que se mantendrían allí como tropa de cobertura.
Boduognato fue advertido del cambio en la marcha de las legiones romanas, pero se llegó a un acuerdo en continuar con el plan. De realizarse a conciencia la posibilidad de victoria era muy alta. En definitiva, mientras la caballería romana limpiaba de enemigos el río, las seis legiones mencionadas iniciaban la construcción del campamento.
Inesperadamente, el espeso bosque de la colina frente al río Sabis parecía vomitar una marea infernal de aullantes guerreros belgas. La caballería romana y la tropa ligera fue arrollada como si fueran hechos de papel. Y en un instante las seis legiones romanas, allí donde se encontraban, se vieron envueltas en el más feroz de los combates que jamás habían soñado.
No había tiempo para nada, y César lo intentó todo. Ordenar levantar los estandartes para reunir la tropa. Reunir la tropa dispersa en distintas tareas. Intentar formar una línea. Arengar las tropas y dar la orden de batalla. Todo en medio del caos y el estrés que sufría la tropa.


El ataque de los Nervios en el río Sabis.
2-Crisis
 Demás está decir que la tarea era dificilísima. Por no decir imposible. De hecho, no fue posible formar línea de batalla. Cada legionario corrió todo lo que pudo a la llamada de sus centuriones, a la vista de sus insignias, si es que estas eran levantadas. Las legiones, de formarse, lo hicieron en forma separada. Centuriones y legados, no esperaron que César les diera órdenes, y tomaron las mejores decisiones que el grave momento exigía.
Los rezagados, caían bajo el peso de las armas celtas. Para colmo, la espantada caballería romana y las tropas ligeras, subían aterrorizados la colina hacia el campamento y agregaban mayor confusión.
César corrió a la Décima Legión en lo que podemos llamar el “ala izquierda”. Y que, por su posición, era la que mejor había podido formar sus cuadros. Arengó a sus legionarios, y dio la orden de ataque que venía a ser favorable porque era cuesta abajo. Junto a esta, la Novena, ya se recomponía y juntas descargaron sus pila sobre los Atrébates que subían cuesta arriba y los desbarataron. Los legionarios combatían muchos sin sus yelmos. Ni el forro de los escudos pudo ser quitado.
Los legionarios de la Undécima y la Octava, en el centro de la rota línea romana, pudieron frenar a los Viromanduos, hasta que finalmente los empujaron hasta el río donde el combate se hizo encarnizado. Por el contrario, en el “ala derecha”, la Duodécima y la Séptima, la estaban pasando muy mal y se sostenían a duras penas. Contra ellos iba directamente Boduognato al frente de los Nervios.
Superados en número, y con sus cuadros en completo desorden, comenzaron a ser rebasados por su flanco. Y una marea de galos se soltó sobre el campamento donde intentaban reorganizarse las tropas ligeras y la caballería que, una vez más, fueron arrollados. Los jinetes Tréveros, no lo dudaron dos veces, y emprendieron la huida. Los númidas corrían espantados. No muy distinto era lo que ocurría con los baleares y los cretenses. Todos ellos corrieron hasta toparse con el tren de pertrechos y las dos legiones restantes, a las cuales comunicaron las desastrosas noticias.
Su información era que el ejército era desbordado, el campo copado por el enemigo, y la derrota era inobjetable. Pero no dando crédito de lo que oían, las legiones novatas corrieron a la batalla a toda velocidad.



César liderando el ataque de la legión n°12
3-Recomposición
Dejando la Décima y la Novena bajo el mando de Labieno, César corrió al “ala derecha” para sostener su combate. Allí la Duodécima, había perdido todos los centuriones de la cuarta cohorte, y combatía apiñada. Amorfa. El resto de las cohortes también había perdido sus centuriones o estaban mal heridos. Al verse rodeados, las filas de la retaguardia abandonaban la lucha.
Al parecer, los Nervios organizaban oleadas de ataques cuyos intervalos daban un suspiro de alivio a los legionarios. Es en uno de estos lapsus en el combate, que César tomando un escudo de un infante rezagado, se lanza a la primera línea de combate para intentar levantar la moral de las maltrechas unidades de la Duodécima.
Llamando a cada soldado por su nombre combatió como uno más. A la vista de sus tropas esto fue como un renacer de sus fuerzas. Los legionarios fueron de a poco recobrando la línea y formando sus cuadros adecuadamente. Pero al notar que la Séptima estaba en trance de ser derrotada, César ordena estrechar líneas con la recompuesta Duodécima. Sin embargo, no pudieron evitar se rodeados, por lo que combatían en todos los frentes.
Mientras esto ocurría en el “ala derecha”, el centro si bien no lograba quebrar a los Viromanduos, los mantenían a raya en las márgenes del río. Ahora bien, Labieno al mando de la Décima y la Novena legión, logra romper a los Atrébates y los persigue. Primero cuesta abajo desde la colina del campamento, luego cuesta arriba por la colina del campamento belga hasta que este queda en su poder.
Desde la cima de esa colina pudo apreciar todo el panorama y pudo notar la gravedad de la situación en el “ala derecha”. Al mismo tiempo, las dos legiones novatas se hacían presentes en el campo de batalla, y junto a la caballería, que se recomponía, limpian el campamento.
Labieno, tomando la Décima (y dejando a la Novena como cobertura) carga cuesta abajo contra los Nervios, casi al mismo tiempo que las legiones novatas. Por lo que el combate se volvió un amasijo. En el centro las legiones Duodécima y Séptima, alrededor de estos, los Nervios de Boduognato, y luego, las legiones de Labieno y las novatas.



Imagen idílica para Boduognato el líder de los Nervios.
4-Victoria romana
Finalmente, la Undécima y la Octava logran rechazar a los Viromanduos y los persiguen. Pero el combate en el ala derecha estaba lejos de concluir. Los Nervios, completamente rodeados, luchaban como demonios. El combate que siguió fue de aniquilación. El amontonamiento de cuerpos que caían bajo las mortales heridas no los amedrentaba.
Pero poco a poco los Nervios fueron flaqueando y pasados a cuchillo. Relata César que “de seiscientos senadores habían sido reducidos a tres y de sesenta mil a apenas quinientos que podían portar armas”. Probablemente el propio Boduognato fuera una de las víctimas fatales puesto que ya no se lo vuelve a mencionar. Tan aplastante había logrado ser la victoria romana, rayana con el aniquilamiento del pueblo Nervio. Los sobrevivientes a la batalla y la población civil, fue recibida por César, quien les perdonó la vida y les pidió que conserven sus tierras, mientras ordenaba a sus vecinos que no cometan actos de pillaje con los vencidos.
La batalla del Río Sabis se debe contar entre las más importantes victorias de César. No ya por su planteamiento (que es inexistente), o por su importancia estratégica (lejos estaba aún de ser conquistada la Galia). Sino por lo que significa en cuanto a la capacidad de las armas romanas en general, el ejército de César en particular, de imponerse aún en las situaciones más adversas. Situaciones que hubieran hecho flaquear al más valiente.
Las victorias de los pueblos celtas o germanos sobre las armas romanas, en la época republicana o bajo imperial, mayormente se corresponden a emboscadas donde las tropas romanas son impedidas de formar su tradicional línea de batalla. En batallas planteadas de forma “tradicional” el peso y la disciplina de las armas romanas se hacían sentir.
Por eso el valor que le damos a esta victoria de César. Con sus particularidades, es un magnífico ejemplo de la capacidad de César, sus generales y oficiales, y de su experimentada tropa.





Sujeción de los Aduáticos.
Los germanos llamados Aduáticos, que estaban en marcha hacia el encuentro de las tropas belgas, al enterarse de la derrota de las fuerzas aliadas, deciden dar media vuelta y regresar a su país. Reunieron todas sus cosas en una fortaleza admirablemente dotada por la naturaleza de una cualidad defensiva única.
César decidió ir a su encuentro, para acabar con la última fuerza que se le oponía en su conquista de Bélgica. Al llegar a las inmediaciones de esta fortaleza, tuvieron lugar algunos choques entre las fuerzas defensivas y las legiones de César, como demostrando lo dispuestos que estaban a intentar rechazar el asalto de los romanos.
Pero César ordenó rodear a la fortaleza con una muralla fortificada con fortines a corta distancia, y los Aduáticos desistieron de continuar con los ataques. Para luego entrar en pánico cuando vieron toda la poliorcética romana entrar en acción. Rampas, torres de asalto, máquinas de proyectil, persuadieron a los germanos de pedir parlamento.
Se decidió que se sometían a las armas romanas pacíficamente. Se reclamaron los acostumbrados rehenes y la total entrega del armamento. Pero una parte de los guerreros no pensaba igual, y haciendo una súbita salida atacaron a las tropas romanas que levantaban el campamento.
En esta ocasión, las tropas romanas pudieron responder adecuadamente. Después de todo solo se trataba de una fuerza menor, de no menos de cinco mil hombres, y fueron aparatosamente derrotados. Cuatro mil perdieron la vida, pero la confianza estaba perdida. Al día siguiente los romanos ingresaron a la fortaleza, y la población fue capturada y vendida como esclavos, en un número que ascendía a cincuenta y tres mil personas.

Namur desde el Sambre. Ilustración del siglo XIX.

Guerrero galo con su panoplia completa.
Final.
Concluida las acciones contra los Nervios y sus aliados, y aplastados los Aduáticos, pudieron las legiones romanas prepararse para la llegada del invierno. Tuvo tiempo César de remitir a Publio Craso (el mozo), héroe de la batalla de los Vosgos el año anterior, al mando de una legión, para someter a los “estados marítimos” de los Veneti, Venelli, Osismi, Curiosolitae, Esubii, Aulerci y Redones, quienes quedaron sujetos al poder de Roma.
Los cuarteles de invierno, entonces, fueron establecidos en los territorios donde se desarrollaron las recientes campañas. Los países de los Carnutes, los Andes, y los Turones, tuvieron que recibir y aprovisionar una parte de las tropas romanas (se entiende que también quedaban sujetos a Roma). Por otra parte, se enviarían diputados a los pueblos a lo largo de Rin para ver que entregaran rehenes y obedecieran a César.
Una vez asegurada la estadía de las legiones romanas en aquellos territorios, y asegurado el reencuentro con dichas diputaciones en el verano siguiente, César parte hacia Italia y luego hacia Illyricum. Pronto llegará a Roma la noticia de las victorias de las armas romanas contra los belgas, y ante la algarabía general se decretan 15 días de fiestas.
En el verano del año 56 a.C. César retornará a la Galia ya sin necesidad de enmascarar sus verdaderas intenciones: la conquista de las Galias. Entre nuevas campañas, rebeliones ocasionales, batalla tras batalla, el ejército romana ira afianzando un territorio que, sin embargo, aún tras diversas capitulaciones mantendrá siempre latente la chispa de la rebelión. Hechos cuyo relato dejaremos para otra ocasión.


Comentario final.
No puede achacarse a César en esta campaña contra los belgas (y en las anteriores que hemos abordado) más que su afán por la fama y la gloria que lo catapulten a los primeros planos de Roma. Tanto esta campaña como las del año anterior, como señalamos oportunamente, es más producto de la ambición de César que de una supuesta amenaza belga. Pero hasta ahí parece llagar lo reprochable.
De Bello Gallico es un texto que bien leído, y contrastado con las otras fuentes, cobra una legitimidad que pocos pueden contradecir. Aunque se ha intentado deslegitimarlo acusando a César de distorsionar la historia para promover su gloria y la fama de Roma. Porque es cierto que peca de cierta parcialidad, después de todo es el relato del propio César (aunque en tercera persona).
Pero, si nos atenemos exclusivamente a la campaña que nos convoca en esta oportunidad, no se puede disputar la verdadera autenticidad de lo relatado. Va como ejemplo la batalla del Sabis, donde, más allá de su temeraria aventura en primera línea, César no parece intentar ocultar que no siempre tuvo el control de las cosas, y no duda en reconocer la competencia de sus oficiales y el valor de sus enemigos. Lo cual no parece cuadrar con una persona que intenta ocultar sus errores, derrotas o fracasos. Más bien lo contrario.
Por demás, los pueblos, territorios, y sitios por los que transita son fácilmente identificables, y corroborados por la historiografía en general y la arqueología. Teniendo en cuenta obviamente las obvias controversias surgidas por el transcurso del tiempo. Por lo que la mayoría de las controversias pasan por descubrir los verdaderos sitios donde ocurrieron los acontecimientos. Lo único que podemos achacar a César en este caso es haber sido bastante parco en sus descripciones de los sitios por donde desarrolló sus campañas.
En estos trabajos en Anábasis Histórica hemos tratado en todo momento en revelar las verdaderas intenciones de César, pero nunca restarles veracidad a los hechos por él descritos. Y esperamos seguir en esta senda en los próximos artículos que completen la historia de la Guerra de las Galias. ¡Los esperamos!

Notas
1- “Desde allí ganaba partido con el pueblo, pues eran muchos los que iban a verle, dando a cada uno lo que le pedía, y despachándolos a todos contentos: a unos, por haber ya recibido lo que apetecían, y a otros, por haberlos lisonjeado con esperanzas: de manera que por todo el tiempo que de allí en adelante se mantuvo en la provincia, sin que lo advirtiese Pompeyo, ora estuvo quebrantando con las armas de los ciudadanos a los enemigos, y ora con las riquezas y despojos de éstos conquistando a los ciudadanos”.  Plut:Ces. 20, 2-3.
2- Plutarco, Dion Cassio, el propio César.
3- Quintus Pedius, sobrino nieto del mismísimo Julio César. Sirvió en la Guerra de las Galias desde el 57 a.C. hasta el 55 a.C.
4- Entre los aliados galos para esta campaña de César debemos enumerar a los omnipresentes Eduos, seguramente a los Secuanos, y ahora se incorporan los Senones y los Remos (implicados ambos en el espionaje sobre los belgas). Tengamos en cuenta que el ejército romano marcha por los territorios de estos galos. Hacen su debut como aliados en esta campaña, los Tréveros (Treveri), aportando un número no magnificado de su famosa caballería.
5- César no lo dice nunca, pero es indudable que el ejército romano durante su estadía invernal en la galia, se hubiera dividido y acampado en diversas localidades del país de los secuanos y seguramente también de los eduos.
6- Un territorio de 110.000km2 con un promedio de entre 11 y 14 h/km2 nos sugiere una población de entre un millón y un millón y medio de habitantes. Calculando una ratio de 1:4 o 1:5 hombres en edad militar, la cifra aportada por César parece potable. Fuente: Revista DESPERTA FERRO N°2
7- Rey (rix) de los Suesiones para la campaña de César en la Galia Bélgica, calificado por César con las cualidades de “equidad” (justitia) y “sabiduría” (prudentia). No se conoce prácticamente nada de su origen y ascenso al trono, salvo que uno de sus predecesores, o al menos su antecesor directo, fue el gran líder llamado Diviciaco del cual parece al menos heredar algo de su prestigio. Puesto que Diviciaco se informa, hubo de extender su poder incluso hasta Bretaña, nada nos permite dudar en que este dominio sobre al menos una parte de las islas no continuaba bajo el gobierno de Galba.
8- Quinctus Titurius Sabinus, legado de César en la Guerra de las Galias. Moriría en el 54 a.C. al caer en la trampa tendida por Ambiórix y Catuvolco.
9- Bibrax, no confundirlo con Bibracte el oppida de los Eduos mencionado en nuestro primer artículo sobre la Guerra de las Galias.
10- Atentos a la forma de atacar las murallas del oppida, podemos deducir que el daño que esta tropa de proyectil pudo causar sobre las tropas belgas fue sin dudas enorme. Y entender así, porque desistieron de seguir atacándola: “Los galos y los Belgas usan un método de ataque. Una multitud de hombres se pone alrededor de las murallas, y cuando una lluvia de piedras de todos los lados sobre la pared ha comenzado, y la pared está despojada de defensores, los atacantes forman una "tortuga", se mueven hasta las puertas, y socavan las murallas”. Ces.Gal.2,6
11- Plutarco. Vidas Paralelas, César, 20. Apiano de Alejandría. Galia 4 (Epit 23)
12- Lucius Aurunculeius Cotta, con el rango de legado será protagonista de varios episodios de la Guerra de las Galias hasta su muerte en el 54 a.C. en la emboscada pergeñada por el belga Ambíorix.
13- César indica que os Nervios habían ofrecido 50mil hombres a la coalición, pero luego menciona 60mil de este pueblo presentes en la batalla. Para Atrébates y Viromandos asumimos los 15mil y 10mil respectivamente que menciona César cuando describe la coalición. Pero bien pudieron ser más.
14- Generalmente identificado como el río Sambre, pero probablemente se trate del Sella/ Selle, afluente del Somme en Amiens.

Fuentes.
Fuente Principal
- De Bello Gallico. Libro 2. Cayo Julio César.

Fuentes Secundarias
- Vida de los Césares. Suetonio.
- Historia Romana (EP. 4). Apiano de Alejandría.
- Vidas Paralelas, César. Plutarco.
- Historia Romana. Dion Casio
- Historia Natural. Galia Bélgica. Plinio el Viejo.
- Períódicas. Livio
- Epítome de la historia de Tito Livio. Floro, Lucio Anneo.

Fuentes Modernas
- La batalla de Sabis 57 BCE. Los avatares de un episodio de la historia antigua, a través de la historiografía medieval y moderna (1941). Maurice-Aurélien Arnould
http://www.persee.fr/doc/rbph_0035-0818_1941_num_20_1_1598
- Revista Desperta Ferro N°2
- César: la biografía definitiva (2007). Goldsworthy, Adrián.

5 comentarios:

  1. Nuevo Artículo en AH Web!!!
    DE BELLO GALLICO. César contra los Belgas, 57 a.C.
    No te lo pierdas! Y no olvides dejarnos tus comentarios.

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  2. Excelente artículo, de verdad lo disfrute! y solo como sugerencia, sería útil agregar una imagen satelital o link de las zonas mencionas para tener una mejor y rápida perspectiva de la situación táctica que se comenta.

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  3. Muchas gracias por tus comentarios. Tomamos nota de tu sugerencia.
    Por el momento te dejo unos links de google maps par que puedas ubicar los sitios sugeridos en el trabajo.

    Batalla del Axona:
    - Sitio de Mauchamp, Francia:
    https://www.google.com.ar/maps/place/02190+Juvincourt-et-Damary,+Francia/@49.45124,3.855598,12.69z/data=!4m5!3m4!1s0x47e9a4b9a399b323:0x40af13e8169e630!8m2!3d49.447109!4d3.892918

    - Sitio de Fort Conde, Francia:
    https://www.google.com.ar/maps/place/Fort+Conde/@49.4070018,3.4513927,12.99z/data=!4m5!3m4!1s0x47e850b6698519db:0x8a1c2c10ca58595a!8m2!3d49.3948729!4d3.4366753!5m1!1e4

    Batalla del Sabis:
    - Sabis como Sambre, en Hautmont, Francia:
    https://www.google.com.ar/maps/place/59330+Hautmont,+Francia/@50.2479855,3.902867,14z/data=!3m1!4b1!4m5!3m4!1s0x47c267d6e9a4b227:0x40af13e81646710!8m2!3d50.246997!4d3.91708

    - Sabis como Selle, en Saulzior, Francia:
    https://www.google.com.ar/maps/place/59227+Saulzoir,+Francia/@50.2405487,3.4246826,14z/data=!3m1!4b1!4m5!3m4!1s0x47c2938a28c8efd1:0x40af13e816456d0!8m2!3d50.24045!4d3.44211

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  4. ¡Muy interesante!.. gracias, y al comparar imágenes con los relatos, asombra el obvio cambio del terreno con el paso del tiempo, de verdad interesante.

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    1. Gracias por tu interés Heitai. Esperamos seguir viéndote por aquí. Saludos!

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